11/07/2009

La Doctora del portuguès ...




Los martes y a veces los jueves, eran los dìas en que papà subìa a las rancherìas para atender y llevar medicina a los enfermos de por allà.
Tempranito,despuès de desayunar y dar una ronda por la huerta de naranjos,esperaba al señor Garza,que era el terrateniente de las fincas de la sierra,para irse con èl a atender a los rancheros de la huasteca,que es una zona rural de gran pobreza,en la Sierra Madre Oriental,cerca del golfo de Mèxico.
Mi papà,que era un humanista de ideologìa comunista,iba a curar ahì por solidaridad y por bondad,y el señor Garza le prestaba a Canela y lo acompañaba por el i
nterès de que el doctor Joao,le ayudara con sus cìtricos y con su esposa enferma,y tambièn por platicar con mi papà y tambièn por cierta tendencia que tienen algunos mexicanos de ser muy serviciales con los extranjeros,como lo era mi papà en aquèl pais,olvidàndose,explotando y despreciando a sus propios compatriotas,como lo hacìa frecuentemente el señor Garza...La cosa es que cada martes,llegaba el señor Garza montado en su caballo,y con una yegua ensillada que se llamaba Canela,para mi papà y se iban a atender primero a la señora Garza,y luego a ver a los màs pobres de los caserìos,porque esa fuè la condiciòn que puso mi papà para curar a dicha señora. A la yegua que montaba mi papà, la llamaban,por toda esa zona de Tamaulipas,"La Doctora",porque,aunque no pertenecìa al mèdico Joao,Canela sòlo permitìa que èl la montara.
(En Mèxico la gente del pueblo suele llamar "doctor" al mèdico,y no asì, al profesionista que tiene un doctorado).Mi padre era excelente jinete,montaba a "la portuguesa" y tenìa muy buena mano con los caballos. A veces,cuan
do el señor Garza no hallaba veterinario,iba por mi papà a la casa, para que los ayudara con los alumbramientos de su caballada.
Es que en aquèllos años,mis padres tenìan que alimentar a 7 hijos,en un paìs extraño,y ya sin los ahorros que se acabaron al comprar la huerta y la casa en Tamaulipas. Por eso,mi padre ejercìa de mèdico,de mecànico,y de ingeniero agrònomo,sus tres carreras,y mi mamà era maestra, y vendìa fruta y mermeladas hechas en casa y hacìa traducciones para la embajada de Francia. Papà tambièn conocìa mucho de quìmica y de caballos y tradu
cìa del ruso y del inglès,y de eso vivìamos cuando yo tenìa 4 o 5 años.
Recuerdo con nostalgia los bellos dìas de aquèl tiempo en que mis hermanos,mamà y yo, veìamos a papà partir con el señor Garza,galopando sobre la Doctora,en los llanos quemados por el sol de otoño, junto al fluir limpio del Tamesì.
Era hermoso ver a mi padre montar a esa yegua. Era la energìa del sol en el piel de la yegua,y en el control del jinete,era tambièn una suevidad de plumas al viento acariciando sus crines, y la sonrisa libertaria en el rostro de mi padre,y era el intenso sol tamaulipeco besando al jinete y su montura que unidos bailaban una danza lusitana con su sombra de centauro en la tierra.

