5/07/2012

Evocación de Primavera...



"Somos la memoria que tenemos."
Zé Saramago.



El sol brilla sobre el río,sin compasión,pero el viento es frío aún. La visibilidad del Sena está saturada de memorias que navegan sobre el agua. Ha durado poco la alegría de la nieve...Es curioso ver como recibimos los copos tan quietos,tan buenos,pero cuando cesa de nevar y nos ponemos en marcha,ensuciamos su blancura...
Y eso se nota al cruzar el boulevard Saint-Michel, frente a la Sorbona, la nieve se derrite y el aire frío apresura a los viandantes  hacia lo seco,sin que noten que aquí,todo es luz. Luz diáfana para pasar las horas mirando una copa de árbol, el río, un rostro, una flor , y sentir el placer imborrable de quien sueña,o evoca al amor y amanece en la vida.
En términos prácticos, evocar es como una expresión embellecida de algo que hemos aprendido.Porque la memoria es como una traducción. Como un poema puesto al día...La invisibilidad los recuerdos, con sus tiempos de silencio, son el tejido profundo en el que se extiende el presente... Así se  construyen los momentos...Pero cómo organizar el tiempo y sus  silencios?
Los idealistas saben que todo es, en tanto que es pensado. El cielo,las aves o la piedra vibran en el tiempo y el espacio al ser pensados, creados, por una mente universal. Esa mente crea lo que podemos ver, una verdad que se desliza,resbala en la realidad, como los pies inseguros de los viandantes en el aguanieve de las calles.
Recuerdo,por ejemplo,que cuando era niña,mi madre me contaba que en el blanco bois de Boulogne,en Paris,cuando era novia de mi padre: "... y tu papá y yo,estábamos tan enamorados y alegres de encontrarnos por fin,que  hacíamos hombrecitos de nieve y les poníamos sombreros que robábamos a tu mamie Dollors..."


