6/03/2011

Un fantasma en la lluvia...


"Hay dos cosas que un viajero siempre lleva sobre sus hombros como un chubasquero en las tormentas: ...y son la Soledad y la Libertad..."

Joao Sabugal.



Había llovido mucho durante esos días en la siempre gris Ciudad de México,pero esa tarde, durante la manifestación, las calles del centro semejaban ríadas amarillas de gente,(vestida de ese tono, porque el partido de su líder usaba ese color) ríadas que subían y bajaban para desembocar en el Zócalo,desafiando el plomo del cielo que amenazaba con reventar en chaparrón. Fué una tarde desalentadora para algunos: A pesar de ser otoño ya,un calor denso aturdía tanto como las inmensas bocinas de sonido con la voz del líder que repetía el mismo discurso que venía dando a la gente desde meses atrás,una y otra vez,y otra,como para f
atigar y desesperanzar a los oyentes...(Orgulloso,el líder,de que sus dóciles seguidores no habían roto un sólo vidrio durante sus mítines y marchas,con su estrategia "revolucionaria",que superó,incluso, a Juárez,a Hidalgo,a Zapata,y a todos los héroes de la Patria anteriores a él,que si rompieron algunos cristales...) Oyéndolo,la gente sudaba,silente,como en un trance.Cuando terminaba de hablar,se cantaba el Himno,y todos quedaban confusos,aturdidos,pero nadie decía nada,porque lo políticamente correcto en ese contexto era simular estar muy animados y alegres ad nauseam. Pero los rostros y los cuerpos expresaban otra cosa. En los roces de la muchedumbre que partía a sus casas en el transporte público los cuerpos fluían y se evadían como si trajeran untado aceite repelente. Hacía calor y tristeza,pero la gente no se había dado cuenta. Total,"quizá mañana fuera la Revolución"...,o dentro de un mes,o un año,o al sexenio que viene... o nunca....Postergar apasigua el miedo pero causa pesar. Esa gente era la tristeza que fluía,parecida a un río en un mismo cause fatigado y que al salir por las bocacalles del Centro se evadía en un silencio más grande que las palabras.Les llovía por dentro sin saber porqué,mientras caminaban despacio,dejando atrás la plaza,el sonido ensordecedor de las bocinas gigantes, y los sueños y la vida...se iban, arrasatrando con fatiga los carteles dónde habían gritado sus esperanzas,sus pérdidas,su coraje...Muchos subían a los camiones que los habían traído de otros estados de México , doblaban con cuidado sus lonas para usarlas en la próxima manifestación,o recibían con apetito sus merecidas tortas de parte de algún diputado...En lo personal,estuve ahí porque las injusticias que ví en ese país hicieron que me acercara a algunos movimientos sociales de izquierda,en los que conocí a Lore,y a su esposo Charly,cuando de la UNAM fuimos con los ecologistas de Petatlán. Ahora ellos me habían llamado para colaborar con la seguridad de la gente y el líder de la izquierda mexicana,después de que el partido de la ultraderecha había cometido un vergonzoso fraude electoral y se había impuesto por la fuerza,en un gobierno espurio. Era importante vigilar que no hubiese infiltrados que provocaran conflicto para justificar luego la represión,y también lo era ver que el líder no sufriera un atentado. Así que varios jovenes,nos distribuiamos entre la gente,tomabamos fotos,cuidabamos a los niños que se perdían,o simulando ser vendedores,estabamos cerca y alertas,cuando nos prevenían de algún movimiento extraño entre los policías y los agentes secretos del gobierno.
La Ciudad de México,es inmensa,y tristemente hermosa cuando le llueve,porque se v
uelve más humana,dentro de su desmesura. La lluvia urbana del Distrito Federal es como un blues que fluye destilando los pesares hacia otros mundos posibles,o pasados,cuando la ciudad no era un espacio tan irracional y agresivo.
Esa tarde,un sol otoñal entibiaba un poco los edificios coloniales,mientras un vienteci
llo frío previo a la lluvia arrancaba carteles y nos arrinconaba bajo los portales del zócalo. Los jóvenes nos sentabamos en grupo,sobre la banqueta,para descansar un poco después de nuestra labor en la manifestación. Veíamos como pasaban los barrenderos llevándose la propaganda junto con la basura que había dejado la muchedumbre. Reíamos,mientras empezó a llover timidamente,porque tres de nosotros nos habíamos disfrazado de vendedores ambulantes,y la gente que pasaba nos quería comprar nuestra "mercancía":
-"De a cinco, de a cinco.... Para que no se les mojen las cabezas, para que no se les empapen,bara,bara...
!"-empezé a gritar como broma... "Las capas de a cinco... Para que no se me mojen, para que no se me enfrien"-me secundó Lore. Y es que los ambulantes venden chubasqueros de plástico,deshechables, los días de lluvia en la Ciudad de México. Es cosa de vocear la venta en los portales,o en las salidas de las bocas del metro y se venden todos en un santiamén porque pocos proletarios usan paraguas en esa ciudad,ya que es de uso y costumbre esperar el fatídico instante en el que se suelta el chaparrón,para refugiarse en algún quicio cubierto,y compartir ese pequeño espacio con otros peatones ocasionales,yes que la mayoría prefieren calarse hasta los huesos o gastar sus cinco pesos en el plástico, antes que cargar todo el día con el "pinche" paraguas.
Y también es que,introspectivos, gustan de quedarse mirando cómo llueve,mientras las gotas se hacen gordas y tupidas sobre el asfalto,y los ambulantes gritan "de a cinco,de a cinco" y esperar a que escampe,y aunque algunos adelantados corran bajo la lluvia,basta con que uno sólo resbale y se de un porrazo en los charcos,para desalentar a los mirones , que se quedan ahí,solamente viendo cómo esos charcos se hacen cada vez más grandes, y cómo el agua adquiere cada vez mayor velocidad en su camino hacia las alcantarillas...
Porque cuando llueve sobre la ciudad de México no se puede hacer nada sino esperar. Sólo esperar a que Tláloc, el dios de la lluvia, se exprese a sus anchas...

