5/20/2010

Encuentros en la ciudad de la furia...


Llegó cuando todo Buenos Aires estaba cubierto de flores y aunque se sentía como en un cráter desierto,las jacarandas la fascinaron.
Su psicólogo tutor,un viejo de 68 años,le había invitado a escuchar en vivo un concierto de Soda Estereo para celebrar su cumpleaños 15... En esa inconsciencia,y con esa predisposición crónica de ser embaucada facilmente, fué que viajó con ese anciano desde Barcelona a la Argentina en aquél año. Los barrios bonarenses lucían sus calles plateadas y sus parques con los colores suaves de las jacarandas.
Desde la plaza San Martín,por la Avenida Santa Fé,son casi tres kilómetros de jacarandas: porque allá en el sur,así es la primavera:larga y violeta. El viejo se enfermó tan pronto llegaron a suelo rioplatense,entonces la jovencita,sin conocer a nadie,sin dinero y totalmente confusa y deprimida,durante esos primeros días en Buenos Aires,mientras esperaba la fecha del concierto de su grupo de rock preferido, se dedicaba a pasear por el camino a Belgrano,mirando las torres góticas de la parroquia del Corazón de María,entre verdísimos eucaliptos y lilas jacarandas,para no perderse.
Cuando la jacaranda abre sus flores la primavera del sur despierta igual que una señorita desvelada,bosteza algunos pétalos lánguidos y luego abre las cortinas del mundo para que llegue el sol. Y es que en el sur de América,el sol se mete en todas las rendijas de la tierra,abrumando a las sombras tangueras.
Sin ruido,caían las flores de la jacaranda como una caricia penumbrosa y leve,mientras las briznas de la hierba en la tierra y los laberintos de piedra del paseo,los recibían como si fuesen unos regalos del resplandor matinal del día.Y es que todas las criaturas terrenales tenemos sed de auroras.Ymás las muchachas de 15 años,que sueñan en germinar mientras en su pecho late una semilla de vuelos que pugna por pasar de las tinieblas a la claridad. Y es que el destino de esa niña,no era la noche,sino el día. Y como el árbol,buscaba el sol y tendía sus ramas hacia su calor,mientras que casi a tientas algo angélico la guiaba en su camino hacia la luz bajo las jacarandas.Los suelos estaban alfombrados de flores,como si alguien le hubiése dado ese paso alfombrado a la muchacha,por estar tan en desamparo. Meses antes,su madre había muerto de cáncer tras una larga agonía,y una semana después de su muerte,el papá de la muchacha se murió también,de dolor.No tenía pais,ni casa,asi que se fué a vivir al otro lado del océano,con unos abuelos que no conocía. Y como el papá era suicida,las leyes del nuevo pais dictaminaron que la niña requería terapia psicológica,y por eso conoció al anciano psicoanalista que se enamoró de ella. Aunque ella no supo eso,cuando la engatuzó con el concierto de Soda para que viajara con él,de modo clandestino,a su pais,la Argentina. La joven se sentía muy sola,y muy triste,extrañando toda su niñez: a sus padres,su pais natal,su clima,su comida,sus amigos...y el abuelo,con una manera descarnada de decir la verdad,en una ocasión dijo que el padre suicida había sido un cobarde...y eso bastó para herir los sentimientos de la nieta,de tal modo,que fué fácil para el viejo psicólogo convencer a la joven de volver a América para ver a Soda Estereo en vivo...y tal vez,hasta obtener un autógrafo de Cerati...y volver después a México...El tipo sabía,por las confidencias de su joven paciente,que ella sólo deseaba dos cosas en la vida: ver a Soda Estereo y volver a su tierra mexicana...y con eso la embaucó...
La primera noche en Buenos Aires,el viejo quiso acariciar a la muchacha,pero ella se defendió como su difunto padre le había enseñado, y el sujeto,por su avanzada edad,no tuvo energía para más nada,que llorar un rato,y amenazarla con dejarse morir sin tomar medicina,,y con la hipertensión a mil por culpa de ese rechazo de la niña...

