4/25/2014

El día de la Libertad...









En Lisboa,durante la madrugada del 25 de abril de 1974, unos oficiales del Movimiento de las Fuerzas Armadas, MFA (El MFA fue creado clandestinamente en marzo de 1974 por oficiales de carrera opuestos a la política colonial del régimen. Convivían en su seno diversas tendencias, que iban desde los oficiales de izquierdas cercanos al Partido Comunista y  a los oficiales de  izquierda democrática.), lanzaron una operación destinada a derribar  a la dictadura salazarista.
Desde hacia trece años, el régimen fascista portugués estaba enredado en una guerra con las colonias africanas (Guinea-Bissau, Angola y Mozambique). Parecía incapaz de recuperarse (De 1926 a 1974, Portugal sufrió la mayor dictadura de la época moderna en la Europa occidental). Los gastos militares representaban una carga asfixiante para la economía y penalizaban la necesaria modernización del Estado. Amenazados durante cuatro largos años de servicio militar, muchos jóvenes proletarios preferían emigrar, huir de la pobreza y el uniforme. Sin embargo, y a pesar de la fuerte represión policial, las luchas obreras se desbordaban desde mediados de los años sesenta, y los burgueses modernos aspiraban abiertamente a una transición hacia un régimen democrático parlamentario. La guerra colonial no se podía ganar y aparecía absurda e injusta a los ojos de la población. Hacía falta parar aquello a toda costa.
Una vez desencadenada la insurrección, el pueblo de Lisboa y de Oporto acudieron en masa a las calles, desafiando las consignas militares que pedían a la población que permaneciera en casa escuchando la radio y viendo la pequeña pantalla. Por todas partes, desde las pequeñas ciudades hasta las olvidadas aldeas en lo más recóndito del país, el rechazo del régimen deshonroso fue acompañado de una oleada de protesta social que sorprendió,incluso a los conspiradores. Así fue como,después de años de intensa agitación social y política,se  consumó la llamada "revolución de los claveles" (En los primeros días, el pueblo puso claveles en los fusiles de los soldados insurgentes. De ahí la expresión tomada por los medios de comunicación).
Desde los primeros días,  la exigencia popular de detener el envío de nuevas tropas a África y del regreso inmediato de los jóvenes soldados a tierras portuguesas, precipitaron la búsqueda de una solución política a la cuestión colonial. Las manifestaciones por el fin de la guerra se sucedieron, las revueltas impidieron el embarco de las tropas, mientras que en África se rebelaban los soldados, dejando las armas y exigiendo volver a Lisboa.
Dos meses más tarde, los jefes militares regresaron a las colonias africanas su libertad y retiraron al ejercito portugés. La movilización popular contra la guerra impuso el fin del colonialismo; y ese fue el  hecho histórico definitorio e irreversible debido a la revolución de los claveles. Pero las concesiones hechas a toda prisa a las organizaciones nacionalistas -expertas en la guerra de guerrillas pero sin preparar para asumir el nuevo poder del Estado postcolonial- sólo fueron la aprovechadas por la clase burguesa de Portugal para ampliar sus negocios.
Y sucedió que pasados los primeros días de fiesta en las calles, la agitación se desplazó a los lugares de trabajo. El fin del antiguo régimen significaba, sobre todo, la posibilidad de reunirse y discutir libremente: en una palabra, el fin del miedo... Para los explotados, la arrogancia patronal, la dureza de las relaciones laborales y las vejaciones del asalariado no eran otra cosa que fascismo. Entonces se organizaron asambleas y se intentaron las primeras ocupaciones libertarias. Pero los militares que habían tomado el poder, condenaron las huelgas, las reuniones y los ataques contra los empresarios. Tal parecía que nada había cambiado...
Una vez más, las consignas del pueblo fueron ignoradas y reprimidas,pero el movimiento avanza:  Se reclama el aumento de los salarios, las vacaciones pagadas, la reducción de los horarios de trabajo y el fin del trabajo a destajo. Se expulsa a los chivatos y a los jefecillos de personal, muy a menudo ligados a la antigua policía política.
Pero asombrosamente,el Partido Comunista toma partido con los empresarios y contra el pueblo:  "Vivimos en un régimen capitalista y no en un régimen socialista. Las empresas tienen propietarios. No corresponde a los trabajadores decidir quién debe trabajar o no" (Declaración de un dirigente del Partido Comunista, 5 de diciembre de 1974.)...Pero las reivindicaciones del pueblo portugués,a pesar de la traición de los comunistas,  son  precisas y no negociables, señal de que algo profundo está a punto de nacer: un deseo de cambiar la vida. La agitación gana las calles y los barrios, en los que se generalizan las okupas de las viviendas vacías, bajo la mirada de militares y policías, cómplices del entusiasmo popular.
