5/04/2010

Lluvia y flores...










2.Osos.



Llueve esta mañana en el monte,despuès de muchos dìas sin hacerlo.Desde las 9 de la mañana está cayendo una llovizna frìa que avisa tormenta vespertina,y en la radio el Servei Meteorológic de Catalunya anuncia que las temperaturas bajaràn y habrà borrasca. Pero la primavera de ayer no demerita,ya que hoy se ha vuelto lìquida y pasear con el caballo bajo la llovizna es como entra
r con chubasquero a los misterios de un reino de agua,colores y miel.
La lluvia de la mañana ha reblandecido el nido de golondrinas en el techo del balcòn,mientras sus dueñas fueron a desayunar insectos. Asì que,como hemos podido,apuntalamos las ramitas y el lodo,y guarecimos los delicados huevitos del nido,pero en seguida regresaron los padres haciendo gran alaraca,y debimos dejar el nido a media reparaciòn,por el temor a los picotazos.Por eso mejor decidimos dejar el paz a las golondrinas y salir a dar un paseo con los caballos,porque resulta difìcil quedarse en casa,a pesar de la lluv
ia,en esta primavera que chapotea en los charcos y deja gotitas de diamantes en las verdes hojas del camino. Por eso es que cerrè el cuaderno y salì a embriagarme de belleza y de alegrìa ante tanta primavera: escuchàndo los trinos de los pájaros,la fatiga y los problemas existenciales se hacen menos cuando uno se cobija en el campo y comprueba lo que es capaz de hacer la tierra con un poco de agua de lluvia y este tibio sol de pretormenta.Las gotas de lluvia se acumulan en los cálices de las flores, y dificultan el acceso al polen de abejas y abejorros, mariposas y el resto de insecto polinizadores.Y ese si es un problema,y no frivolidades del consumismo humano.
Bosque adentro,donde las sombras son verde fluorescente y huele a musgo, ha dejado de llover y con la hierba todavía mojada, los mirlos clavan su pico en la tierra fresca para capturar a las lombrices. Es admirable la capacidad que tienen estas elegantes avecillas para localizar su comida ahí abajo y sacarla de un certero picotazo.Nos han avisado que ayer por la tarde han visto por esta comarca,a una joven osa seguida de sus dos crìas correteando entre los hayedos,y que debemos tener cuidado de toparla de frente. Ya quisieramos. Nuestra esperanza es ver a la plantìgrada,aunque sea de lejos.
Por eso bajamos de los caballos en un claro,y nos guarecemos bajo unas ramas,tirados de panza en
un pastizal alto,binoculares en mano.
El paso de esta borrasca ha dañado especialmente a los cerezos y los almendros,ya que la lluvia y el viento los han dejado casi desnudos, y sus delicados pétalos blancos yacen frente a nosotros,y como nosotros,mezclados con el barro.Pero la lluvia tambièn ha logrado un espectacular reverdecimiento de las plantas de los caminos que recorren este bosque mediterráneo.


Humildes y frecuentes, las plantas de los caminos forman una vegetación muy variada y herm
osa de flora silvestre. No se puede dejar de sentir cierta ternura difusa por estas especies a las que nadie parece prestar atención, como es el caso de la humilde jara, el brezo o la zanahoria silvestre perdidas en el anonimato en el pastizal donde esperamos por mamà osa.
Desde este punto al raz del barbecho,podemos maravillarnos aùn màs por esa facultad que tienen las amapolas para hacer enrojecer los pastos, vistiéndolos de un rojo carmesí sobre fondo verde jade. Y el amarillo intenso de las varillas del gordolobo, una planta rastrera muy buena para curar la tos en invierno,pero que el resto del año pasa completamente desapercibida y que sin embargo en primavera,se convierte en un destello vegetal. O la sofisticada y elegante gama de violetas que nos brindan las malvas. Son esplèndidos los colores con los que es capaz de expresarse la primavera a través de las humildes y anónimas florecillas de los caminos.
Y es que frescas y coloridas por la llovizna,las florecillas silvestres compiten entre sì para atraer la mirada de los insectos y alcanzar el triunfo de su germinaciòn. Hoy estàn especialmente hermosas las jaras: blancas o moradas, grandes o pequeñas pintando de vida el matorral mediterráneo. Los dientes de león forman alfombras blancas,que atrapan delicadas gotias de agua junto a los barbechos... y entre los árboles del género quercus: encina, alcornoque y quejigo, estàn en flor el escaramujo o rosal silvestre, el espino albar, el boj o el tomillo.

