11/04/2009

A galopar...


Bitàcora:
Caballo de espuma.
parte 2



Sobre la tasca pirenàica, en el corazòn del elev
ado Collsacabra, se halla la remota y muy acogedora hípica de Joaquim, donde sòlo se oye el viento sobre las copas de los àrboles, los cantos de las cigarras,los estorninos,y los gorriones, y el murmullo de un riachuelo cercano. Llegamos a ese lugar para iniciar una cabalgata deportiva por la ruta de la trashumancia catalana.pirenaica, poco antes de que caigan las primeras nevadas del otoño, y asì,mientras las monturas y los jinetes iniciamos la marcha,admiramos un estallido de colores producido por miles de flores que se despiden del otoño,y tambièn por el fulgor de las hojas secas de los àrboles que toman los màs variados matices con los que el càlido verano pintò antes sus hojas.
Los colores bellìsimos que convierten estos agrestes parajes en auténticos jardines,donde las flores de nieve,los lirios, el gamón, los narcisos, las orquídeas, las gencianas y los hièricos,las pasionarias y un sinfín de setas que se afanan por desarrollarse a toda prisa en el corto espacio de tiempo que están libres de nieve.
El otoño llega por el Camino Real a caballo desde el Besalù y la Garotxa,hasta las vere
das a travès de los misteriosos pinares de pino negro y pino rojo que bajan al fondo de la Baga de Ridolaina. El otoño se desliza a las comarcas del Pallars Jussà y Pallars Sobirà, para llegar finalmente a Francia, a travès de los caminos usados antiguamente por los contrabandistas y los pastores.
La trashumancia ancestral,todavìa hoy,se puede ver por esos parajes cuando al principiar las lluvias del otoño,los pastores guìan a sus rebaños a lo largo del Camino Real-donde el bandolero Serrallonga cometiera alg
unos de sus màs afamados atracos-y asi pues,van los pastores eludiendo el invierno que llegarà pronto al nordeste de Catalunya,con su ganado hacia las màs càlidas regiones de la costa.

Cabalgando por esas comarcas de la Garrotxa,de suaves y redondas colinas,que de sùbito se tornan salvajes y extrañas formaciones rocosas de las montañas del Collsacabra,fuè que conocì màs profundamente a mi caballo Follet...
Su curiosidad casi infantil mientras recorrimos esos tupidos bosques y prados de la
s montañas,a lo largo de las silenciosas y remotas tierras de pastores,ciervos y àguilas reales,fuè un verdadero reto para saber su temple y su instinto,ya que siempre siguiò a su lealtad,sin exponerme a ningùn peligro por su curiosidad.

Y cuando el grupo de jinetes acampamos la primera noche,al lado de una hoguera en un bosque de pinos negros,àrboles con casi 600 años de antiguedad, que retorcidos y maltrechos entre las rocas y las fisuras,daban un poco de mal rollo,mientras los sonidos nocturnos,inquietaban a los caballos,fuè muy divertido ver al Follet envestir como un toro de lidia a unas pobres lucièrnagas que nada le hacìan...
Por fin,cuando finalmente se cansò,se quedò dormido de piè,junto a unos aràndanos y unos helechos,y ahì,inmòvil sobre el sotobosque,con un clima algo hùmedo y frìo,pero sin viento,bajo una luna deslumbrante,me diò la idea de que Follet era un sutil unicornio disfrazado de caballo bobo...

A la mañana siguiente los doce jinetes y nuestros caballos,cruzamos a galope ligero,un bosque de abetos gigantescos,con troncos enormes.
El abeto es una conífera gigantesca que puede llegar hasta los 50 metros de altura y los Pirineos catalanes son el único lugar de la peninsula ibèrica donde se pueden encontrar. Bajo los abetos inmensos, crecen diversos tipos de hongos y setas, la valeriana del Pirineo, orquídeas, fresas, y unas violetas bellìsimas...