Mi padre sabìa dejar bufar,cocear,trotar,galopar y hasta bailar,liberta siempre su yegua,le dejaba recordar su orìgen de fuego salvaje,con sus movimientos delicados de hembra cargada de vida. Ver a mi padre montando a la Doctora,de vuelta a casa al anochecer,bajo la lluvia que volvìa todo azul y gris,era como ver a ese mìtico còrcel del tritòn,que emergiera del agua marina,entre la niebla: un par de seres que surgieran del caos amorfo del agua del rìo y la lluvia,seres,jinete y yegua,que volvìan de las vidas salvadas,de la bondad dada por instinto,de la lealtad otorgada como un deseo galopante hacia lo vital...
Recuerdo a mi padre volver a casa,fatigado,montado en la Doctora,y traer bajo el empapado gabàn,alguna gallina,o guajolote,o una bola de queso,y demàs regalos que la gente le daba por gratitud y cariño. Algunas veces,mi papà iba en la yegua hasta Victoria,y era cuando me traìa algun juguete,o un libro de cuentos,y entonces era yo muy feliz.
Tambièn fuì una niña dichosa cuando papà me subìa con èl,a la grupa de La Doctora,y me enseñaba mis pininos como jinete.
Cuando papà aseaba a La Doctora,Joaquim y yo lo ayudabamos,porque Joaquim fuè el ùnico de mis hermanos que heredò ese gusto por la equitaciòn de mi papà. En esos momentos,papà nos contaba numerosas fàbulas y leyendas de caballos,nos decìa,por ejemplo,que los caballos previenen a sus caballeros,porque son clarividentes y le advierten siempre del mal,porque tienen una inmensa intuiciòn.
Tambièn nos contaba de los bellìsimos caballos de la historia,porque èl decìa que sin caballos,la historia del mundo no hubiera sido èpica,sino patètica.
Asì,por sus narraciones,conocimos a Auriga,el caballo del dios Apolo, a Zèfiro,el de Aquiles,a Pegaso,el caballo alado de Perseo,que luego se convirtiò en estrellas,a Boyardo.tambièn vuelto estrellas- del caballero Rolando...a Dictador, y Genitor,que asì llamò Julio Cèsar a sus dos caballos gemelos,y Bùcefalo,el persa negro azabache de Alejandro Magno,un caballo lucero con una estrella blanca en la frente,asustadizo hasta de su propia sombra,hasta que Alejandro Magno lo logrò montar...
Y Strategos,el caballo de Anìbal,y el Incitatus,de Calìgula,caballo hispiano que el emperador nombrò senador,cosa que mi papà celebraba,pues siempre valorò màs la sabidurìa y la bondad de los caballos que la inexistente en los polìticos.
Y Babieca el del Cid,andaluz blanco,que desde que el campeador muriò,nunca màs fuè montado.
Y otro blanco: El Marengo,que asì se llamaba el caballo preferido de Napoleòn,que llegò a tener 130 monturas...Y el màs entrañable: Rocinante,rocìn del Quijote de la Mancha...y recordar a Ruccio,el burro de Sancho,no estorba...
Y a Tornado,el caballo del Zorro,y a Plata,el del Llanero Solitario, y Pinto,el de Toro,y Aethenoth la yegua en la que la legendaria lady Godiva paseò desnuda por su aldea...y el de Hernàn Cortès,que era un alazan llamado Molinero...Y Palomo,el de Bolìvar,y Siete Leguas el de Pancho Villa,y As de Oros,el de Emiliano Zapata...


Pero para mi,el jinete màs admirado, y la yegua màs heroìca,fueron Joao,el mèdico de pueblo, y la Doctora,una zaina,azteca y colorada, cabos negros,que habìa sido usada en una funeraria de Laredo como tiro de carroza funeraria,hasta que la comprò el señor Garza,para tirar arados...Y fuè cuando mi papà la viò,y la salvò de ese destino en la yunta,como condiciòn para curar a la señora Garza de su gota,y le diò a la Doctora,la dignidad y la libertad que la yegua merecìa.
En la finca del señor Garza se criaban y se compraban y vendìan caballos de andar,caballos mestizos y se cruzaban criollos y purasangre. Tambièn se organizaban carreras clandestinas,llamadas "parejeras",donde corrìan dos caballos y se hacìan apuestas cuantiosas entre los rancheros de la zona.Muchas veces,llegaban corriendo a pedirle a mi papà que atendiera a algùn herido de bala o machete,por una pelea en aquellas carreras clandestinas.


Siempre habìa apostadores que venìan los fines de semana a las carreras en el monte,y tambièn compradores interesados por algùn caballo,y vendedores que traìan potrillos para la cruza,o para el trabajo en el campo,asì que siempre habìa caballos que llegaban,y otros que se iban en las fincas del señor Garza.Y tambièn habìa uno o dos muertos al mes en esas carreras.
Y pasaba tambièn que mi papà y mi mamà estaban tan preocupados trabajando, tratando de pagar escuelas y tenernos sanos y cuidados a mis hermanos y a mi,que nunca pensaron en juntar dinero para comprar a La Doctora.