Yo la miraba con desconfianza...Qué era la nieve? ...Para qué hacían hombrecitos?...cómo era tener una "mamie Dollors" con sombreros? y ante todo...qué significaba eso de  "enamorados en el bois de Boulogne" ...?
La nieve enamora por ese silencio sólido que nos embarga cuando cae. Los copos sobre las mejillas no dan la incomodidad mojada de la lluvia. Al contrario: un copo sobre la piel parece una caricia. Ante la lluvia bajamos la cabeza. Ante la nevada plácida no dudamos en mirar al cielo y dejar que las estrellas fractales de la nieve se depositen sobre la piel...
Aunque,curiosamente,es ese amor a la nieve lo que acaba fundiéndola torpemente. Hay un momento en el que la nieve empieza a ser excesiva: La nieve caída nos empapa los bajos de los pantalones. La nieve no se limita a dar una mano de albura a los prados. Se trata a menudo de nieves insaciables que intentan ser cada vez más altas y atascan los caminos y se instalan en las ramas de los árboles cansados del invierno, en los respaldos de los bancos del parque, en los aleros de los tejados. Cada copo se sostiene en esas  caprichosas posturas, hasta que, de pronto, por  la gravedad la nieve de la rama se desmorona en polvo y los aleros se destilan en peligrosos y afilados carámbanos...
A veces la nieve,como el enamoramiento, no nos deja avanzar. Lo que empezó como un juego alegre, poco a poco empieza a ser un infierno gélido. De pronto el suelo da miedo y frenar la moto nos recuerda que somos un peso inestable. A veces la nieve que era un muñeco terso y gracioso el primer día,con la luz del sol,se  convierte en un ajado y vencido hombrecillo de efímera vida, tan parecido y distinto a la vez de lo real... En otras ocasiones, la nieve es un proyectil  trapero de una batalla incruenta que nos hiela la nuca y que se clava en nuestra espalda,aunque su único daño es un escalofrío pasajero y soportable...Y al final aquella nieve que tanto nos enamoró, a la que tanto quisimos cuando la vimos llegar, es sólo un barro incómodo y vergonzante sobre el que todas las huellas se confunden...
Y es entonces cuando apreciamos la calidez de casa,el fuego de la estufa,el sorbo de café caliente que bese nuestros labios... Y es que ya se sabe:la nieve,y el enamoramiento,son para soñar...
A veces mi madre y yo nos íbamos huerta adentro,hacia el pueblo, oyendo bajo nuestras pisadas el crujir de oro de las ramas secas de los naranjos, íbamos a lo largo de ese territorio de verdes y oro,cuando iniciaba la primavera en Tamaulipas,y los botones de azahar desprendían sus perfumes de miel y luz,igual que el   anticuado vestido de flores a mi madre.
Y cuando llegábamos al pueblo, íbamos directo hasta el carrito del vendedor de granizados,o raspados de hielo, para que yo comiera esas estrellas dulces y frías y conociera algo similar a la nieve del bois de Boulogne...Evoco esos momentos de mi niñez mientras contemplo el río Sena,y me vienen a la memoria los finos destellos del río Guayalejo,el río de la huasteca mexicana donde yo nací...y me recuerdo masticando el hielo frapé sabor tamarindo de mi conito de papel, recargada en el hombro de mi mamá, mientras ambas contemplábamos el vuelo loco de las golondrinas sobre el río. Y recuerdo el fulgor de sus cabellos negros,y como en esa cálida tarde de primavera  tamaulipeca apareció la luna bajísima e inmensa sobre el río,mientras gozaba el helado sabor del tamarindo en mi boca,y esa,curiosamente,fue mi primera experiencia sobre "la nieve"...
Mi padre,como ingeniero agrónomo,sabía que ese lodo de la aguanieve era sumamente fértil. Él decía que cuando más espeso era el lodo después de las nevadas,más verdes y sanos nacerían los renuevos en la primavera.Y es cierto,pues ya nacen los primeros capullos en los setos de los parques de Paris. Pareciera como una incógnita de la fuerza de los destinos: de los lodazales de la nieve derretida,la tierra acoge las semillas y las germina en flores hermosas,como brillantes gotas de sangre de su corazón oscuro...
Como el verdadero y profundo amor,Y yo lo sé, yo lo sé, porque mis ojos no han conocido estrellas más suntuosas, ni mañanas más claras, ni flores más delicadas,ni nubes más puras, como las que aprendí a ver desde el amor de mis padres,ese que aprendí a mirar a través de sus miradas...
Mi madre, siempre fue una pequeña fábrica de amor,una dulce esposa del Tiempo, milagro de ternura de forma humana que siempre impuso su luz a las tinieblas y recogió la noche en sus entrañas para levantarla como una espiga hacia la aurora... Y mi padre siguió su rastro luminoso caminando bosque adentro de ese amor de ambos...
A veces pasa que evocar es como intentar entrar a la casa por medio de una foto velada,pero con mi madre eso no sucede,pues de sólo recordar su sonrisa sé que vuelvo al lugar donde algo siempre está reverdeciendo en lo hondo.
