1/24/2013

Un día feliz...













Por estos días he pensado mucho en México, y para no evocarlo yermo y doliente, lo imagino verde, con aquél sol de mi niñez, brillando intensamente en Llera, cubriendo la tierra y dando a los árboles el regalo dorado de sus naranjas.
Y su tierra fértil, fresca y productiva. Y su aire, llevando al vuelo  un aroma de azar que impregna todo el campo... Un paisaje vivo, germinando semillas de esperanza, en la extensión infinita de naranjos hermosos, frondosos, con sus hojas verdes resplandeciendo al Sol. Y repleto de frutos,cada naranjo  alzándose generoso,sabio,leal en su sombra...















Y el río...Fluyéndo, el Guayalejo, entre el vórtice mágico de la luz y el verde-azul de sus esteros... Amar a un río, y a todos los naranjos...?Sí,porque es  ahí dónde aprendí toda la ternura, la dulzura,y la belleza de la Patria. Su esencia  pura, totalmente pura, sin manchas, como el espiritu del agua,de las nubes,de la luz...
También recuerdo ese viento  alebrestado de mi norte,mientras las calandrias cantaban con furia, como comentando entre sí el susto que les dió el pasado temporal...Inolvidable ese ir por  la cuesta de Llera de Canales, a las orillas de El Cielo, ese santuario a la vida, donde el paisaje exterior de sus amaneceres -de una blancura y una pureza insólitas que miraba desde mis siete años-, desarrolló en mí ese otro paisaje interior que llamamos Patria. Bien abiertos los ojos asombrados, miraba hacia adentro de mi corazón y ya no veía la naturaleza, sino el alma de mi querencia: Llera,Tamaulipas, la puerta de la Alta Huasteca, la hermosa tierra donde yo nací...
Las tardes en el Tamaulipas de aquellos años sabìan al dulce jaboncillo de leche, a alfajor  y a silencio después de la salida de la escuela, mientras Llera serena, reposaba  su quietud al rumor del río Guayalejo, y tanto que hasta los gavilanes y los zopilotes dormitaban y la brisa se hacía leve en una atmósfera de somnolencia que yo gozaba interrumpir con mis juegos infantiles...
Y recuerdo hoy aquél atardecer cuando la avioneta fumigadora de Ceferino Sierra aterrizó en el potrero, (que a veces servía de " areopuerto" de emergencia, cuando las parvadas de las guacamayas verdes volaban hacia el crepúsculo,ajenas al peligro de un inminente choque de hèlices y plumas.) Y me acuerdo  porque ese dìa fué muy feliz para mi, y es que ese dìa  volé por primera vez en una avioneta,estrené mis primeras botas vaqueras,y sobre todo,conocí en persona a un gran luchador social,uno de verdad...

En ese tiempo,mi papá había instalado un pequeño consultorio en una casa que le rentó  Lupana Sierra, en la última cuadra de Llera,a la vera de un atajo  para salir del pueblo... Tenía una bodega para las naranjas,un patio con las trocas y los aperos, y tres cuartos grandes para que durmieran los jornaleros,y uno pequeño que era el consultorio donde mi papà atendía gratis a los camperos y sus familias todos los viernes de 6 a 6... Me habìa puesto mi papà una mesita en el porche,junto a su consulta, para hacer las tareas de la escuela o jugar a la "comidita" con mi perro "Winchester",un perro flaco y roñoso que se tiraba al sol y no me hacía el menor caso...Bueno,el tema es que desde ese porche,trepada en mi mesita mientras bailaba una redova con mis botas nuevas para el perro,fuè desde ahí,que ví bajar la avioneta de los Sierra... 
Sobrevoló el lomerío de Las Chinas,dió dos vueltas sobre el río y luego bajó al potrero. La tarde era soleada y calurosa, y unos que estaban enterrando a alguién en el cementerio,al escuchar el sonido de los motores de la avioneta,se salieron del panteòn y fueron corriendo a ver como aterrizaba..
A mis gritos de aviso,mi papà salió de su consulta quitándose la bata blanca y poniéndose la cuera y el sombrero,justo al momento en el que una yegua nerviosa llegó a galope por la vereda entre una nube de tierra.
Era mi mamá torteando a su yegua Leonora para llegar a tiempo con la mochila de viaje y el dinero...
Pasaba que los frutales conocidos como "agrios" en la huasteca, estaban pasando por una crìsis por esos años,debido a la excesiva producción de una sola variedad de naranja, acumulada durante los meses de noviembre a mayo, lo que ocasionaba su difícil comercialización,aunado a las plagas que estaban deteriorando a los naranjales del sur. Por todo ello,mi padre habìa pensado en una soluciòn sencilla: Comercializar otras variedades de naranja,màs resistentes a las plagas y con perìodos de maduración diferentes.


