5/27/2010

Unas cartas de amor ...



De aquella primavera en Lisboa,recuerdo que mi abuela Teressa pasó semanas diciéndome que iba a morir, y yo,con 18 años,y hablándo pésimamente el portugués,la contradecía como podía,pero en el fondo temía que fuera verdad.
Mi abuela quería mucho a mi padre,y cuando hablaba de él,toda ella brillaba con una ternura maravillosa: sus ojos claros se llenaban de vida,sus pupilas se dilataban y lucía una sonrisa casi infantil. Pero desde la muerte de mi padre,ella permanecía horas en silencio,presa de una melancolía dolorosa,sólo atenuada por el cariño que mi harmano Alonso le daba,y la poca alegría que yo podía aportarle cuando la escuchaba contarme del abuelo,de su amor por él,de su entierro con cientos y cientos de personas que recibieron sus restos,traídos desde el Campo da Morte Lenta, como los de un héroe. Y luego,mi abuelita Teressa intentaba convencer a todos de que mi padre también había sido un héroe,y que su suicidio había sido provocado por la CIA,o la KGB,o ambas,con un lavado de cerebro.Llegué a creerle durante un tiempo,quizá por mi necesidad de entender porque papá se había matado.Una tarde,la abuela me llamó a Coimbra con urgencia,así que tomé un bus apresuradamente,y cuando llegué a Lisboa,encontré a la abuela sentada en las escaleras de su pisito en Alfama,con la pierna rota. Ni una queja ni una mueca de dolor expresó. Simplemente me dijo que se había caído por la mañana,y que había pedido a un señor un móvil para llamarme. Pero en cuanto la abrecé,soltó un suspiro de alivio, como una niña pequeña y desvalida y eso fué todo. Se manejaba bien con las muletas,a pesar de sus 71 años,y regaba sus macetas y trabajaba en sus inventos, sin una sola queja.
Yo disfrutaba viéndola,pues pasabamos las tardes juntas,y mientras yo escribía mi tesina para las pruebas de oposisición en la Universidad de Coimbra,ella se la pasaba leyendo poemas o recitándolos en el balcón mirando hacia el río Tejo.
Y cuando venían de Barcelona mis abuelos Jordi y Dollors a vernos a Lisboa,la abuela Teressa los recibía hablándoles en francés, y con una actitud y un vestido antique, como de Edith Piaff,para impresionar al abuelo,y que no la creyera una campesina palurda de los alcornocales del Alentejo.
Y claro que no era así: mis abuelos catalanes admiraban a esa dulce ancianita por su pasado de lucha y valor,y por esa fortaleza ejemplar,desde sus años como presa política,o en exilio soviético,o ante el suicidio de su hijo.
Pero Teresinha era sencilla,como una niña,y le gustaba cantar fados,y recitar versos en francés para impresionar a sus visitantes catalanes,tan cultos ellos... Entonces,a la hora de la comida,la abuela Teressa se explayaba contando consejas de su pueblo,o leyendas rusas,o como detestaba a los políticos,y a Lola Montiel...Luego les llevaba a su tallercito,y les mostraba sus inventos a partir del reciclaje: unos palillos chinos con el mecanismo de los ganchitos del tendedero,unos audifonos aislantes,hechos con una pelota de tenis partida a la mitad,un boomerang de papel para jugar,un alimentador automático fijo a la pecera,unido a un despertador, que daba de comer a los peces diario a la misma hora,y inumerables juguetitos de ese tipo...Quizá para algunos sujetos soberbios que se sienten sumamente importantes e inteligentes,los sencillos inventos de mi abuelita serían estupideces despreciables,pues para esos seres superiores,científicos de primerísimo nivel,ya todo ha sido inventado.
Solo que mi abuela Teressa se divertía y nos divertía mucho inventando y reciclando,y era tan sencilla su creatividad,que daba una alegría casi infantil usar sus delicados inventos. Y cosa curiosa,mi abuela Teressa,que era zurda, tenía un coeficiente intelectual muy alto,el mismo que heredó a mi padre también zurdo, iqus los de ambos, que en la Unión Soviética fueron muy valorados. En fin,que mi abuela Teresinha usaba esa inteligencia sobresaliente para alegrar a sus consuegros y a sus nietos. A mi abuelo Jordi le hizo,por ejemplo,un reloj pastillero,tipo mollejón,que contenía sus medicinas para el corazón y al mismo tiempo le avisaba con un timbrito que tocaba los primeros acordes de la Internacional,la hora exacta de tomar las pastillas.Y al fondo de su tallercito,estaban los entrepaños con los delicados gallitos portugueses pintados a mano y sus bellísimas Matrioshkas.