Y màs allà,en la pradera tras el barranco del lobo,estàn bro
tando jugosos,los lirios blancos y las gencianas azules, tan intensas que parecen neones encendidos en mitad de la hierba fresca,como llamando a la osa para que las coma. Esa lluvia de azules y fucsias que luce en mitad del encinar son unas de las flores silvestres más bellas de Europa y se llama peonías. Y son tantas las que se abren estos días, y de tan diferentes tonos, que no lograríamos pintarlas ni con una caja de 500 lápices de colores. De dónde sacará tanta acuarela la naturaleza?Cuando yo era niña,creìa que antes del alba,unos duendecillos con sendos pinceles,se daban afanosos,a la tarea de pintar los pètalos de las flores y mientras otros obreritos màgicos,llenaban con capsulillas de miel,las corolas de las adelfas y de las mimosas.Y ahora recuerdo aquella idea al ver el amarillo limòn de las ginestas o retamas: probablemente el arbusto más abundante de estas montañas. Tiene la ginesta el don de la ubicuidad. Crece en la linde de los caminos, en mitad del bosque, entre campos de cultivo, en los páramos mesetarios, en la ribera de los arroyos y hasta a orillas del mar. Acaso debido a que a los duendes catalanes les sobra el color amarillo oro,y por ello,no hay una primavera en flor catalana, sin esas varillas verdes salpicadas de petalitos amarillos que son los ramilletes de ginesta. Y luego està su perfume sutil, refinado, de una fragancia exacta, que no embriaga pero tampoco pasa desapercibido, y que es el aroma de la ginesta. Tan delicado que, incluso tenièndola delante, buscamos de dónde viene y nos imaginamos lo maravilloso que serìa capturarlo, enfrascarlo y convertirlo en cosmético personal. Pero no hay colonia en el mundo consumista capaz de reproducir su esencia, y por ello es mucho mejor salir a aspirarla por el campo en una lluviosa mañana de primavera y aromarse el cuerpo de ella al pasar junto a sus flores.
Y es que pasear por estos bosques,es como hacer un viaje ìntimo al sentido de la vida para descubrir el alto valor que todavía tiene lo silvestre y lo espontáneo. No todo se paga con dinero. A menudo la con
templación del paisaje nos ofrece experiencias infinitamente más ricas que las que permite una tarjeta de crédito.
En estos bosques la decadencia huamana se queda atràs,y las miserias y vilezas se vuelven insignificantes ante la enorme belleza de la floraciòn incontenible de los àrboles de la ribera: fresnos, sauces, àlamos y chopos, y asi mismo,el sencillo e inmenso milagro que sucede en el suelo del bosque,donde se abren los delicados pétalos azulados de aromáticas como el cantueso, el romero, el espliego y el tomillo.

Por eso los paseos son cada vez más fragantes y apetece echarse unas varillas al bolsillo para disfrutar de su perfume.(Pero, por favor, no arranquen la mata entera, corten un ramillete aquí y otro allá para evitar el expolio de una misma planta. Los ecòlogos alertan sobre el riesgo de la recolección masiva y fuera de control de las especies de plantas medicinales y aromáticas, algo que está conduciendo a estas variedades botánicas a una situación de declive en los últimos años).

En medio de la verdura de cierta avena silvestre, junto a un àrbol solitario donde atamos un cebo de pan con queso y melaza,se mira un movimiento: puede ser mamà osa. El àrbol es un albaricoquero o chabacano y como florece, pone un campo de luz en el paisaje.La flor del chabacano es blanca-rosada y fràgil como el pudor de una doncella. Basta una leve brisa para arrancar sus pètalos y dispersarlos en el aire. Desde nuestro punto no perdemos de vista al àrbol florecido,y nos parece un dibujo de Hokusai,pero este tiene un panal silvestre en sus ramas secundarias.Sus pètalos,tàn dèbiles,se van con el aire,igual que un vuelo de las abejas,que se dejan deslizar sobre la humedad de la brisa matutina hasta las corolas de las modestas corregûelas que se enroscan a las ramas de las zarzas de la tapia de piedra seca que separa los campos y la muralla en ruinas de una vieja masìa con sus espectaculares flores, blancas, rosas o violetas, pentagonales y acampanadas...flores silvestres de ribazos y veredas, esas a las que solemos ignorar y que incluso se les mal nombra como "malas hierbas"...