Mi padre sabìa que en la Huasteca,un año si,y dos no, los  ríos se desbordan por los huracanes del otoño, pero cuando pasa el temporal y la reseca enrojece las frondas de los naranjos,la fruta del naranjo Delta Seedles,se da mas dulce y con frutos más grandes que la Valencia,con pocas semillas, buena calidad,y cosechándose de febrero a junio ya que madura unas semanas antes que Ia Midknight. Además su alto contenido en jugo, su delicioso sabor, y su cascara delgada pero firme,de la que desprende gran cantidad de aceite esencial para uso industrial o cosmético,y su hermosa pulpa de coloración dorado-malva,y sobre todo lo jugosa que resultaba,la hacìan  la mejor de las Naranjas Tardías. En tres años,la mata de esos naranjos daban su primera cosecha,mientras se podía seguir sembrando maíz,girasol,o sábila. Y de acuerdo con la floraciòn -mayera,temprana o tardìa- aùn sin gran trabajo,la peor hectárea cultivada producía 5 toneladas de fruta, (aunque se le restara a la ganancia la deducciòn de 45% por tonelada,por el costo de la cosecha, el del transporte de la huerta a las básculas,el de comisiones varias, y lo de impuestos para mantenimiento de carreteras estatales, y fumigaciones áereas,etc...) Pero la cosecha mayera,que correspondìa a la floraciòn de primavera,por ser cosechada en verano,tiempo flojo en el mercado gringo,ya se vendería con ganancias del 100% , casi a millón y medio la tonelada...(El plan de mi papá era excelente negocio para los campesinos,si no tomamos en cuenta el ajuste  que hizo el presidente Salinas de Gortari en 1993 para pasar de pesos a nuevos pesos,recortando tres ceros a las cifras para dar lugar al “nuevo peso”...y al mayor robo gubernamental que ha sufrido México.)    Pero en ese entoces,mi papà aún soñaba con otro mundo posible,asi que decidiò ir a la Feria de la Naranja,con sus esquejes,sus injertos y sus semillas,para promover su plan citricultor. 



En Álamo,Veracruz,capital de la naranja mexicana, se realizaba esa Feria,porque ahí estaban las mayores jugueras de la Huasteca,que absorbían casi toda la producción de cìtricos frescos de México. Y también estaban ahí las empacadoras para la exportación. Mi papá también querìa negociar sus naranjas con una de esas empresas,formada por los algunos ejidatarios veracruzanos en la cooperativa de Cìtricos del Álamo,(Ciasa). Sus miembros contrataban agrònomos de Chapingo y de Cuba para combatir a las plagas y elaborar injertos y mejoras, y fué así que los conoció mi padre.  Ese modo de trabajar las huertas ocupaba un equipo de 6 o 7 trabajadores de planta, más los contratados para las cosechas,que llegaban por centenas en las trocas  de la Sierra. Asì que entre más toneladas de naranja se produjesen,habría más empleo para los pizcadores serranos,y todo iría mejor para todos... En fìn,que en ese tiempo,mi padre no imaginaba que la corrupción,los abusos, y la codicia del narcoestado mexicano,iba a sembrar de cadáveres las huertas,y a polucionar con sangre y droga todo sueño de bienestar y equidad en esas sufridas tierras...
Bien,evadièndo ese dolor,mejor vuelvo al recuerdo:



 Pasó que en ese entonces,para ir de Llera a Álamo,había que recorrer seis o siete horas en la troca,por terracerías, o diez en bus,y ni se diga cuánto tiempo a caballo.
Y la otra manera era ir en avioneta.
Serían dos horas para repostar gas en Moralillo del Pánuco,y comer unos bocoles mientras Ceferino entregaba un encargo ahí mismo,y luego otro poco de vuelo para llegar a Álamo... Así que subimos a la avioneta mi mamá,mi papá,y yo,y mientras me aseguraban el cinturón,mi corazón latía con una fuerza que nunca sentí  en mis siete años: era emoción,miedo,alegría y una curiosidad inmensa por ver el mundo más allá de Llera...
La avioneta aceleró motores entre toses y trompicones de su rodar raudo por el potrero y de pronto levantó el vuelo y se deslizó suavemente hacia las nubes,por sobre el lomo verde de la Sierra de Tamaulipas,que dormitaba al sol como un inmenso y verdísimo caimán... 
 continuará...

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