Y entonces un otoño,cuando mamà y yo volvìamos de la escuelita del pueblo,vimos a,tres hombres sòrdidos,obesos,con sombrero y cuera,con cadenas y pulceras de oro y empistolados, que se acercaron a mi casa y buscaban a mi papà.
Mis hermanos, que eran unos chavales aùn,se plantaron valientes tras de mi papà,mi mamà y yo,nos metimos a casa,ocultas,y ella,bastante asustada: Esa fuè la primera vez que yo vi a unos "narcos del càrtel del golfo" sin entender bien a bien que era lo que eso significaba...
Ese otoño en particular,era muy frìo en Tamapulipas,y mucha gente se pasaba al otro lado de la frontera con Estados Unidos,por Matamoros o Nuevo Laredo, a comprar abrigos y enseres baratos en los malls gringos,ya que en las tiendas mexicanas no vendìan cosas adecuadas,o las vendìan,pero al triple de caras que en USA,y eran cosas impresindibles para aguantar un invierno que se avisaba crudo. Mis papàs habìan juntado algùn dinero de la venta de la ultima cosecha,para ir a Laredo a comprar ropa y zapatos para mis hermanos y para mi,y algunas cosas que hacìan falta en la casa. Recuerdo que mamà fuè a la cajita donde se guardaba ese dinero,y llorando lo tomò y ya iba a salir con el fajo de billetes,pensando que esos sujetos asaltaban a mi papà,cuando èste entrò,sumamente serio y tenso.
Le avizò a mamà que los tipos querìan que corriera en las "parejeras",porque no tenìan jinete para sus apuestas,y le dijo muy quedo:
-Si pierdo,estos hijos de puta me matan y nos queman la huerta...
Mi mamà mirò largamente a papà,y por fin,sin una palabra asintiò y sonriò.
Luego de un beso,mamà le dijo,enamorada profundamente de èl,admiràndolo y confiàndo en èl ciegamente:

- No pierdes,nadie monta como tù...Corre,y gànate su respeto...Es màs,toma el dinero de la cosecha,apuèstalo a la Doctora...
Ese dìa,papà ganò tres carreras,montando a dos buenos tresañeros,y a la Doctora,que le triplicò el dinero de la cosecha de naranjas de ese año...Y se ganò el respeto de aquèllos hombres que no volvieron a amenazarlo y hasta lo saludaban quitàndose el sombrero y dicièndole un respetuoso: "Buen dìa,dotorcito"

Fuè entonces que mamà insistiò en comprar a la Doctora al señor Garza,porque sabìa cuànto la querìa mi papà.

No tenìamos potrero,pero papà contruyò una pesebrera y mamà la cubrìa todas las noches con una doble manta de arpillera con una frazada gruesa para que la yegua estuviera calientita. Tambièn mamà le daba sopa de repollo y pilones de melaza.

Al siguiente verano,La Doctora diò a luz a un hermoso potrillo que mi papà llamo O Vento...
Pero la Doctora quedò mala,porque ya era vieja.
Para conocer la edad de un caballo,se le mira la dentadura. Sus dientes estàn formados por cemento,esmalte y dentina. Asì se sabe que es joven cuando el cemento no se ve,y no se han torcido sus dientes.Y se sabe que es viejo cuando el cemento aparece muy gastado y sus incisivos estàn chuecos,o inclinados sobresaliendo de sus labios.
Los caballos,tambièn, poseen un gran campo visual lateral, pero no pueden ver lo que tiene enfrente suyo. Su vista es buena a corta y larga distancia pero no a mediana,pero algunos,ya de viejos,reducen su visiòn y van quedando ciegos como le pasò a la Doctora.
Aunque los caballos siempre tienen la gran la capacidad de reconocer sonidos a grandes distancias, y pueden identificar voces que le sean familiares, también es capaz de reconocer la procedencia de los sonidos. Y entonces a eso recurrìa La Doctora para guiarse,levantando las orejas atenta al sonido de la voz de mi papà...
Pero una tarde de lluvia,de un otoño frìo y brumoso como el de este año,a un relàmpago,La Doctora rompiò la pesebrera y echò a galopar ciega y aterrada, bajo el chubasco, hacia el rìo que venìa crecido...

Papà,sòlo de escuchar el relincho entre el fragor de la tormenta,saliò de casa raudo,sin lleva
r siquiera su gabàn,para alcanzar a la Doctora antes de que la aguada se la llevara,ahogàndola.
Mamà,y mis hermanos Joaquim y Alonso,salieron tras papà,con sogas y làmparas.
Yo me quedè en la puerta de la casa,mientras mis hermanos mayores Manolo y Alvar quedaron en cama,pues estaban enfermos de fiebre alta y tos,y no pudieron ir a ayudar a mi papà a buscar a la yegua...
Y fuè cuando la vi volver: Regresaba de su ciega cabalgata,a galope,como una diosa equina,era Epona,la diosa-yegua celta de los Pirineos,màgica,rompièndo la lluvia con su finura altiva,ciega si,pero galopando como en intangibles nubes,deteniendose apenas y reculado en el lodo,al rozar con el morro, la ventana de la habitaciòn de papà...
Los gemelos,con fiebre,no vieron nada ni podìan salir,pero yo si,asì que con inconciencia infantil,salì de casa y me acerquè a la Doctora despacito para no asustarla...
Para montar a la brida se requiere un arnès cabeceo que se sujete al caballo mediante esa bri
da y el freno, o bocado,con las riendas.
Papà usaba una silla sin resaltes o salientes que pudiesen lastimar a la Doctora,y usaba los estribos muy bajos,porque èl era alto,y no usaba fusta. En ese momento recordè todo eso,y entendì como papà era dulce con la yegua y la palmeaba con suavidad,y ella al cariño,obedecìa,o se serenaba.