Los gritos àsperos de un alcaudón irritado o alarmado nos sobresaltaron a todos,pero al poco rato su canto se volviò melodioso y triste...hasta que una pirada de cuatro jabalìes nos saliò corriendo al paso...yo me aterrè,pero Follet se mantuvo firme y tenso,listo para soltar la coz en mi defensa o para salir huyendo a una velocidad inusitada para los gordos cerdos salvajes...Pero los sempiternos jabalìes,màs asustados que nosotros,salieron huyendo hacia las zonas bajas de un hayedal cubierto por la niebla...
Joaquim y los demàs amigos bromearon sobre los jabalìes: quizà iban totalmente alucinados,porque en el lugar habìa,entre helechos y delicados musgos,grandes cantidades del hongo amanita muscaria,que es alucinògeno
y que los jabalìes estaban comiendo cuando nosotros los interrumpimos en su extraño banquete...
Follet,antojadizo que es,quizo comer una de esas setas,pero mi hermano Joaquim se lo prohibiò terminantemente...Yo le dì,como modo de compensaciòn,un terroncito de azùcar y un cariño...
Ese dìa cabalgamos entre bosques mixtos de tilos,fresnos,avellandos,tejos,arces y robledales,y entendì que no hay nada màs hermoso y màs sagrado que un àrbol,que en cada bosque se concentra toda la sabiduria de la vida,con la infinita belleza que eso conlleva,y que muchos seres humanos,ocupados en sus mìseras "propiedades" pasajeras y absurdas,les importa un comino el deterioro de la Naturaleza,porque es màs importante para esos miserables tener dos automoviles,o poner sus pisos de madera,que la vida de un dulce y frondoso serbal,o de un elegante olmo,porque para ese tipo de sujetos,la vida intangible de los àrboles,no tiene sentido,puesto que si ni a los animales respetan,mucho menos a los àrboles,que no tienen modo de defenderse de los paràsitos humanos que destruyen todo lo hermoso,puro y sublime de este planeta.
Cuando vimos unos cuervos comiendo las frutillas rojas de un tejo,mi caballo relinchò,y contagiò a los demàs,sobre todo a La Parrala,que como yegua primera actriz,le exigiò a Joaquim alimento.
Nos detuvimos en un claro a las orillas del rìo Fluvià,en el Alt Empordà,donde una amiga de Joaquim tiene una masìa,y ahì Felìcitas nos hospedò esa noche.
Cenamos una deliciosa tortilla de patatas y setas,y una copa de cava,y caimos rendidos,hasta el amanecer,ya que unos insistentes relinchos nos despertaron a todos: Claro,era Follet,que me extrañaba,y querìa saludarme tempranito tempranito...
Tras un desayuno de pan,leche y cafè,en una bonita mesa al aire libre,con vista al Pirineo, ensillamos los caballos y montamos a paso ràpido por unos apasibles caminos boscosos,en una mañana fresca y limpia,con un s
ol nuevecito que hacia destellar las gotas de rocìo sobre la hierba y sobre la crin de mi caballo.
El aire era agradable y aromático a maderas y perfumes vegetales y sólo los sonidos de la naturaleza llenaban la placidez del día. Arriba en la sierra montañosa, una pequeña iglesia románica tocò su campana para llamar a misa en alguno de los bellos pueblecitos de la comarca.


Fuè cuando descubrì algo impresionante en los altos de los troncos de algunos àrboles:
Clavados en algunas ramas,estaban algunos pajarillos pequeños,muertos...
Axel,amigo de Joaquim,que es biòlogo,nos explicò que hay un pàjaro,el Dorsirojo,que tiene la cruel costumbre de clavar a sus presas en los espinos para almacenarlas para la llegada del invierno como una despensa,que a menudo no consumen,porque otros depredadores se los ganan en un descuido.
El calor del sol nos avisò que era el momento del dìa en el que las aves necròfagas como el buitre,el torcecuello,y el alimoche buscan comida,entre los pequeños mamìferos muertos. Se les ve sobrevolar sobre nuestras cabezas,tal vez han vis
lumbrado desde su altura a alguna oveja muerta por los campos de las laderas.
Los dejamos atràs porque nosotros avanzamos hacia los bosques,donde se ocultan los cernìcalos y los quebrantahuesos.
El paso de los caballos entre la maleza,hacen volar parvadas de perdices blancas.

