2/14/2014

Amor y Libertad...

"Amar no significa  esclavizar".
Jean-Paul Sartre, 
El ser y la nada (1943)








...Amor libre? ...Acaso el amor puede ser otra cosa más que libre? El hombre ha comprado cerebros, pero todos los millones del mundo no han logrado comprar el amor. El hombre ha sometido los cuerpos, pero todo el poder de la tierra no ha sido capaz de someter al amor. El hombre ha conquistado naciones enteras, pero todos sus ejércitos no podrían conquistar al amor. El hombre ha encadenado y aprisionado el espíritu, pero no ha podido nada contra el amor. Encaramado en un trono, con todo el esplendor y pompa que pueda procurarle su oro, el hombre se siente pobre y desolado si el amor no se detiene a su puerta. Cuando existe amor, la cabaña más pobre se llena de calor, de vida y de alegría; el amor tiene el poder mágico de convertir a un pordiosero en un rey. Sí, el amor es libre y no puede medrar en ningún otro ambiente. En libertad, se entrega sin reservas, con abundancia, completamente. Todas las leyes y decretos, todos los tribunales del mundo no podrán arrancarlo del suelo en el que haya echado raíces. El amor no necesita protección porque él se protege a sí mismo. Mientras es el amor el que engendra a los hijos, no hay niños abandonados, hambrientos o carentes de afecto. Conozco a mujeres que fueron madres en libertad con el hombre al que amaban. Pocos hijos han disfrutado dentro del matrimonio del cuidado, protección y devoción que la maternidad libre es capaz de depararles. El matrimonio y el amor no tienen nada en común,son, incluso, antagónicos.El matrimonio es ante todo un acuerdo económico,vinculante y  riguroso, que condena a la mujer a depender del marido de por vida, al parasitismo, a la completa inutilidad, tanto desde el punto de vista individual como social.
 La norma moral que se inculca a la joven no espreguntarse si el hombre ha despertado su amor, sino “cuánto gana”. El único dios y la única cosa importante de la vida pragmática norteamericana es: Puede el hombre ganarse la vida?
Eso es lo único que justifica el matrimonio. Poco a poco se van saturando con ello los pensamientos de la muchacha, que ya no sueña con besos y claros de luna, o con risas y lágrimas, sino con ir de compras y conseguir rebajas en las tiendas. Esa pobreza de alma y esa sordidez son los elementos inherentes a la institución del matrimonio burgués,convierte a la mujer en un parásito y la obliga a depender completamente de otra persona. La incapacita para la lucha por la vida, aniquila su conciencia social, paraliza su imaginación y le impone después graciosamente su protección, que es en realidad una trampa, una parodia del carácter humano. Si la maternidad es la mayor realización de la mujer, qué otra protección necesita sino el amor y la libertad? El matrimonio profana, ultraja y corrompe esa realización. Acaso no le dice a la mujer que solamente bajo su protección podrá dar la vida? No  la degrada y la avergüenza si se niega a comprar su derecho a la maternidad con su propia persona,y aunque se haya concebido con odio o por obligación? Y cuando la maternidad ha sido elegida, producto del amor, del éxtasis, de la pasión desafiante, no se coloca una eyiqueta al hijo inocente, grabando en letras de sangre el odioso epíteto de “bastardo”? Aun en el caso de que el matrimonio contuviera todas las virtudes que de él se afirman, su hipocresía,su codicia,y el parasitismo al que orilla, lo excluirían para siempre del reino del amor. El amor, el elemento más fuerte y profundo de toda vida, presagio de esperanzas, de alegría, de éxtasis; el amor que desafía a todas las leyes, a todas las convenciones; el amor, el más libre, el más poderoso modelador del destino humano...cómo puede esa fuerza todopoderosa ser sinónimo del pobre engendro del Estado y de la Iglesia que es el matrimonio?




Soy una mujer que cree en la vida nueva. Creo que, gracias a nuestra libre acción, individual o colectiva, podremos llegar a un futuro de amor, de fraternidad y de igualdad. Deseo para todos lo que deseo para mí: la libertad de actuar, de amar, de pensar. Es decir, deseo la anarquía para toda la humanidad. Creo que para alcanzarla debemos hacer la revolución social. Pero también soy de la opinión que para llegar a esa revolución es necesario liberarse de toda clase de prejuicios, convencionalismos, falsedades morales y códigos absurdos. Y, en espera de que estalle la gran revolución, debemos cumplir esa obra en todas las acciones de nuestra existencia. Para que esa revolución llegue, por otra parte, no hay que contentarse con esperar sino que se hace necesaria nuestra acción cotidiana. Allí donde sea posible, debemos interpretar el punto de vista anarquista y, consecuentemente, humano.Despreciemos los prejuicios y las innumerables mentiras burguesas.
 Y en el amor, por ejemplo, no aguardemos la revolución...


Lucía Ferrer d.e.p.
Para Le Monde 1974
Trad del francés: Rox


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