3/12/2010

Nieve y golondrinas...
















Al salir por la mañana hacia la Universidad,escuchè que en la radio decìan que la mar estaba enfurecida,y que desde la costa de Roses hasta el sur del de Salou, casi toda la flota catalana –pesquera y recreativa– debìa ser amarrada a puerto. Protecció civil aconsejaba a los ciudadanos que se abstuvieran de acercarse a espigones y otros miradores marítimos para ver romper las olas.Efectivamente,se veìan muy peligrosos los golpes de mar sobre la costa,tan violenta y frìa la fuerza del viento,que sus olas gèlidas mojaron mis jeans y mi anorak al paso de la moto y la lluvia salada me empapò el rostro al salir de la Barceloneta para tomar la diagonal hacia la Uni. Mientras saboreaba la sal que escurrìa por mi rostro recordè aquello que decìa mi abuela Dollors:
"Todo se cura con agua salada: con sudor,con lágrimas o con la mar"...

Vi a los surfistas locos,alelados frente a la playa gris,quizà esperando la ola mortal a la cual montarse ,mientras la galerna empezaba a golpear la Barceloneta con un viento heladìsimo que levantaba el oleaje a màs de cinco metros golpeando las barcas del puerto,atadas a las dàrsenas vecinas,y me preguntè que serìa de los animales y los pàjaros durante la tormenta...a dònde se
refugiarìan,còmo se abrigarìan en los helados muelles..?
Hace 2 años,una familia de golondrin
as marinas se refugiò en el patio de atràs de la casa,y mientras las espiaba secretamente en sus rutinas amorosas y familiares,las alimentè con peces pequeños y semillas. Cuando migraron en la primavera,una de ellas quedò atrapada en la reja. Le curè sus heridas y parecìa sana,y a pesar de que esos dìas el cielo azul de Barcelona hacìa germinar al mar,y amanecìa la arena casi ebria de sol,e incluso los libros de la casa derramaban alegrìa como formando un muro de ilusiones con su abecedario armado de sueños contra la desdicha,hace justo dos años,esa golondrina muriò...
Tal vez muriò de nostalgia por el vuelo.No lo sè.
Pero el viento y las olas que obligaron a cerrar todos los puertos y las playas del litoral catalàn,y los primeros copos de nieve que empezaron a caer suavmeente sobre Barcelona me hicieron recordar a aquella avecita muerta.Si hace dos años,cuando la primavera lo iluminaba todo,muriò,ahora cuantos pàjaros morirìan con la nieve y la lluvia glaseando todo de un frìo invernal de vaho gris y desolado,causante de cierto ànimo de desamparo en todos.
Al llegar a la Universidad,habìa pocos alumnos,y en el aula semivacia estuve viendo por la ventana cómo caían copos entre la lluvia. Pero no cuajaban... Me fijaba cómo cada copo llegaba a la base de la ventana, duraba uno o dos segundos antes de derretirse y desaparecer. A los pocos segundos caía otro justo en el mismo lugar donde el anterior había fundido segundos antes. Y el proceso volvía a repetirse: fundía y no daba tiempo a que otro copo montara a
l anterior y empezara a cuajar. Así estuvo un tiempo.Entonces fuè que se suspendieron las labores en la Uni a media mañana,pues,nos avisaron que era mejor volver a casa antes de que la nevada colapsàse calles y trenes,y nos quedàsemos aislados,pasando la noche en las gèlidas aulas que ya no tenìan luz.

Mientras caminamos hasta el paradero donde dejamos las bicis y las motos,la lluvia trajo con ella màs copos,que calaban por el frìo del viento.Miramos el cielo avisorando los temibles nubarrones negros con ojos de tramperos canadienses,esperando la nevada...
Y en diez minutos,soportando un frìo que pelaba,la nieve cuajò preciosa,y tuvo un espesor que hubiera hecho muy felices a las focas y a los pingûinos.

