5/17/2011

La niña Iguana...

Para Mozz.





A María Garroba le decían así porque desde muy pequeña tuvo costumbres arborícolas,y gustaba de trepar a las altas copas de los árboles a comerse los mangos y los zapotes más dulces, aferrada a las ramas,y también pasaba horas tumbada al sol sobre la piedra grande del río,jugando a las matatenas o nomás viendo a las mariposas, o igual a las iguanas que son excelentes nadadoras, si en su timidez sentía algún peligro saltaba al agua, se sumergía y huía nadando hasta llegar a refugiarse tras la falda de Baldomera,su madre.
Esteban y Abelina,sus abuelos,la habían apadrinado con sal gruesa y humito de copal,porque sabían que hay animales en la Mixteca,que no son animales,y niñas que no son niñas,sino nagualitas, muchachas de magia,que de viejas serán las curanderas,porque tienen la sabiduría.
Y sí...María Garroba,la tuvo.
A veces, la niña-iguana acompañaba al viejo Esteban por los caminos solitarios, y él le contaba a Joao en un misterioso murmullo,como se le había afigurado ver a María Dominga cuando tenía unos 4 años, transformarse en garrobita azul y correr rapidamente en la espesura del monte,para encontrarla una hora después,ya vuelta niña, asoléandose sobre la piedra grande de la milpa y comiendo elotes tiernos...
Y es que las iguanas mexicanas son de un matiz azul-verde brillante cuando son jóvenes,pero la verdadera magia de las iguanas, al igual que cualquier reptil es su misteriosa belleza. Y eso,a los diez años,lo sabía María Dominga,que se fascinaba por la luz del sol en esa tierra caliente que daba vida a las ardillas coloradas que trepaban entre chillidos por los cacaotales,o por el tímido armadillo que se acercaba a beber agua del río, bajo la sombra del colorín,o pasaba horas viendo a las hormigas arrieras haciendo su mudanza cambiando de agujero a todas sus larvas, cuando el río venía crecido por las lluvias y las veía buscando hojitas tiernas para tener reserva de alimentos, porque allá los temporales duran muchos días y no podrían salir
a buscar entre el lodo su comida...
María Dominga se quedaba inmóvil,oteando al ocelote desde una rama alta,esperando que cayera en la trampa que le ponía su padre,Silvestre,para luego ver a éste curtir la piel del gatote hirviendo la cáscara de la parota y del nanche más un puño de cal,y luego mirando los tendederos,donde se dejaba el pellejo del felino varios días para que se quedara limpio y sin pelo. Y por último,veía a Silvestre cortando ese cuero para coserle con él, una funda de machete al ingeniero Joao, y unos huaraches nuevos, y suavecitos, a María Garrobita,porque ya era su cumpleaños 11...
Pero un día,bajo un sol diferente y turbio,María Dominga caminaba por el espeso y verde monte cuando algo la hizo parar en seco: Con espanto vió como las iguanas de los árboles quedaban ateridas por un frío inusual,y quedando agarrotadas,asemejandose a palos secos,perdían la adherencia a sus ramas y caían como plomos por decenas,y estuvo a punto de que le cayeran encima si no corre,y corrió veloz,porque una cosa es que te caiga un zapotazo de 50 gm, otra muy distinta que te caiga un garrobazo de más de 5 kg en la cabeza... Los talegazos que se daban las iguanas ateridas al caer de las altas frondas sparecían mortales,sin embargo,algunas revivían al momento,y aturdidas, echaban a correr entre los matorrales...
María Dominga supo que ese frío era presagio malo,y estuvo más segura de eso cuando escuchó gritos en castilla de unos hombres, a los que creyó Iguaneros con sus perros criollos, adiestrados para atrapar las iguanas y que solían ir al monte antes de las lluvias a descuevar los huevos de los reptiles... Pero no lo eran,porque una secuencia de balazos rompió el viento,y una parvada de aves asustadas voló hacia el sur...La niña trepó en segundos en el árbol más alto y desde ahí vió a los burros de Esteban muy inquietos y revolcándose en la tierra junto a Silvestre y su hermano mayor tendidos en el camino...Y más allá vió el humo de la milpa ardiendo,y a los soldados violando a su madre...
María Garroba permaneció inmóvil,aferrada a la alta rama de aquél árbol hasta que los soldados se fueron,cuando una lívida luna asomaba entre la lluvia vespertina. Entonces bajó del árbol y trémula y débil se acercó a lo que quedaba de su casa,y quedó como una piedra al ver a su hermano mayor y a su padre muertos...y entonces escuchó lejanos los llantos de sus tres hermanitos,y fué a por ellos,y ahí vió a su madre tirada y sangrando a un lado de la paina del cacao,le tomó la mano con miedo,y entonces Baldomera abrió los ojos,y suspiró. María Garroba sonrió: su madre estaba viva aún. Entonces,como pudo,logró acostar a su madre en la paina y la cubrió con el sarape de los burros,sucio,pero mantendría caliente a su madre.Luego,llevó a sus hermanos pequeños a su árbol preferido,y los subió a las ramas más seguras,y los amarró a ellas. La lluvia del temporal arreciaba por ráfagas,pero a María Dominga eso no la detuvo,sólo dió un beso a su mamá,luego se quitó sus huaraches nuevos,y sin más echó a correr por el monte,y cuando se sentía perdida,trepaba a un árbol y oteaba la lejana luz de la fogata del campamento del ingeniero ruso...
Llegó hasta ellos cuando el temporal por fín rompió en tormenta. Esteban la descubrió temblando,aterida y empapada. Pero la niña era sabia,y pudo tener la calma de describir lo que había visto mientras abrazaba y frotaba,
una y otra vez nerviosa y conteniendo el llanto, los huaraches nuevos que le había hecho su papá,que ella quería tanto y que ahora estaba muerto... De inmediato Joao cargó a la niña y subió con ella a su caballo, y a echaron a galopar para ver si era posible salvar la vida a Baldomera y a su bebé...
Llegaron cuando la luna se asomó en la noche escampada del chubasco,y al llegar vieron a la vieja Abelina junto a la paina donde yacía Baldomera sollozando de rodillas en el barro,,abrazando a sus nietos,mientras dos de los tíos,chavales de 13 o 14 años,trataban de envolver en petates-esteras que se usan como mortajas-a los difuntos. Tras Joao llegaron los otros hombres,que ya se encargarían de dar dignidad a los fallecidos,mientras Joao asistía a la agonizante Baldomera. Entre llantos,Abelina reaccionó por fin,y puso tres candelas a su hijo y a su nieto mayor muertos,como velorio. Pero Joao tomó las ceras,y un quinqué que los hombres llevaban,y con esa poca luz,se dispuso a practicar una rudimentaria cesárea a Baldomera, sobre la paina del cacao,entre aves de corral,dos cerdos, y algunos perros errando a sus anchas entre las cenizas de la milpa y el cobertizo semiquemado.
Debió apurarse,porque era peligroso para todos permanecer por ese rumbo del sur donde los sorches del gobierno andaban patrullando para matar más gente. Mi padre era uno de los mejores médicos que yo he conocido. Bondadoso,pero con una sangre fría admirable,cuidaba de la salud física de sus pacientes,pero también,siempre,veía por su salud espiritual. Altruista y valeroso,hacía como médico clandestino, el bien que no alcanzaba a hacer como luchador social. Y a eso había ido a Guerrero,a enseñar a los rebeldes de la montaña primeros auxilios para los heridos en plena sierra,y quizá algo de teoría marxista,o algunas técnicas de guerrilla.