Tenemos a nuestro lado del pastizal, por ejemplo, una delicada trepamuros, probablemente la más bella de cuantas flores surgen en los márgenes, pintada de violetas y naranjas, casi siempre ocupada por las abejas,que ahora la han visto y sobrevuelan sobre nuestras cabezas peligrosamente.Es mejor no moverse,mientras admiramos ahì frente a nosotros una celidonia con sus cuatro pétalos de amarillo chillón, recargada de semillas estrechas y alargadas: si partimos su tallo surge un líquido cáustico, de color anaranjado, que se utiliza en fitoterapia para eliminar las verrugas.Y unos metros màs allà està floreciendo la aleluya que tiene cinco pétalos de nieve cruzados de venas lilas. Y hay tambièn tréboles,linos,malvas y capuchinas.
De pronto,descubrimos entre las jaras,un tesoro: la pasionaria.
Esta flor de pètalos tatuados es una de las màs bellas y extraña expresiòn floral de la naturaleza.Las passifloras silvestres suelen tener colores que van desde el malva,hasta el granate y el pùrpura intenso en sus corolas. Sus pètalos blancos y sus elegantes formas,la hacen ver como una flor luctuosa y llena de misterio.
La Pasionaria,o flor de la pasiòn,es una flor con simbolismo por estos lares,y la belleza de su nombre se refiere a que los catòlicos vieron en la corola morada de la flor una representaciòn de la corona de espinas de su Cristo,y en sus estambres,descubrieron las 5 heridas del cuerpo del crucificado,y en sus 12 pètalos,a los 12 apòstoles de su religiòn.
Y,Pasionaria,es el seudònimo que usaba la luchadora comunista Dolores Ibàrruri,quizà como una metàfora a la pasiòn casi luctuosa que fuè su vida.

Pero la flor Pasionaria,o Passiflora azul,es un arbusto de hojas verde pardo,que llega a formar enramadas,ya que crece muy ràpido en masas enmarañadas entre el breñal.
Sus flores emanan un aroma relajante,y sus frutos en forma de huevo de color naranja, en la variedad edulis es comestible (fruto de la pasión o maracujà),pero muy insìpidos.
Aunque las pasionarias proceden de los terrenos secos y abrigados de América, también han crecido rùsticas en los ecosistemas europeos, con un clima mediterràneo, porque aguanta bien los inviernos fríos,aunque la pasiflora necesita unas condiciones justas para abrirse: el clima necesario, el calor justo de los rayos de sol, la luz tamizada precisa y el nivel de humedad exacto que permita mostrar la magia de sus estambres, su corona de la pasión,porque no da su belleza a cualquier mirada,ya que es exquisita y selectiva.Mi papà recomendaba a sus pacientes pobres que no tenìan dinero para comprar medicina,las infusiones de passiflora como remedio sedante y antiespasmódico,y para reducir la presión arterial. Y si que La Pasionaria es una planta excelente contra el insomnio y la depresión...Pero quien podrìa ser capaz de cortar tanta belleza para hacerse una infusión...?

Y eso platicabamos,cuando unas garrillas toscas jalaron el lazo de mi chubasquero que habìamos atado al àrbol con un gran trozo de panquè de melaza: era un osezno pardo con mirada locuaz. Y tras èl,su hermanito y su madre,aparecieron entre los pastos. Por unos segundos quedamos paralizados,la osa olizqueò el pan,lo mazcò,y se distrajo luego con el vuelo de las abejas que la rodearon, mientras sus hijos daban cuenta de las migajas restantes del pan del cebo. Y ese momento fuè el que aprovechamos para ponernos en pìe de un salto y correr despavoridos,ya que la joven ùrsida,perezosa y medio ciega,nos rugiò sin ganas al sentir nuestro movimiento,pero luego siguiò mascando trèboles y florecillas y lidiando con las abejas,e ignoràndonos a nosotros, como a un par de cobardicas escandalosos resbalando en el lodo.
Y es que si impresiona hasta el pànico ver a un oso pardo rugir feroz y enorme, cimbrando temible todo el bosque.
Y por eso pasò que despuès de ver a esa osa rugir a 30 metros de nostros,y despuès de correr,como almas que llevaba un güerco maligno, hasta la enramada de los caballos,y huir a galope tendido del territorio osuno,y despuès de descubrir al regreso a la masìa que la lluvia causò un desastre previsible: Pasa que las golondrinas tienen en cuenta el peso de sus huevecitos y de la madre incubàndolos a la hora de construir el nido. Pero las avecitas son incapaces de calcular la carga añadida que retiene el barro del nido tras una lluvia contìnua. De modo que,empapado y deshecho,el nido ha terminado en el suelo del balcòn, para alegría de una comadreja o una garduña, que se han desayunado unos huevos revueltos en nuestra ausencia. Y los papàs golondrinas estàn tan enfadados,que no dejan de gritar mientras recortan el aire como furiosas tijeras aladas...
Por ello,despuès de todo si fuimos capaces de cortar tanta belleza,y es que de tan calados de lluvia y lodo, y estando sumamente nerviosos por tanto oso, necesitamos con urgencia beber junto a la estufa,una tacita de esa infusiòn de Pasionaria para recobrar el aliento,el calor y la calma...

1 comentario:

Mediaeme dijo...

He disfrutado enromemente de tu redacción. Por favor, dime que sigues vivo/a...
cuellar.julia@gmail.com