Y entonces nos volvimos niños,y vinieron a nuestra mente otras nevadas lejanas... Nieve ardiente que nos enrojecía la piel infantil y nos iluminaba la cara de puro gusto. Copos y más copos, sobre la palma de la mano, en la lengua y en los labios, ciegos de tanta blancura los ojos. Todo aquel éxtasis, aquel gozo de quedar expuestos bajo la nieve tenía algo de juego sensual y alegre , casi casi como una risueña caricia amorosa. Y por eso,jugamos y jugamos, moldeando la nieve con nuestras manos, lanzando bolas como risas,haciendo àngeles lodosos,húmedos de un frío placer que nos quemaba, mientras las calles quedaban cortadas y las golondrinas, ateridas, volaban hacia un horizonte de pinos dormidos en este invierno tan largo, tan callado y tan extraño...Disfrutamos como niños, entre alegres y aleladados con los blandos copos.Pero pasò que al cabo de un rato estabamos empapados hasta el culo y con la sonrisa convertida en rictus...
Hermosa Nieve...pero diò el caso que las motos estaban inservibles,y no habìa manera de usar bicis y la cola para entrar al metro parecìa una fila para un concierto de U2...Què bonita la nieve cuando llegas a casa en cinco minutos y dejas tras la puerta el viento helado,y tomas una ducha calientita y bebes un chocolate humeante,como cuando èramos niños y las mamàs nos hacìan frotar velas para desentumirnos los dedos frìos frente a la chimenea,mientras nos acogìan en su regazo,pero vale,ahora somos adultos jugando como dementes en el estacionamiento de la Universidad...Ese pensamiento me hizo saber que debo estar envejeciendo,porque antes no me importaba el frìo ni los colores apocalìpticos del cielo,ni refunfuñaba por mi dependencia a ciertos productos del capitalismo como es una motocicleta y un anorak seco...Unos veinte alumnos y profesores,calados ya de jugar con la nieve,nos refugiamos en el portal de la facultad,y miramos la nevada y nuestras motos y bicis totalmente cubiertos de nieve, asorados de nosotros mismos, mientras brotaba un vaporcillo de nuestras ropas húmedas.Ya, a esas horas de la jornada, Barcelona estaba tan blanca como una gaviota o una camelia,y los pocos vecinos,transeùntes y turistas ocasinales que pasaban,caminaban sobrecogidos por el frìo,y por el color tundra del cielo.
Hubo un momento en el que la nieve caia tan espesa,que las figuras del vaho esbozaban las sombras de alces o lobos entre las arboledas...Ah,la imaginaciòn,el hambre y el frìo llevan al màs ecuànime a flipar que cualquier perro bastardo puede ser el mismìsimo Colmillo Blanco...Y asì estuvimos todos como sumidos en un sueño, embriagados por el repentino despliegue níveo de la naturaleza. Es que no es normal que salgas un lunes de casa y aparezcas en Alaska. Y por ello
había que tomar decisiones,y ràpido,pues podrìamos acabar muriendo de frío y quien sabe si comiéndonos unos a otros como los sobrevivientes de los Andes.
"Hay que moverse", dije con firmeza. Nadie me siguió. Ni modo.Avancé entrecerrando los ojos con los párpados escarchados de blanco, mascullando reciamente en voz alta al estilo del capitan Scott,que al pasar demasiado tiempo en completa soledad, cazando nutrias y contemporizando con los cuervos perdiò la razòn y luego la vida. Recordé a Jack London: "Conocía el habla callada de las cosas que se movían, el conejo en una trampa, el caprichoso cuervo batiendo el aire con sus alas. El oso arrastrándose bajo la luna, el lobo deslizándose como una sombra gris en el crepúsculo y la oscuridad...".
...Vi a alguien delante de mi, en la acera. Era una ancianita con su nietecito que danzaban sonrientes bajo la los copos flotantes como una vieja shamana chinook y su aprendiz lakota...Seguí mi camino, no fueran esos dos a querer cobrar alguna cabellera.
Pues asì la cosa me arrastrè desde la Uni hasta el Colòn donde ya no me notè los pies,y cruzar los alrededores de las Ramblas sin preocuparme del tráfico -no lo había- escuchando solamente el sonido sordo de mis pasos sobre la blanca superficie que antes era asfalto resultò apocalípticamente hermoso.
En algùn momento pasò un taxi, lento y dando bandazos,parecía de Oslo, de tan cubierto de nieve. Varios tìos trataron de detenerlo histèricamente dando grandes patinazos, pero no se detuvo hasta que por fin parò a mi lado..Y abriò la puerta.Yo que ya parecìa un muñeco de nieve,pero con bonitas formas,sòlo puede sonreir de gratitud...
-Esquìs o trineo?.dijo el graciosìsimo pasajero desde el càlido interior del taxi.
En ese momento,los transeùntes se acercaron como estampida enfebrecida de buscadores de oro del Yukòn hacia el taxi, y me sentì una cazadora de mapaches esquivando una estampida de bùfalos en plena estepa canadiense.Uno de los tipos,que traìa un gorro de castor,me empujò de tal modo que caì de bruces sobre un bulto de nieve que habìa acumulado en ese sitio la ventisca.Sentì el sabor de los copos fundirse en mi boca. El pasajero saliò del auto en dos segundos y me levantò en vilo y los que peleaban el taxi,al ver que èste se habìa descompuesto, corrieron todos en grupo hacia otro taxi que pasaba enfrente.
Y fuè entonces que ya no caminè sola bajo la nevada,y fuè bueno oir la càlida voz del graciosìsimo y seco ex-pasajero del taxi, que tiene una suerte de temer... Porque fuè cosa de suerte,como siempre,encontrarnos: Ese fuè el ùltimo taxi que pasò,antes del atasco que incomunicò a los mèdicos residentes del Vall 'd'Hebròn,y claro,lo tomò èl.y claro,me encontrò en el camino a casa,y claro,traìa un anorak seco para mi...y claro...tambièn traìa su termo con cafè...y.por supuesto,su cojonuda patita de conejo para la suerte...