(La matrioshka es una niña de madera,con sarfan ruso,colorido de flores.La muñeca tiene el rostro redondo,y sus cabellos pintados bajo un pañuelo de hermoso diseño. Hueca por dentro,la muñeca alberga en su interior una nueva muñeca,y esta a su vez otra,y ésta a su vez otra, en un número variable).
Mi abuela las había aprendido a hacer en Rusia,y del dinero que ganaba al venderlas primero en Paris,y luego en Lisboa,se mantenía y bien. Y cada una de las Matrioshkas traía la historia del viejo Sergueiv en un pergaminito dentro de su caja.
(El carpintero Sergeiv había nacido a la orilla del Volga, cerca del del Caúcaso. Fabricaba muebles, juguetes, caballos de cartón, silbatos y hasta instrumentos musicales. Pero una noche que había caído una abundante nevada, Serguei salió hacia el bosque a recoger la madera para su trabajo,sin embargo no encontró más que pequeños maderos y troncos que sólo le servían para la estufa de la casa. De pronto, en un claro del bosque vio el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido y lo llevó a casa. El viejo ebanista no sabía qué fabricar con aquel madero tan especial.
Y se obsesionó tanto con el tronco que no podía comer, ni dormir, hasta que por fin, inspirado,decidió que fabricaría una muñeca y empezó a tallarla. Y cuando la terminó Serguei vse sintió tan orgulloso de su obra que decidió no ponerla en venta y se la guardó para que lo acompañara en su soledad. Le puso por nombre Matrioska.Cada mañana, Sergueiv se levantaba y la saludaba antes de iniciar sus tareas:
-Buenos días, Matrioska.Un día tras otro repetía eso,hasta que, una mañana,la muñeca le respondió:
-Buenos días, Sergueiv.
Y así,desde aquel día, Matrioska, le acompañaba en su soledad y le alegraba la vida con sus palabras y risas,pero Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpintero y muñeca, estaban solos. Una mañana Matrioska despertó muy triste. Sergueiv le preguntó y la muñeca le explicó: ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos, y hasta a las gusanos que les seguían sus gusanitos … -Incluso tú -dijo Matrioska- tú me tienes a mí, pero yo también querría tener una hija.
-Pero entonces… -respondió Serguei- tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti, y te dolería...
-En la vida lo más importante se logra a base de sacrificios -respondió Matrioska.Y así fue como el viejo Sergueiv abrió a Matrioska y sacó cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al levantarse, saludaba:
-Buenos días, Matrioska; buenos días, Trioska.Después de un tiempo, también Trioska quiso ser mamá. De modo que el viejo Sergueiv sacó la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más pequeña, a la que puso por nombre Oska.
ambién Oska quería tener su propia hija, pero al abrirla Sergueiv se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un garbanzo. Sólo una última muñequita más podría hacer. Entonces el viejo Sergueiv tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole:
-Mira Ka,… tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes tener un hijo o una hija de dentro de ti.
Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska...
Y cuando Sergeiv por fin murió de viejo,la Matrioska tomó un tren y dejó el Volga,y llegó a una estantería de alguna vieja tienda de Lisboa. Si la encuentras debes darle mucho cariño, porque ella hizo el mayor de los sacrificios para ser mamá...)
Un día de aquélla primavera,hace justo 10 años,mi abuela Teressa me pidió que la llevara en un taxi hasta Sintra,lo hice,creyendo que iría a entregar un pedido de sus muñecas. Pero no fué así.
Al llegar a un palacete decadente,pidió al taxista detenerse. Me tomó las manos y me dijo muy despacio que en esa casa vivía mi bisabuelo,y que en algún lugar,ese hombre tenía una cajita de porcelana con las cartas que desde el campo da Morte lenta,su amado esposo le había enviado a ella,y que ella nunca leyó,pues el bisabuelo las había interceptado. Me pidió ir a buscarlas.