No hacía falta tanto para que la burguesía se volviera loca. En un primer momento, se adhiere al poder militar y al primer gobierno provisional -de participación comunista y socialista- que hace algunas concesiones, e instituye el salario mínimo con el fin de calmar la situación. Pero los patrones comienzan a despedir y a cerrar las empresas. Otros, ligados al antiguo régimen, emprenden la huida.
Rápidamente, una nueva oleada de huelgas contra los despidos invadió todo Portugal, desde los servicios públicos hasta la metalurgia. Durante las primeras huelgas, los militares intervinieron como mediadores, y se presentaron como aliados de los trabajadores ante la patronal.
Luego,la huelga de la compañía aérea TAP, en septiembre de 1974, marcó un giro en las relaciones entre los trabajadores y la izquierda.
Por primera vez desde el 25 de abril, los huelguistas descubren que hay unos límites que no se pueden sobrepasar, los del interés general del sistema. En junio, el ejército "democrático" disparò contra los presos de las cárceles de Lisboa que se habían amotinado para exigir una amnistía y, unos días más tarde, los trabajadores de la TAP son sometidos a la represión de los militares. Los líderes son detenidos e interrogados, se examinan las fotos de los manifestantes con el fin de identificarlos y las redadas de la policía en el extrarradio son intensas,como lo habían sido en el régimen de Salazar. Los soldados que rechazan las órdenes son detenidos y presos.
Sin vacilar, el Partido Comunista se pone del lado de los ganadores: "En ningún país, ni los de las viejas democracias, se pueden permitir llamadas abiertas a la deserción y la agitación dentro del Ejército" (Expresso,dirigente del Partido Comunista).
En agosto de 1974, la ley elaborada por la izquierda restablece el derecho de huelga, pero prohíbe las huelgas políticas. Es el momento escogido por el Partido Comunista para lanzar una feroz campaña anti-huelga: "No a la anarquía económica", "No a la huelga por la huelga", "No a las huelgas irresponsables". Y el jefe comunista Cunhal repite: "La huelga general conduce al caos". Consciente del vacío dejado por el desplome de los antiguos sindicatos fascistas, el Partido aprovecha la ocasión para crear un nuevo sindicato único: la Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP)...Como consecuencia, la CGTP se encontró en competencia con un sindicato sometido a la socialdemocracia, la Unión General de Trabajadores (UGT).
Todo este accionar del Partido Comunista fué visto como una traición a la ideología,y sobre todo al pueblo protugués por muchos de sus antiguos luchadores sociales,que desertaron de sus filas,y salieron del país,desolados,pero impulsando desde el exilio las luchas obreras,contra la hipòcrita idea del "interés general" que impone la izquierda como límite para las reivindicaciones del pueblo. La amplitud de la protesta contra el orden neo-capitalista desborda los muros de las fábricas,llegando a muy diversos campos de agitación. En este momento preciso, los estalinistas portugueses se ven incapaces de seguir protegiendo a las empresas y los trabajadores responden con la auto-organización,autegestión y democracia de base.
El recurso a las asambleas se generaliza, se forman comisiones de trabajadores que superan el sometimiento corporativista de los nuevos sindicatos, compuestos de delegados elegidos y revocables. Se crearon entonces comisiones de los diversos organismos,pero esas formas de organización fueron contra el objetivo buscado:la autonomía. Fuertemente influidos por las corrientes maoístas, se conviertieron en un lugar de enfrentamientos burocráticos, vaciándose progresivamente de la participación de la base proletaria. Y esas fueron las causas que impidieron que el proceso revolucionario portugués pudiera desarrollarse hasta el final. Sin embargo,la radicalidad del movimiento en Portugal,a pesar de su corta vida, tuvo una resonancia internacional,marcando el camino de las luchas sociales pacíficas de todo el mundo,a partir de los meses más calientes de la revolución de los claveles.
Tristemente,a comienzos de 1975, la situación económica siguió degradándose: las pequeñas empresas cerraron, hubo una gran fuga de capitales,y ese momento era el que estaban esperando,cual buitres,las multinacionales. El país vivió en ese año una atmósfera de protesta generalizada, mientras que el Estado se iba debilitado por la influencia de las empresas trasnacionales.