Al atardecer,ya fatigados,llegamos por fin a la ciudad medieval de Besalù,y pasamos por el puente romànico de Llierca,donde se dice que se aparece a los viajantes,un extraño y terrorìfico perro negro,que segùn lo desee,se vuelve pequeño o crece hasta volverse enorme y devorar a los viajeros...No vimos ningùn perro,pero pasamos a todo galope el puente,por si acaso,y llegamos pronto a una alberca natural de aguas cristalinas,donde nadamos un rato para refrescarnos,y refrescar a los caballos,y luego comimos un picnic delicioso de pan abierto con arenques y tomate,frutas frescas y secas,y cava refrescada entre las rocas del fondo de las piscinas naturales.
Algunos tomaron la siesta,mientras Mozz y yo,cepillamos a nuestros caballos,y platicamos.
Mozz,mi amigo mexicano,comparte el gusto por los caballos,ya que de niño trabajò en una cuadra,y siente
mucho cariño por los animales y la naturaleza. Y me dijo algunos secretos para entender a Follet,por ejemplo,me contò que los caballos tambièn tienen cambios de ànimo,que a veces se sienten melancòlicos,y otras veces estàn alegres,lo mismo que sus jinetes,y que un caballo se puede llegar a morir de tristeza si su jinete muere,y me dijo Mozz,que los caballos prefieren los sabores dulce y salado,pero que el sabor agrio lo abominan,lo mismo que los olores,prefieren los aromas de las flores y las frutas,en cambiò,el olor de puros,o de cosas quemadas,los asustan mucho. Un caballo llora y tambièn rìe,y si su jinete està triste,el caballo puede llegar a creer que es por culpa de èl,y entonces el animal sufre,por eso es responsabilidad de todo jinete,mantenerse sereno y alegre mientras conviva con su caballo,para que el animal,que es muy sensible,se siente bien y satisfecho.
Y todo eso que contaba Mozz,lo escuchaba atentìsimo Follet,sintièndose fresco,muy bien cepillado y querido por todos,listo a galopar en esas bellas tierras que lo vieron nacer.
Despuès de la siesta,montamos de nuevo para cruzar el paso de Santa Bàrbara,y sus extrañas cimas rocosas,en el corazòn mismo de la Garrotxa.

Al anochecer llegamos a la posada de Xavi,otro de los jinetes del grupo,que nos abriò su hostal para pasar ahì la noche,y mientras cenamos en su terraza,podìamos ver a los caballos paciendo en un potrero muy verde,y escuchar de vez en vez,el aullido de un lobo en las altas montañas del Pirineo.
El paso razante de un bùho nos avisò que ya era muy noche y debìamos ir a dormir.
Por la mañana,nos dedicamos a lavar la ropa,a acomodar nuestras mochilas,a asear a los caballos y a descansar un poco,pues la equitaciòn es un deporte que puede ser muy desgastante tanto para la
montura,como para el jinete si no se da tiempo para reponer energìas.