No deseaba hacerlo en lo más mínimo,pero al ver a Teresinha tan desamparada,tan triste,y al recordar en su mirada,la mirada de mi padre,me armé de valor y entré a la casona del bisabuelo.
Un empleado me detuvo en el patio. Le expliqué que era la bisnieta del dueño,y tal vez le caí bien al jardinero,porque me dejó pasar. En el salón,un anciano horrible de más de 90 años,medio agónico en su silla de ruedas,ciego y tembloroso,me preguntó quién era yo.Sólo le dije:-Soy la hija de Joao,el Lobo de la Sierra,y vengo por las cartas de mi abuelo...
El viejo tembló más,y de súbito soltó un llanto desolado. Una enfermera entró corriendo,y al verme se alertó molesta y me corrió. Pero el anciano detuvo a la mujer,y me señaló un enorme armario de bellísima madera. Ahí,en un entrepaño alto,estaba una cajita de porcelana. Sin más,trepé a un taburete,tomé la cajita,la abrí y comprobé que estuvieran ahí las cartas,y salí sin decir más nada.
Tras de mi,el anciano quedó ahogándose con su llanto...
Otra vez en el taxi,Teresinha me arrebató con desesperación la cajita,la abrió casi sin aliento,y tomó una carta.La besó y sonrió como jamás la había visto hacerlo.Por la noche,en Lisboa,la abuela Teressa seguía leyendo sus cartas recostada en su cama,pues no se sentía bien. Fuí a prepararle la cena cuando leía la última. Al volver a su habitación,Teressa,la andorinha da primavera,había levantado el vuelo hacia el paraíso de las almas puras. En su mano inerte,sostenía la útlima carta que su esposo le enviara desde prisión:
"Teressa,querido amor,cuando leas esta yo ya estaré muerto,pero quiero que sepas que no he pasado un sólo día de mi vida en el que no te haya amado tan locamente como el día en el que te conocí... , he de decirte que te adoré por tu hermosura y porque ríes como niña...Teressa,amada mía,si amé la vida,fué por ti,hablale de mi a nuestro hijo,que sepa que un hombre debe defender su libre pensamiento,su amor,y su dignidad con la vida. Te amo,Teressa,hasta el último aliento.. Tuyo más allá de la muerte,Joao Alonso..."

De todo eso,hace ya diez años.
Y hoy siento que son muchos años estos los que no ha estado con nosotros la presencia,la imponente sencillez,y la dulzura de Teressa. Como mi abuelita Dollors,la abuelita Teresinha,fué una mujer ejemplar,mujer valiente,mujer testigo y sombra,pero también mujer luminosa y creadora. Madres enteras,mis abuelas,en cuyo rostro se dibujan todas las historias de la historia de la lucha libertaria.
Teresinha,que labraba y pintaba sus matrioshkas,que cantaba fados,e inventaba mariposas para cubrir los enchufes eléctricos como protección para los niños,Teressa,la que cuidó de mis hermanos cuando mi papá y mi mamá transmitían por la radio clandestina mensajes insurgentes,Teressinha,la presa sin culpa,la torturada por los malditos...Teressa,la que vibró de pasión y de ternura en cada fado que cantó,en portugués y en ruso,y para siempre por su Libre Pensamiento... Teressa,golondrina que aguantó los fríos del exilio y el dolor de su hijo caído ...Teressa,la amada por sus nietos portugueses,y su nieta mexicana....Teresinha,con su moño cuidado, su sentarse erguida, su hablar suave y pausado,como una manera de decir y de mostrar respeto. Tan señora de sencilla en su vestido negro...
Vencida,golondrina,nunca reconociste la derrota,ni depusiste las armas del amor y la esperanza.
He tenido la suerte de tener cerca a dos abuelas de una pieza,frágiles,por fuertes,tenaces y tiernas,Dollors y Teressa,mujeres las dos que vivieron historias de amores profundos,y de dignidad y entereza...benditas sean abuelitas...
Y un 28 de mayo de hace diez años, Teresinha quedó junto a los restos de su esposo,con su cofrecito de cartas en sus manos,bella difunta,se fué como jugando el juego del infinito,como sus muñecas rusas,adornada con flores,pájaros y estrellas,original e irrepetible andorinha,llevándose con ella para siempre,sus multiples secretos...

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