La joven,entonces sin dinero ni documentos para volver a su pais,asustada,llamó por larga distancia a su hermano mayor a México,para que fuera por ella a Buenos Aires. Y ahí,en el paseo a Belgrano,esperaba la llegada de su hermano,con los boletos para el concierto de Soda Estero en la mano,mientras el psiquiátra agonizaba en su cuarto de hotel.La tercera tarde,bajo las jacarandas,la chica se encontró con un tipo de saco negro y largo,con una barba de años,amarilla por el mal tabaco que fumaba, con zapatos enormes y viejos, atado el sucio pantalón con un cordón de cáñamo,y con apenas 130 centímetros de estatura. Llevaba una canastita de juguete,que seguro salvó de la basura,porque estaba rota y desastrada,y ponía en ella,con sumo cuidado,las flores de jacarnada que recogía del piso.
La muchacha se sentó en una banquita cercana a escuchar sus wallkman,con la música de Cerati,mientras los enamorados paseaban abrazados, disfrutando de la tarde. El pequeño vagabundo,entonces, terminó su recolecta de pétalos, y luego sacó una armónica y tocó en ella un extraño tango ablusado,frente a la banca de la joven.
Ella le sonrió al hombrecillo,se quitó los audifonos y lo escuchó atenta,y fué entonces que el bajito se acercó, y con insólita cortesía la saludó y le dijo su nombre: Giorgio, de origen italiano.Pero los del barrio le llamaban Che Jacarandas.
Al ratito de charlar,se sentó con ella a decirle cosas de la vida,que él sabía,con ese tono argentino cantadito,tomándose su tiempo:
"No te culpes,minita,que muera y no muera un gil no está en tus manos,tu mirá hacia el tiempo venidero,en el que habrá un hombre que te ame a la buena, y unos críos,mina,mirá que lindos serán tus nenes...sonríe,que no todo es pena...El verdadero milagro de la vida no es encontrarse con uno mismo, que eso es psicologí­a de quinta,no,mina, lo importante de la vida es encontrarse con alguién...Esos efí­meros puentes que dentro de este mundo de islas algunos pocos saben tender...
Efímeros los puentes,sabés,porque están hechos de lo mismo que los sueños...por eso,aunque suene a tango,en esta dura soledad que es la vida, más vale ligar un puente con un cariño,con un amor,en este mundo donde todos están piantaos y empujan al amor lejecitos en dónde todo consiste en ir a esquinas donde nadie acude, en dónde la vida es ir y no encontrar,y si encontrás por fin, algo duro en el corazón de la gente hace empujar,alejar...y se rompen los puentes. Salvo una que otra vez en este llover de jacarandas,se encontrá uno con gente como vos...como flechas luminosas en la soledad, gente que quiere amar y espera de los otros,con inocencia y pureza,sabés? Como sin miedo,y hacés digno ese pequeño puentecillo que se ha tendido entre las jacarnadas de acá...Oíme,piba,solo una vez en la vida pasás un centí­metro cúbico de suerte, y sólo la agarrarás si te estás atenta...Nos tocá sólo una vez ese cachito de suerte en la vida, y el peor de los pecados es dejarla pasar. Hay que estar atento a las citas, a los sentimientos del otro, atento a los sueños que se dan,porque,mirá,minita, si se te escapá el sueño, te quedás solo, recogiendo flores del suelo para que no las pisen los caminantes, porque antes,llegaste tarde a la cita, y la perdiste a ella para siempre...
Al verte,aqui,después de cruzar medio mundo,esperando tan seriecita,tan soñándote frente al Gus Cerati, enamorada de la Argentina y de su música, da una de gusto,como para celebrar,y yo creo que esto y el amor limpio con el que estás esperando tu destino merece festejarse con un matecito...yo te lo invito si tu me invitás al concierto,que no estamos como para desperdiciar boletos...Estos son malos tiempos para la Argentina,vos sabés, piba..?."

Che Jacarandas y la muchacha fueron a un barecito de la Diagonal,y tomaron dos mates y masitas,él perdido en un pasado sin puentes,silencioso, y ella,temerosa,desolada,hambrienta y aferrada al par de boletos del concierto.
Y más tarde el pequeño vagabundo y la niña viajera cantaron suavemente primero y luego bailaron y se desgañitaron con la música ligera de la persiana americana, en esa Ciudad de la Furia y disfrutaron uno de los mejores conciertos de Soda Estereo en el estadio River Plate...
Al final de la noche,Che Jacarandas se despidió de ella a las puertas del hotel,le regaló su cantasta de florecillas lilas con una graciosa caravana,y tocando en su armónica aquélla canción sin olvido,se perdió entre la niebla de la dársena...

"...Me verás volar por la ciudad de la furia donde nadie sabe de mi y yo soy parte de todo... Nada cambiará con un aviso de curva... En sus caras veo el temor,ya no hay fábulas En la cuidad de la furia me verás caer Como un ave de presa me verás caer... Sobre terrazas desiertas me desnudaré por las calles azules.. Un hombre alado extraña la tierra Por la luz del sol se derriten mis alas Sólo encuentro en la oscuridad Lo que me une con la ciudad de la furia Me verás caer como una flecha salvaje Me verás caer entre vuelos fugaces...
Buenos aires se ve tan susceptible..."


Minutos después, la muchacha tocó a la puerta de la habitación del viejo psicólogo. Pero éste no le abrió,porque había muerto dos horas antes,mientras la niña estaba en el concierto de Soda.
El viejo sátiro falleció debido a un accidente cardiovascular...
Días después,la muchacha,tocando el fondo del abatimiento, y su hermano mayor,habían sepultado al viejo en la Recoleta,y tomaban un vuelo de Varig hacia la Ciudad de México...
Y ahí fué que sucedió el encuentro que había predicho Ché Jacarandas:
Porque tres filas más allá en ese avión,iban Charly Albert,Zeta Bosio y,él...su amado Cerati,el hermoso hombre alado,al que vió volar como una flecha luminosa en su soledad de niña,y que le regaló una sonrisa,un autógrafo,un pin de Soda y la única alegría adolecente de aquellos duros años...



(Por todo ello hoy,que Cerati enfermó,ella,ya mujer,está sumamente triste...)

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