7/14/2010

Dudar en el barrio Cheryomushki...



El edificio más alto en Europa en aquellos años 50s y 60s de la Guerra Fría,era el de la Universidad Estatal de Moscú,con 36 pisos,33 kilómetros de corredores y 5 mil habitaciones. Y aún así,mi padre decía que durante su estancia en esa Universidad,siempre se sintió sofocado,como si estuviera detenido en el pequeñísimo espacio de una celda ideológica.
El Komité le había suspendido su licencia de médico,desde que escribiró ese artículo denunciando las muertes de muchos prisioneros del gulag a causa de la tuberculosis y el hambre. Por suerte,Joao no fué acusado de traición al comunismo ni de sabotear al régimen soviético con el artículo que escribió para el Pravda,y sólo fué "levemente" castigado,impidiendole la práctica médica,y por supuesto,le prohibieron bajo pena de cárcel,volver al campo. Así,Joao,en un país extraño,era un médico sin permiso de ejercer la medicina,y un ingeliero agrónomo sin permiso de acercarse al agro.
Mi padre decía que el ser humano nace libre, responsable y sin excusas,aunque como todos los soñadores,confundió en esos tiempos, el desencanto con la verdad...
Frente al cúbiculo de la Universidad, dónde Joao tomaba la cátedra de química y aprendía técnicas de infiltracion y otras actividades de Inteligencia,se podían ver unas esculturas una muchacha y un muchacho, estudiantes,o tal vez obreros, observando con confianza el futuro,pero, paradógicamente,Joao sentía que su futuro se perdía,minúsculo e indefenso entre esos inmensos símbolos soviéticos y el frío de los enormes monumentos de Moscú.Y es que el komité,después de amedrentarlo con la prisión para él y su madre si no guardaba prudente silencio, lo había reclutado para el servicio secreto,debido a su capacidad intelectual y al conocimiento de diversas materias e idiomas. De tal modo que le brindaron los estudios y el entrenamiento,el sosten económico,el tratamiento para la depresión de su madre,y un piso en la calle Grimau,en el distrito de Cheryomushki, al suroeste de Moscú. Esas viviendas fueron la primera jrushovka que se comenzó a construir en Moscú, en 1958, y también la primera de toda la Unión Soviética. Así que era un piso moderno y con todas las comodidades,para esos tiempos.
(Las jrushovkas fueron unos novedosos edificios de viviendas de 3 a 5 plantas que se comenzaron a construir en tiempos del líder soviético Nikita Jrushov, y que hoy veríamos pequeñas y antiguas, sin ascensor y con tabiques casi transparentes.Pero que en aquél entonces al tener estufa,y cuarto de baño y cocina,eran como un lujo para los moscovitas).
En los años 60 se construyeron en serie, a toda velocidad (se podían montar en 12 días) y se convirtieron en el sueño de toda una generación, que antes de estos condominios, vivían hacinados en komunalkas (pisos compartidos por 5 o 6 familias) o en casas ruinosas, sin agua corriente y sin cuarto de baño.
La propaganda oficial, en carteles y películas de la época, contaba la alegría con que familias enteras,incluidos a veces perro, gato, y suegra, llegaban al nuevo paraíso. En Moscú era famoso el barrio de las nuevas viviendas. El nuevo distrito se bautizó como Cheryomushki (que significa,extrañamente:"Cerezos alisos",y es que los cerezos siempre aparecieron en la vida de mis padres...). Pero la cosa es que esa vivienda donde mi papá y mi abuelita vivieron,fué la jrushovka del número 16 en la calle Grimau,y se encontraba al lado de la estación de metro Akademicheskaya, a sólo cuatro paradas de la línea circular del Kremlin.
Antes, la calle Grimau se llamaba Segundo Pasaje Cheryomushki.Pero un día llegaron autoridades del Kremlin y cambiaron el nombre y pusieron una placa en esa calle que explicaba: "Calle Grimau, así denominada en memoria del valiente luchador comunista, miembro del Comité Central del Partido Comunista de España, Julián Grimau García, ejecutado por las autoridades fascistas españolas". Y fué puesta esa placa,justamente,un mes antes de que mi padre partiera a Ceret,en Francia,y ahí conociera a mi mamá...
Pero volviendo a ese barrio moscovita de Cheryomushki,contaba mi padre que parecía un lugar ideal para comenzar una nueva vida,con extensos prados verdes para el descanso y el esparcimiento de las nuevas familias,aunuqe era un barrio extrañamente silencioso,con vecinos dramáticamente discretos... Y tenía un cine,el Ulán Bator, uno de los legendarios de Moscú,al que Joao llevaba a su madre a oir a Anna German cantar en las películas del comunismo más romántico. Una vez a la semana a su alrededor se instalaba un pequeño mercadillo que animaba la vida del vecindario,y entonces Tersinha vendía chalinas bordadas por ella misma. Y luego paseaban madre e hijo,entre el verde de los parques, y entre los columpios y las pequeñas fuentes veían a un diminuto Lenin de bronce, y cerca de la entrada al metro estaba el líder vietnamita Ho Chi Minh en un imponente disco de metal. Para Teresinha,todo eso era como un sueño en el cual,la utopía se había hecho realidad,pero para Joao,todo ello le causaba un profundo y desolador desencanto...
En esos tiempos,aumentó extrañamente,el número de refugiados que vivían en ese barrio de Moscú y que se quitaron la vida . El suicidio era visto por el PC como una elección,digna o extrema,y eran suicidios que no menguaban,de ningún modo,el ícono de fuerza del Partido Comunista. Porque lo que se buscaba,según los líderes, no era el bienestar presente de los partidarios,sino un socialismo a futuro,participativo y auto gestionado, un socialismo con líderes dedicados a la causa y respetados-y temidos- por el pueblo. Y muchos de los que dudaron de esos liderazgos, se volvieron obstáculo y estorbo para a visión de los poderosos del buró,y fueron tratados como claudicantes...
Pasionaria era la líder del PC internacional por esos tiempos y cedía a esos rigores impuestos por el Komité... Por ejemplo,a Iñaki Gaos ,ingeniero radiotécnico vasco,amigo de mi padre, fué expulsado del PC y deportado a un campo en Yugoslavia, acusado de trabajo fraccional debido a una burla caústica que Gaos hizo a la URSS por dar una medalla de honor a la esposa del asesino de Trotsky... Pero la Ibárrurri no permitía ninguna de las ácidas críticas de los pocos y osados camaradas revisionistas sobre los dirigentes del PCE y el mundo soviético. Para ella,los jóvenes refugiados eran como soldados de la revolución, disciplinados para acatar órdenes superiores sin discutir. Entonces,cómo iban a sospechar de Komité, o acusarle de traición al ideario del comunismo, cuando tanto hacía la URSS por ellos? Y por eso nadie osaba dudar y aunado a eso,pasaba que la mayoría de esos jovenes tenían una aproximación al marxismo muy simplista y manipulada,y en su fe incondicional al sóviet, habían perdido la cualidad escencial del marxismo: La Duda...
Y habían olvidado el sentido de una estrofa de la Internacional, que cantaban tan entusiástas,pero sin comprender nada: "...Ni en dioses, reyes o tribunos está el supremo salvador…”