...Tanta nieve purificò el paisaje. Tuvo un toque tierno, de dulzura. Con ese blanco resplandeciente la ciudad parecìa una sábana recién lavada. Era Barna una novia camino de la boda, recibiendo los pequeños copos sobre su velo, como si la Naturaleza festejara el amor que guarda en su corazòn y el confeti blanco que le sobra de sus fiestas de nubes se lo regalarà a Barcelona,y sòlo por guapa. Y es que con esta nevada,se podrìa decir,que a Barçe no le falta nada,y de todo va sobrada...

Más tarde, al llegar por fin a la Barceloneta, nevò con más fuerza y entonces empezó a cuajar la nieve en la playa. Se acumulaban centímetros de blancura sobre la arena,mientras un oleaje fiero y plomizo y un viento furioso nos congelaba.
Màs tarde dejó de nevar. Pero la nieve allí se quedò. Donde nadie tocaba la nieve, donde no pasaban coches ni viandantes ni barrenderos esparciendo sal, la nieve durò horas y así siguió durante toda la noche, sin perder ni un milímetro de espesor. Una vez formada la capa de nieve, ésta quedò inalterada mientras la temperatura no superò los OºC.
Caminamos los dos en silencio, en la playa nevada,frente al gèlido mar,y al verlo asi,firme ante el embate dal viento marino,recordè que mi mamà decìa que algo parecido a la nieve, ocurre con el amor. Por principio,decìa ella,el amor no surge a la primera de cambio o como mera ocurrencia. Ni con dos cafés, ni con palabras melosas y gastadas, ni con cartas romànticas,ni con promesas agradables,pero que pueden ser espurias... El amor,como la nieve,necesita màs que eso para que “cuaje” de verdad.
Pero si los actos son veros y constantes y leales, se mantienen en el tiempo...y al final, es que el verdadero amor “cuaja”...Aumenta cada día al principio como la espuma. La capa de amor va subiendo centímetros conforme sigue “nevando”. Y luego, si se cuida, no desaparece... ( Y cierto que fuè eso en el amor que mis padres se dieron).
Entonces,segùn mamà,sii la temperatura no supera los 0ºC, es decir, si se cuida ese ambiente de confianza, de lealtad,de respeto y de cariño, no necesita de más nieve. Basta una temperatura “adecuada” para mantener ese amor. Es suficiente con eso. Así, el amor persiste, dura y sigue bello y blanco y puro durante semanas, meses o años...Aunque yo he de añadir que no todos tienen la suerte de tener la fuerza de un alto glaciar en el espìritu, y aunque las ganas de amar,y la ilusiòn y las condiciones del ocèano,los vientos y las nubes del cielo sean perfectas,le temen a las alturas.
Pero porquè nieva de pronto? Igual aparece el amor,el verdadero? el que no falla ni con temperaturas superiores a los 0º?
Y es que estamos acostumbrados a comparar el amor con el fuego. Pero la nieve tambièn quema,pero no destruye como los incendios que reducen todo a cenizas,no,la nieve es agua germinal,es un devenir de vida...La cosa es que de ser asi,el amor se convertiría en algo tan fragil que sería perecedero,fugaz y con caducidad como el fuego o como la nieve ...?
Tal vez es que el amor autèntico es dificil encontrar o pasa que nos obsesionamos en encontrarlo cuando no hay que hacerlo,y ante la hipocrecìa y el desamor,nos volvemos un poco piromaniàcos y nos empecinamos en encender fuegos donde no hay nada...y es que quizà la naturaleza real del amor sea la de aparecer sin mas en tu vida, casi sin darte cuenta,sutilmente,para embellecerlo todo,como esta nevada en Barcelona...