Por eso,cuando estuve al lado de la yegua,tomè un banquito y trepè al dintel de la ventana y desde ahì,sujetè su crìn,segùn yo,con fuerza,para no dejarla ir...Y empecè a acariciarla y abrazàndole por el cuello,le cantè el Himno Nacional Mexicano que estaba aprendiendo en el colegio...

La lluvìa arreciò,los relàmpagos caìan cerca y a pesar del miedo de las dos,ahì ambas,esperamos la vuelta de papà...
Una hora despuès,mamà y Joaquim volvieron y me hallaron ahì,bajo la lluvia,al lado de la Doctora,cantando el Himno,por centèsima vez en las orejas de Canela,y entonces Joaquim,de inmediato se hizo cargo de ella,la secò,la calmò,le puso una manta y la metiò al box,hablàndole y serenàn
dola. En esos momentos llegò papà con Alo,venìan cubiertos de lodo y gritando:
"Doctoraaaaa" "Bonitaaaaa" y chiflaban,de tal modo que la yegua los oyò,y se inquietò de inmediato,pateando el box.Entonces empecè a cantarle de nuevo y la yegua se serenò.

Nunca podrè olvidar la expresiòn de mi padre,cuando viò a su yegua a salvo: Lloraba,y al mismo tiempo,sonreìa,y acariciaba a Canela,y respiraba con alivio,y me miraba a mi con gratitud,y con una gran sonrisa bromeaba con mamà,dicièndo que el Himno mexicano era un himno màgico,y que yo era su bruxita encantadora de caballos...

Años despuès,mi hermano Alo me preguntò como es que teniendo 6 años,yo habìa tenido el valor de salir a la tormenta,de noche,con la yegua ciega,que estaba histèrica de miedo,y habìa podido quedarme ahi sujetàndola y cantàndole el Himno de Mèxico.
Fuè sencilla la respuesta: Porque el Himno mexicano me gusta,pero sobre todo,fuè porque me puse en el lugar de mi papà,y pensè y supuse lo que èl sufrirìa al ver ahogada o herida a la Doctora...
(Eso se llama lealtad,o para simplificar la idea,se puede llamar empatìa,y,aunque sea infructuoso explicarlo a algunos seres mezquinos,porque les es algo absolutamente incomprensible,pasa que la empatìa es una sensaciòn que la buena gente experimenta al ponerse en el lugar de otra persona y sufrir su sufrimiento,y alegrarse por su dicha,y eso es muy comùn en los niños,que no se han corrompido aùn de egoìsmos ,y siguen viendo a los otros de un modo sincrètico,en donde todos formamos parte de un todo,y no existen otredades mezquinas ni
conveniencias personales,ni egoismos comodinos,ni existe la traiciòn,sino simplemente,la inocencia y el amor puro guìan los actos,como el que yo sentì por mi padre,y mi padre por su mujer,sus hijos,sus pacientes,su yegua y sus naranjos,y la yegua por toda la familia de su dueño,incluyendo a la niña que sencillamente y por empatìa natural y por el gusto desinteresado e inocente de ver contentos a sus seres queridos solamente, cantò bajo la tormenta,un Himno extraño - que nadie en su familia conocìa,pues sòlo ella habìa nacido en esas tierras mexicanas- a una yegua ciega y asustada...)Pasadas esas lluvias,al final de aquèl otoño,el señor Garza le propuso a mi papà que le vendiera a la Doctora,a 20 pesos el kilo-un euro,màs o menos-y como pesaba unos 400 kilos de carne...
La yegua esperaba nerviosa entre los verdes naranjos,alerta en su ceguera a cualquier vuelo de tordo,o ruido en la hojarazca que le avisara de una serpiente de cascabel...
Tal parecìa que Canela sufrìa mucho y estaba muy enferma de algo grave...Aunque yo no me dì cuenta de ello,por que yo era pequeña.