Pero Joao si la recordaba,y,en su silencio desolado,tenía muchas,muchas dudas...
Por eso,quizá, se sentía apartado del colectivo de Cheryomushki u de la Universidad moscovita,y muchas veces,se supo usado por los camaradas,que cada día se esforzaban por parchar los raídos mitos revolucionarios,en una URSS represiva,corrupta,con un culto enfermizo a la personalidad de los lideres. Y la maquinaria del Buró aplastando con su poder omnímodo a las personas que osaran dudar,usando los mismos métodos de los gobiernos fascistas,...
Y durante un tiempo,y a pesar de todo eso,y aún con sus dudas,Joao siguió siendo disciplinado y un convencido militante comunista y es que suponía que los fallos de las personas eran como unas pequeñas piedras en el camino hacia algo más grande, como la revolución socialista,fallos que la misma revolución terminaría solucionando.
Y claro es que Joao también era un hombre práctico: él era consciente de que para los militantes, el Partido comunista, no era solamente un organismo político,era también escuela, iglesia, cuartel,hospital,y familia... Era el PC de esos tiempos,una institución total en el sentido más completo y puro del término, y comprometía por entero a quien se sometiera a él...
Y por ello,Joao temía ser apartado,pues sabía que en la URSS no era nadie sin el partido,que le daba escuela,trabajo,le proporcionaba hogar y sustento. Supo entonces que era él como pequeño engranaje más de una maquinaria enorme,y que en esos momentos no tenía manera de romper con las cadenas de esos anclajes... Y por todo ello,Joao comprendía perfectamente,como fué que algunos de los refugiados comunistas se suicidaron,ya que, cercados por la prostitución del ideal y por la represión de sus propios camaradas, esos suicidas, valientes, como lo fueron, ,y con profunda dignidad,al ver sus sueños del bien común corrompidos y muertos,
ejercieron un último y definitivo acto de Libertad...

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