Ahora,el aire mueve mi rostro en el andén,como quizá lo hizo con Lucía cuando ella esperó en este mismo sitio la llegada de Joao,para por fin unir sus vidas... Alguien vendrá a encontrarme y hará girar e el tiempo,hacia otros sueños,hacia otros días...
 Da igual. Aquí lo que importa es el amor, sea cual sea su destino o su origen. El sentimiento que inspira y trasciende, que provoca la dicha y la desdicha, y que llena de letras tomos incalculables, o se canta una y otra vez, como si fuera el último poema.
De ese amor que rescata la infinita libertad  que paradójicamente esclaviza dulcemente al que lo siente.
Y es que en esa lucha constante y ardua por hacer otro mundo más bondadoso y justo,mis padres seguramente sintieron la tentación del odio. Ver torturados o asesinados a sus seres queridos no fue una escuela de generosidad. Y tuvieron que resistirse a esa tentación. Ambos renunciaron a la amargura,al rencor,a la violencia...Recuerdo que mi papá decía,con una luminosa sonrisa:  "Amar se aprende dando” y entonces mi mamá reía,y lo abrazaba efusiva,y sellaba todo con un beso apasionado...
Y es que así como el amor asalta por sorpresa a todo el mundo, también todo el mundo puede contar una historia de traición a sí mismo. Por cobardía, por temor, por mezquindad. Y llenas están las conversaciones íntimas entre amigos y amigas de confesiones de amores perdidos o desaprovechados.
Porque es muy cierto que al amor tiene riesgos, pero la vida misma es un puro riesgo y nadie está seguro de nada. Menos aún del amor. A pesar de todo, son pocos los instantes de la vida tan plenos como aquellos que se iluminan por la calidez del amor y que nos reconcilian con el universo... Y todo ello gracias al fantástico descubrimiento del otro ser humano afín. momento sublime que exorciza la soledad tan sola de todos...
Y es a través de esa unión profunda con el amado,es que el mundo se vuelve más ancho y a la vez nos cabe en la palma de la mano... Extraña vivencia que nadie debería privarse de vivir por miedo al vértigo o a las lágrimas de temporal... Pobrecillos de esos que secaron su fuente de la que no mana ni una sola gota por la comodidad de no sentir nada,o no obtener beneficio material de ello... También el arte es vértigo, y sin embargo, el ser humano lo crea aunque no tenga beneficio práctico alguno.
Y es que gran delito es traicionar al amor. Ley implacable es que el traidor lo paga caro.pues violentar el  delicado equilibrio de lo sublime, fragua su desgracia,malviviendo entre trampas cotidianas, adulterios,engaños,hipocresías, mediocridad y   clandestinajes en los sus verdades se pudren en la oscuridad...
Y claro,ya la vida nos dará la igualdad de la muerte, pero, antes de que llegue el momento de volver a ser átomos dispersos, sería bueno que lleváramos en la memoria el hecho de que algo en nuestro pasado,fue hermoso y  tuvo sentido. Y que tuvimos el valor y la inteligencia de vivirlo a fondo y gozarlo.... Porque haberlo dejado pasar  por cobardes o ineptos,será algo que seguramente lamentaremos la vida entera...Y es que la ley del amor es feroz y no aplica sucedáneos. Sólo lo auténtico vale... Por eso, si alguna vez el fango del aguanieve no nos deja ver que el verdadero amor pasa rozando a nuestro lado, hay que mirar hacia el sol,hacia la vida,para germinar en lo profundo de nuestro corazón lo único que tiene valor en este mundo: el amor verdadero.
Porque amar es  ser  humilde,como lo es una semillita en el lodo,que simplemente recibe la ternura y el cariño sin representar el papel del importante que nada necesita,y es el amor tan sencillo,como dar y aceptar con gusto lo que se brinda sin exigir que se dé lo que no se puede o no se desea...Es como una flor ,que  vive cada instante como si fuera el último bajo el tibio sol de primavera regalando su belleza al día,así,vivir cada segundo compartiendo con el otro lo mejor que tenemos, viviendo dentro del presente precioso cada reencuentro de modo tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que ambos se toman de la mano,y haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y sublime...
















Mi madre me decía,en esas tardes tamaulipecas,mientras los destellos del río Guayalejo navegaban lentos,que si en todos nuestros actos dejáramos que el amor  mandara, no había injusticias ni necesidades...Porque al amar dejamos voluntariamente una parte de nuestro ser en el otro; cedemos y compartimos mutuamente un universo que, lejos de suponer una merma de la propia personalidad, nos engrandece y nos fecunda...
Evoco a mi madre desde aquélla primavera tamaulipeca hasta este París, ya sin nieve,pero con esta luz tan diáfana sobre el Sena, donde siempre persiste su entornada canción levísima en mi corazón. Y recuerdo su sonrisa entrañable que me cuidó al alba y  ese su amor total,que se extiende por todas las primaveras...