El señor Garza traìa su troca con los cajones del hielo para la carne, y con èl venìan dos carniceros con sus cuchillos y sus delantales y botas manchados de sangre vieja.
Mi papà se acercò a la Doctora y le acariciò la frente,ella,con la mansedumbre de sus 22 años,y con cierta tristeza imperceptible,moviò su cola y lanzò un ronco y quedo relincho.
Papà tambièn estaba muy triste: recuerdo su mirada desolada,su sonrisa fija,sìntoma de la "depresiòn sonriente" que tiempo despuès padecerìa afectado por la luz de los otoños,y por las pèrdidas irreparables en su vida,y recuerdo,sobre todo, el modo suave y firme con el que metiò el cargador a su pistola: era una especie de presagio de fatalidad lo que movìa sus manos expertas con las armas...

Entonces mamà,miràndolo con una inmensa preocupaciòn,que yo jamàs habìa visto en ella,lo detuvo de la mano y lo abrazò. Algo le dijo quedamente al oìdo.
Papà entonces bajò el arma y me viò a mi,y luego viò a mis hermanos,que estabamos asustados y espectantes. Por fin,se guardò la pistola en la zamarra,y sonriò. Me acariciò la cabeza al paso,y le dijo al señor Garza con voz clara y fuerte:
-La Doctora no se vende,amigo...Ni viva,ni muerta.
-Pero si està sufriendo el animal,don Joao...usted que le sabe,mìrela,ya està muy jodida...Aquì los del rastro le evitan la pena de que usted la ultime...y que hay de malo en que se use su carne?

Mi papà sòlo le respondiò con una mirada desolada. Y mamà fuè la que le dijo al señor Garza que no ibamos a matar ni a vender la carne de la Doctora,de ningùn modo.
El señor Garza se fuè con los carniceros sin hacer ningùn negocio.
Papà estuvo toda esa tarde en la huerta,al lado de la Doctora,y luego la llevò al vado del rìo,en el desaguadero,y la bañò con agua tibia de sol.
Mamà le diò azùcar y bollos,y Joaquim,que estuvo llorando mucho rato en el cobertizo,fuè el que le llevò a papà el maletìn.
Papà le puso una inyecciòn muy grande para evitarle el dolor y que muriera sin sufriemiento... Y Joaquim,mamà y èl,pasaron la noche con ella...
A la mañana siguiente,fuì al box de la Doctora,y no estaba,ni tampoco estaba con Vento,su hijo que pastaba en el pajar,ni estaba en la arboleda donde papà acostumbraba atarla,ni debajo del pino,y no estaban mamà,ni papà,sòlo se oìan,lejanas,las voces de mis hermanos trabajando en la huerta...
De pronto, tras la casa oì ruidos...fuì y cuàl no serìa mi sorpresa…
Allí estaba la Doctora,comiendose los geranios de la macetas de mamà,bajo la la ventana de la habitaciòn de mi papà,como si nada,sanìsima y travieza,masticaba las deliciosas flores prohibidas para ella, por mamà...me acerquè,la acariciè,le cantè su himno y le dì toda mi reserva de dulces: comiò lunetas,jamoncillos,panellets,y un chocolate que tenìa una vaquita en su envoltura,unos paletones de malvavisco,y mis galletas de forma de animalitos...

Cuando papà y mamà aparecieron con la troca del señor Garza para llevarse el cuerpo de la yegua,mis hermanos oyeron el motor,y salieron de la huerta donde trabajaban,y no dieron crèdito a lo que vieron:
La Doctora estaba viva,a pesar de sus 22 años,de inyecciones y de enfermedad!
Papà,no querìa hacerse muchas ilusiones,pero al revisar a la yegua,notò su mejorìa y entonces papà ya no estuvo tan triste...
La Doctora muriò,pero dos años despuès,en el campo,en un verde prado bajo el cielo azul de la primavera,porque estuvo como espèrandose a que Joaquim viajara a estudiar veterinaria y Ciencias de la Tierra a Barcelona con los abuelos,y asì no sufriera el muchacho por su muerte,y de ese modo fue que a la semana de irse Joaquim, muriò la hermosa yegua Canela,que sòlo llegò a dar bondad a nuestra casa...muriò apacible,como duermiendose,mientras mi papà la acariciaba y le decìa con voz suave y en portuguès cuanto la habìa querido y lo mucho que le agradecìa su bondad,mientras una dulce brisa se extendiò entre los naranjos en flor,bajo el limpio cielo tamaulipeco..
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Papà y mamà enterraron a la Doctora en el solar del prado,a un lado del huerto, y a partir de ese entonces,crecieron sobre su tumba,una gran cantidad de campànulas azules y bellìsimos girasoles...




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