Pero ese día,la lluvia no fué una lluvia cualquiera,sino que fué la protagonista de esa tarde singular en la que nos encontramos con el inexorable destino.
Pasó que al finalizar el mitín, charlando con los compañeros, esperaba yo a mi hermano Alonso,que había ido a tomar algo en el bar del hotel Majestic con su amigo Gómez,a un lado de los portales. Y entonces, ante el oscurecimiento repentino del cielo,el viento frío que brusco daba lengüetazos helados a banderas y faldas, y la voz grave y potente de los truenos que se acercaban,los compañeros se apresuraron a irse a sus casas.
La temperatura bajaba,y Alonso no salía del bar del hotel,y yo no podía entrar porque el guar
dia de la puerte me impidió entrar con mi disfraz de vendedora de chubasqueros.
Y además de todo,me moría de sed. Un tanto malhumorada, fué que lo descubrí sumergido contra la marea de gente que atravezaba la calle hacia las entradas del metro en el Zócalo. Ahí parado bajo la llovizna inicial,tan inmóvil y firme como para absorber todas las desgracias y castigos de un pueblo,con el alma brillandole con la pureza de los campos en la piel terrosa,y con una mirada soslayada de diablo,parecía conversar en silencio consigo mismo sobre lo humano y lo divino. Cruzamos una fugaz mirada y lo supimos: dos temperamentos fuertes nos encontramos y eso se reflejó en un relámpago que dejó un reguero de estática a su paso.
Lo siguiente, el aguacero...
Dos minutos después,mi hermano Alonso y su amigo Gómez, salieron del bar,y entonces el muchacho inmóvil avanzó hacia Gómez de prisa y sin más lo detuvo de la manga,y sin importarle que el chubasco le empapara los raidos huaraches,detuvo al político para decirle algo en voz queda. Mientras,Alonso me daba las llaves de la moto,y me decía que iba a acompañar a Gómez a una junta con otros médicos, para ver como estaba el asunto del dengue en el sureste mexicano. Pero yo me moría de sed y le pedí unas monedas a mi hermano para comprar algo que me hidratara,tal vez un helado de limón... Alonso nunca me ha tenido paciencia,así que me dijo que no tenía monedas,y me embromó diciendo que bebiera lluvia... Mientras tanto,Gómez había hecho a un lado al muchacho de mirada de diablo,y había hecho parada a un taxi verde que frenó derrapando en un charco. Mi hermano y el diputado subieron al vehículo y partieron sin más. La moto estaba estacionada a cinco o seis manzanas de distancia,debido a la manifestación y el chubasco era cada vez más intenso... Fué entonces que el joven indígena me tocó suvemente el hombro. Al volverme,Moisés me extendió su única moneda de 10 pesos para que calmara mi sed...
Fué en ese sencillo acto que comprendí que la lluvia en México es además de hermosa,mágica,y e
s que a veces,cuando cae con furia y viento,pareciera que los semidioses antiguos retornan del Mictlán,y dan a algunos mortales,el don de la amistad...
Moisés era indígena mixteco, y aparte de la moneda con la que pagó mi helado,no tenía más dinero para regresar a Oaxaca.
-Este viento es malo- musitó con con los ojos bajos- Allá cuando el maíz está tierno y llega este viento, lo maltrata y no sale bien la cosecha...Así está cuando esta bueno-y levantó la mano por encima de mi cabeza-. -Y así queda de chaparro y feo cuando llega el viento malahaya-y se puso la mano en su frente,desolado...