Decìa mi mamà que en la cara norte del Pririneu,apenas ven el sol en invierno y asì,aunque no haya nevado en semanas,se sigue encontrando nieve polvo,fresca,sin mancillar ni helarse.Y es allí, en la zona umbría,en el corazòn profundo de la montaña pirenàica,que la temperatura ha sido la adecuada para mantener ese “amor” que hace que la nieve siga fresca.Es tan bello y tan sublime como eso...
Y tan frágil como eso...Pues basta que se acabe ese clima adecuado para el amor, para que éste se vaya fundiendo y desapareciendo... Como igual lo hace la nieve en cuanto ve el sol y se calienta.
Desaparece poco a poco.
Tardará más cuanto mayor sea el espesor, pero al final, si sigue sin temperatura adecuada, desaparecerá. Para permanecer necesita las condiciones de los glaciares,que son los mejores ejemplos de amor duradero, casi eterno (aunque nada es eterno). Allí, en esa altura,lejos de las miserias humanas,en esa soledad y esa pureza de aires,donde los umbríos del norte duran casi todo el año, las nieves son perpetuas y aguantarán incluso los meses más difíciles, en pleno verano, cuando todo parece derretirse y secarse. Los glaciares son un paradòjico ejemplo de que también en el amor, puede ser posible encontrar nieves perpetuas, pureza,belleza sublime y amor duradero, verdadero...
En fin,que al llegar la noche, sin luz en casa por los daños que dejó la nieve, mientras estaba en la ducha,y el agua caliente resbalaba sobre mi pelo y el resto de mi cuerpo dandome el inmenso placer de sentirlo por fin, pensaba en mis padres,sobreviviendo en el glaciar pirenaico durante meses, y les veía calentando agua en las ollas, en las cacerolas, o siendo valientes y duchándose con el agua helada... O, simplemente, no lavándose nada más que las manos y la cara con el agua del pozo, que debe ser como cubitos por aquellos lares.Soportaron aquello solo por la dicha de estar juntos...
Mi mamà gustaba de contarme el cuento de Blanca Nieves y hacerme sentir la princesita de piel blanca y cabello negro,con unos amigos enanos, a la que un prìncipe muy chulo despertarìa con un beso de amor,y yo me lo creìa todo,mientras mamà me cubrìa con varias mantas y encendìa los leños de la chimenea,y es que mi mamà amaba la nieve,porque fuè por ella,con ella y en ella, que se enamorò de mi papà...
Pero creo que yo no soy tan valiente como mamà. Playa y agua fría para el verano que en el invierno quiero agua calentita y chocolate despuès de juagar en la nieve,haya o no haya amor,que para nevadas en Barcelona y en pleno marzo, estamos...Y es que en ese asunto del amor,viene al caso el ejemplo de las golondrinas:las debiluchas y cobardicas son las que mueren,y son las fuertes y las valientes que no se acojonan ante ninguna ventisca, las que sobreviven a cualquier galerna invernal y llegan vivas y enteras para gozar los jardines y las fuentes de la primavera barcelonesa...

En fìn,que cómodamente instalada junto a la estufa de la cocina, a 22 grados,tomando chocolate al brandy, churros y algunos dulces y frutas secas,y pensando en como iniciar la segunda parte de la narraciòn sobre la memoria històrica en este blog,me volvieron a la mente aquellas nevadas de cuento de hadas que embellecían los naranjos en Tamaulipas, y que borraban los caminos,y que ponían un manto suave sobre los puentes y adornaban los tejados de dos aguas con su resplandeciente blancor, haciéndonos pensar a los niños de entonces, que una ternerilla gigante que vivìa en la Sierra Huasteca, había derramado litros y litros de leche sobre los llanos del rìo, y asì la tierra de mi niñez se volvìa radiante y todo lo que en ella moraba se volvìa sublime y limpio como el verdadero amor...