Como Abelina ya no veía bien por su edad y por las lágrimas,fué María Dominga la que hizo de enfermara en el imporvisado quirófano rural,apartando a las gallinas y acercando más la candela a las manos del médico que limpiaba la herida que la bayoneta había causado a su madre,y luego acercó erinas y desinfectante a Joao mientras él hacía el corte para extraer al bebé que nació tan chico y morado como un camotito de monte. Todos creían que estaba muerto,pues no lloró. Pero Joao le sopló en la boca y le masajeó el pechito y el niño resolló fuerte y lanzó un chillido que partió la noche serrana. Coser y curar las heridas de Baldomera ya fué más difícil,pero aún así,cuando las candelas ya tenían medio dedo de pabilo,Joao concluyó las curaciones,y los hombres habían enterrado ya a los finados.
Y asi fué como Maria Dominga y Joao salvaron la vida de madre e hijo...
Con el sol en alto,fué que unos compañeros llegaron con la nueva de que a Genaro lo habían metido preso,así que prestos,pusieron a Baldomera en una camilla de campaña,y partieron todos lejos de ahí,antes de que volvieran los soldados,y se fueron huyendo por la sierra de Atoyac,cruzando los barrancos del Toro muerto y eludiendo a los soldados que estaban apostados en El Quemado,torturando a la gente, y así, vadeando el Verde Rico y Coronillas,donde recogieron a dos campesinos malheridos que Joao curó como pudo, no pararon sino hasta llegar a Tlacotepec,donde Joao conoció al profesor Lucio Cabañas que ahí dialogaba con los hombres, por lo pronto...