Su mirada dejó de ser de diablo,para volverse la mirada más triste que yo hubiese visto antes. Pero imposible consolarlo,puesto que previó mi gesto y entonces,respiró hondo, lenvató la cara hacia la lluvia y continuó sereno:
-Cúando llega el viento allá,todo se cae. las hojas del cacao, las maltrata,daña a todo tipo de plantas,al cafetal,a las flores,todo...
-Si,el cacao es muy delicado-le dije.
-Tu que sabes del cacao?-me preguntó seco.
-Mi papá fué ingeniero agrónomo,y me contaba cosas...
-Si? -Pensó un rato,y luego musitó-Yo vine aquí buscando a un ingeniero que me ayude.
-Necesitas ayuda en el campo?-pregunté curiosa.
-No,allá no-dijo lacónico y luego agregó- Cuando el tiempo está bueno en mi tierra,las flores y los árboles y el café,se pone todo verde,las flores son blancas...y huele chingón,a cefeto. No aquí que apesta a disel.
Ambos sonreímos.
-Cuando te regresas a Oaxaca,Moisés?
Soltó una risita burlona,y miró lo úlitmo que quedaba del helado en mi mano.
-Pero si acabo de llegar,güera,y ya me estás corriendo...No ves que me duelen las patas de venir andando desde allá? Deja tomo un respiro siquiera...
Apenada le extendí el barquillo vacío:-No querías helado,verdad?
Ambos reimos y se comió de un bocado la galleta del barquillo.
Y luego dijo desolado:
-En mi tierra hay hambre también,como que un viento más cabrón ya tiró todas las flores,las semillas tiernas las apachurró en el lodazal,las plantas quedaron sin hojas y sin frutas,y hasta las iguanas y los pájaros se fueron a la chingada,güerita...A su paso el mal aire destruyó los techos de las casas, maltrata los campos,mata los hombres y viola a las mujeres...Y entonces nomás queda venir aquí a pedirle ayuda a un pinche diputado pendejo que no sirve para nada,o a buscar a un fantasma...
Se quedó en silencio,con la mirada húmeda y fija en el horizonte de la lluvia.
Después de unos minutos así,la curiosidad le ganó a mi prudencia,y le pregunté:
-Qué fantasma buscas? A qué te refieres?

Mi voz lo hizo emerger de sus pensamientos.
-Es que a mi novia la metieron presa. La apañaron a la altura de la prepa 7 de Oaxaca. Ella estaba entre las mujeres que hacían la radio Caserola,de la Appo,y la última vez que la vieron fué tratando de soltarse de nueve policías ojetes que la madrearon y se la llevaron... Luego me dicen que la liberan si pago una fianza de dos millones...pues de dónde saco eso?...No nos quieren a los indios...muertos nos quieren...y nos han vuelto más y más ilegales que antes...como para matar por eso,no güerita?
Moisés retomó esa mirada de diablo soslayado y quedó en un silencio opaco.
La tormenta arreció,el agua ya nos mojaba los pies,y el frío,y la vida nos calaban dentro.

-Y el fantasma?-atiné a preguntar...


Moisés reaccionó de su amargura,y buscó en su morral,hasta que por fín sacó un paliacate,que desenvolvió con sumo cuidado.
Y me enseñó el tesoro que guardaba mientras me explicaba:
-Mi madre,cuando niña,conoció a un ingeniero ruso o gachupín,o algo así,que le dió esto a mi mamá para sacarla de un apuro,pero el tal Gómez dice que esto no vale nada...que el comunismo y la Unión Sóvietica ya "valieron madres"...
Vi fascinada lo que envolvía el paliacate: era una vieja medalla soviética de la órden de la Estrella Roja con las siglas CCCP (URSS), y grabados en ella,un lema en ruso y una hoz y un martillo diminutos...

-Cómo se llama el ingeniero que buscas?-dije cuando logré asimilar la impresión.

-Se llama,o se llamaba,porque a lo más ya es difunto, Juan o Joan,o Joao Sabugal...creo...

En el silencio que siguió al nombre de mi padre,fué que noté que el diluvio había decrecido dejando una lluvia fina y persistente,como ese llanto manso que se vierte en los cementerios abandonados...

-Si-dije acurrucándo la medalla en mi pecho-...mi padre ya murió...