Los trabajadores militantes se dividieron. Los "realistas", que seguían las consignas de los sindicatos controlados por el Partido Comunista, contra los anarquistas,del radicalismo revolucionario, organizados en varias comisiones de trabajadores. El éxito de la gran manifestación del 7 de febrero de 1975 en Lisboa, organizada por éstos últimos, contra los despidos y la represión capitalistas,y sobre todo por la solidaridad manifestada por el Partido Comunista a la Embajada estadounidense, muestraron que esa corriente aumentaba en su influencia. Y eso preocupó a los burgueses más que la presencia de comunistas a modo en el aparato del Estado, pues con esa la radicalización de la agitación social  ácrata,peligran  los intereses capitalistas del bloque occidental.
El Partido Comunista, por su capacidad de control, manipulaciòn del pueblo, y de represión del movimiento huelguista, se ha impuso en las instituciones como un brazo servil al empresariado.
Pero el compromiso popular, y el odio al fascismo son grandes y los derechistas no pueden abatir facilmente al pueblo.
Hasta comienzos de 1975, el proletariado agrícola de los latifundios del Alentejo -región situada en la mitad sur del país- permanecía a la espera, manifestando su apoyo al Partido Comunista. Durante siglos, esos obreros habían sobrevivido a un sistema de trabajo temporero que simbolizaba para ellos la explotación y la miseria capitalista. A pesar de las intenciones anunciadas por los nuevos dirigentes de tener en cuenta una reforma agraria, los grandes propietarios no cambiaron de actitud. Como siempre, los obreros agrícolas se encontraron sin trabajo el invierno de 1974-1975. En un primer momento, el descontento se expresó por medio de acciones directas -incendios de cosechas y de bienes pertenecientes a los latifundistas- y los grandes propietarios fueron blanco de atentados. A comienzos de 1975, las primeras ocupaciones de propiedades surgieron espontáneamente, al margen de cualquier iniciativa del Partido Comunista y sus cuadros sindicales.
Durante los primeros seis meses de ese año, la lucha del proletariado rural  toma una forma de contestación anticapitalista, su objetivo es claramente derrumbar las condiciones de propiedad existentes. Para conseguir los medios, expropian los latifundios. Los ocupantes no dividen las tierras en parcelas privadas, sino que organizan colectivamente el trabajo y la producción. Se crean cooperativas de manera general,y esa nueva forma de propiedad alarma enormentente a la clase burguesa.
 En julio, el poder político interviene para controlar y desmotivar al proletariado con un marco legal. La ley de expropiación de tierras transforma el movimiento de ocupación y de gestión colectiva de las tierras en reforma agraria. El espíritu colectivista de los obreros agrícolas, que aun no habían dividido los latifundios, facilita la tarea del Estado. A partir de este momento, el Partido Comunista reprime las "ocupaciones salvajes, oportunistas e incluso antirrevolucionarias". Porque para el Partido Comunista, la "reforma agraria" fue concebida como una acción para cimentar al estado neoliberal,y desde esa
 óptica,  la propiedad privada jamás debería ser violentada por los obreros agrícolas. Para el Partido Comunista, la reforma agraria fue un punto fundamental para la reorganización de la producción agrícola y el aumento de la productividad. Las propiedades ocupadas y  cooperativas se conviertieron en unidades de producción gestionadas por burócratas
 comunistas vinculados estrechamente con el gobierno,según criterios de rentabilidad económica.
El Partido Comunista toma así el control económico y político de esta región que abarca la mitad sur del país. Pero encuentra una fuerte resistencia de los obreros agrícolas que no están dispuestos a someterse al interés capitalista, y a someterse a la urgencia de productividad,mediente la reducción de la fuerza de trabajo.
 De marzo a agosto de 1975, el gobierno de Gonçalves -así- trata de normalizar la situación social. Para responder a las inquietudes populares ante el paro, y bajo la presión del Partido Comunista,reglamenta sin parar, reprime movimientos, acciones o iniciativas independientes,  acuerda con las fuerzas políticas de la derecha, y de la Iglesia católica en particular. Por medio de financiaciones sofoca las experiencias de autogestión en la industria. En efecto, a partir del verano de 1974, y tras la ocupación de numerosas fábricas abandonadas por los patronos, se puso en pie una red de empresas en "autogestión", sobre todo en el textil. Esas empresas libertarias siguieron funcionando según las leyes del mercado, incluso instaurando una mayor igualdad en los salarios, la rotación de tareas y el rechazo a cualquier  jerarquía.

Los trabajadores y las trabajadoras se limitaban a vender directamente al público las mercancías producidas.
Ante esa ruptura con la  lógica capitalista, el estado ahogó a los autogestivos,con aranceles y leyes incumplibles, hasta que esas comunas se disolvieron por el peso de la fuerza política del  Partido Comunista en las administraciones públicas y las grandes empresas,y en los ministerios.