Y de ahí,Esteban cargó con llas mujeres Abelina, Baldomera,y María Garroba y a los niños en sus tres asnos, y se fué lento pero a paso sin pausa hasta llegar con los primos de Oaxaca,donde se quedaron ocultos durante dos generaciones. Antes de partir,María Dominga fué con el médico Joao y le dió un ramito de florecillas de cacao algo marchitas como modo de darle las gracias. Entonces Joao,enternecido con la niña-iguana sacó lo único de valor que cargaba encima: su medalla de la órden de la Estrella Roja,(en ruso: Орден Краснoй Звезды) que había ganado en Moscú,con el doctorado honorario de ciencias e ingeniería, y por sus servicios distinguidos a la Unión Soviética de Inteligencia en tiempo de paz. La medalla era una estrella pentagonal roja esmaltada, con base metálica blanca y las siglas CCCP (URSS), rodeándole el lema "Proletarios de todos los países, uníos!". Y bajo la estrella se situaba la hoz y martillo...Joao portaba la Orden en el lado izquierdo del pecho bajo la zamarra y sobre el corazón,junto con las fotos de su amada Lucía.
Joao puso la medalla en las manos de María Dominga y le dijo que ella la merecía por valiente e inteligente al salvarlos a todos, y que por eso era un honor para él dársela. Y quizá algún día,esa medalla la podría sacar de apuros...
Luego,Joao, Raúl y otros dos compañeros,partieron en un viejo estudebecker a toda velocidad por entre las brechas hacía la carretera,mientras María Garroba,apañando con fuerza la Estrella Roja en su manita morena,trepó en segundos al árbol más alto y desde ahí quedó viendo inmóvil,como una iguanita,al coche de Joao hasta que se volvió un punto en la distancia...

(lLas Iguanas son originarias de México y extienden su habitat por toda Centroamérica. Ahora están en peligro de extinción y ya es difícil encontrarlas en las selvas de mangles de la costa del Pacífico de México, donde la densidad de iguanas verdes es de menos del 1 por ciento de la que hubo hace sólo algunos años y por ello la especie está clasificada como "en peligro".Sin embargo trasnacionales capitalistas, como la tienda Mascotas, trafican a estos animales silvestres para que "jueguen"los hijos de los burgueses y que finalmente terminen muertas de frío o hambre lejos de su habitat,o cocinadas como plato regional en restaurantes para turistas gringos en el Pacífico mexicano).

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