Esa ansia de poder de los cuministas del gobierno,lograron cristalizar miedos antiguos e hicieron  nacer una nueva hostilidad. Naturalmente, el Partido es rechazado por los sectores conservadores de la población sometidos al dominio de los notables, los caciques locales y la Iglesia, que conspiran abiertamente. Pero su actitud arrogante e hipócrita como gobierno, y en  los sindicatos, sus campañas productivistas al puro estilo
totalitario de derecha,y su oposición a los movimientos de huelga
logran que los trabajadores más combativos se organicen en las zonas urbanas de Lisboa, Setúbal y Oporto,  en una nueva corriente, denominada de "poder popular" reivindicando una alternativa al poder cada vez mayor del Partido Comunista  con ideas de un socialismo libertario,y no autoritario.
En abril de 1975 tiene lugar en Lisboa el Congreso de Consejos Revolucionarios, por iniciativa de ese pequeño partido que propone los vínculos horizontales entre organizaciones unitarias de base. Blanco de las fuerzas reaccionarias, que lo atacan, el Partido Comunista Portugués  busca  alianzas vergonzantes,como la de ponerse del lado de los militares conservadores o la patronal,para lograr el aplastamiento de las corrientes izquierdistas por parte del Ejército,que no hizo sino cumplir los designios de los comunistas.
  "La actitud firme del Partido frente a una situación política y contra las acciones aventureras ha contribuido mucho a que el descontento popular  no haya desembocado en levantamientos en masa que muchos aventureros pseudo-revolucionarios hubieran deseado provocar y que habrían tenido trágicas consecuencias para el movimiento obrero y popular". Con esta traición al pueblo,el Partido Comunista negoció  su acomodo político:  En el lenguaje estereotipado marxista-leninista, para el Partido Comunista,"salvar el movimiento obrero y popular" significó salvar sus puestos y prevendas.
Los límites de la experiencia portuguesa son,sobre todo,inherentes al aislamiento de aquella agitación social y política en una Europa capitalista que seguía con aprensión los acontecimientos, temiendo un posible contagio a la vecina España. Ahora bien, la transición del régimen franquista hacia una democracia parlamentaria se desarrolló
sin peligro para las fuerzas del capitalismo privado. Y el proyecto de un socialismo de Estado lusitano no podía encontrar el más mínimo apoyo en un bloque soviético, por entonces ya muy hundido en su crisis moral...
Cuando una agitación social generalizada va acompañada del nacimiento de organizaciones independientes, todo ello dentro de un marco de debilitamiento del poder del Estado, se puede plantear la cuestión del doble poder. En Portugal, tras la caída del antiguo régimen, las  instituciones no fueron desmanteladas.El poder político nunca estuvo vacante.
La estructura del Partido Comunista aseguró la continuidad del Estado, como felices ejecutores de la ley y el orden. Para asumir bien ese papel, la izquierda jugó con  el miedo constantemente, invocando los peligros del extremismo, del aventurerismo, de la violencia,de las inflitraciones,
y, por último, con la amenaza del regreso del fascismo y su represión brutal.
Por su parte, los trabajadores, que habían descubierto su fuerza colectiva, no veían en la izquierda la garantía de sus intereses. Y las organizaciones del "poder popular", cuando se enfrentaron al Partido Comunista y al Estado, fueron anuladas por el  Ejército.
 Las luchas políticas incesantes, las divisiones,terminaron por desgastar a los militares, vaciando a las organizaciones de toda iniciativa y de imaginación. En un movimiento social agotado, las autoproclamadas estructuras del movimiento revolucionario no eran más que conchas vacías.
El fracaso de la "revolución de los claveles" significó
 la victoria de la burguesía portuguesa que no pudo renunciar a los arcaísmos del salazarismo y crear las bases de un nuevo Portugal.
Terminaron los días en los que "la poesía está en la calle", por emplear la expresión del pintor Vieira da Silva. Después de esos días, volvió a las tierras lusas la grisura y la náusea de la política insignificante, con su cortejo de mediocridades, de corrupciones, de sinvergüenzadas,
de oportunismo y  del abuso y la vioencia cotidianas en las condiciones de vida, del trabajo y de la carencia y el paro...
Pero es importante no olvidar aquéllo que  fue fruto de las acciones directas y autónomas,las experiencias de autogobierno, las ocupaciones de fábricas, las expropiaciones de tierras y viviendas, las tentativas de gestión colectiva de la producción y el intercambio de bienes, la liberación de la palabra y del pensamiento...Todo aquéllo que fue la "Revolución de los claveles"...






Texto: Jôao Sabugal d.e.p.
Conferencia  en la UAT. 
abril de 1990
Resumido por: Rox

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