Xavi tiene una huerta en su hostal de veraneo,con tomillo,camomila,lavandas y linos,y algunas otras florecillas de olor
y entonces,limpiando su herbario,tomè algunas de las plantas sobrantes y tejì un extraño sobrerito,que fuì a ponerle luego a Follet.
Se sentìa soñado,y entornaba sus ojotes,feliz de oler las florecillas que colgaban de su frente.
Asì lo tuve todo el dìa,hasta que por fin me ganò,y meneando las orejas,logrò quitarse su sombrerito y comerlo entero.
En cuanto lo vì,hizo lo de siempre,echò a correr,burlòn. Al seguirlo,descubrimos un camino comarcal por donde seguramente habrìan pasado las ovejas pocos dìas antes,pues sus holladas y excrementos,asì lo avisaban. Unos escarabajos verdes,enormes,y unas moscardas translùcidas se alimentaban de eso. Y tambièn una bellìsima comunidad vegetal de narcisos bicolores que bordeaba esa vereda.
Ahì nos quedamos Follet y yo,viendo las flores a la luz dorada de el mediodìa otoñal.
Entonces fuè que apareciò un corzo,primero,que al vernos,huyò dando saltos entre las matas.
Ibamos a volver,cuando el vuelo razante de un àguila real nos detuvo:
Vimos pasar muy cerca lo que la bellìsima ave rapaz cazaba: era una marmota francesa,que es un roedor enorme de orejas cortas y su cabeza ancha. Su espeso pelaje es de color pardo grisáceo y en lo que es un pestañear,la marmota emitiò un chillido corto y se metiò a un hoyo en el prado.
Follet,que comìa narcizos,quiso ir a patear el hoyo de la marmota,pero entonces oìmos la voz de Joaquim que nos llamaba a comer.

La tarde de ese dìa la pasamos en el potero,Follet comiendo pastura y zanahorias,y yo leyendo un libro mientras tanto. El ùnico incidente fuè que vimos pasar corriendo como un rayo,a un zorro rojo,pequeño y osado,que buscaba alimento en el basurero del hostal,pues suelen comer de los deshechos de las estaciones de esquì,que aùn no abren la temporada,pero los zorros no entienden de turismo y si de hambre,y por eso Xavi les deja algunos bocadillos, mientras llega la nieve.
Y los zorros,agradecidos,atrapan y engullen a los ratoncillos y a las musarañas,para que no se metan al hostal a hacer sus nidos.
En la noche,desde mi cuarto en el hostal,oì a los zorros cazando musarañas...

El amanecer sobre el valle de Llierca fuè rosado,extendiendo sus tintes encarnados sobre las impresionantes colinas rocosas.
Sòlo el sonido de los cascos de nuestros caballos,el murmullo del agua de una corriente cercana,y el acompasado sonido de unos cencerros de unas vacas daban vida a la quietud profunda de esa mañana en la Garrotxa.
Las mariposas y unas largas lagartijas nos acompañaron todo el camino,y sòlo pudimos ver dos tejones y al àguila del dìa anterior,buscando marmotas. Por la tarde llegamos a Beget,una pobla donde pasamos la noche,mientras los caballos descansaron en un establo,comiendo maiz y verde pasto de pradera.

El quinto dìa cruzamos una meceta,donde encontramos un nido de àguila, mientras nos dirìgiamos Pirineo adentro. Un antiguo camino de contrabandistas,que data desde la edad media,nos lleva a la frontera con Francia. Dejamos atràs el prePirineo,y cruzamos unos aromados bosques de robles y castaños que cubren la montaña. La primera llovizna del otoño empieza a caer,frìa,tupida,como dandonos la bienvenida a las colinas francesas.La vista de las montañas a esas alturas es impresionante,y nos mantiene en un suspenso extasiado,hasta que llegamos,por fin a una pradera. Es cuando,a todo galope,cruzamos los verdes prados y llegamos por fin a nuestro destino,el pueblo montañès de Espinavell,al pie de la montaña de Costa Bona.

La belleza misteriosa de un paisaje siempre verde y húmedo contrasta con el marrón rojizo y las rocas plateadas de las mesetas.El camino es sombreado, húmedo y fresco, y la frondosa vegetación selvática parece impenetrable. Pero es Follet el primero en llegar,dejando atràs a los otros caballos.
Llegamos a esa regiòn francesa,poblada de narcisos,iris y rosas silvestres,que adornan como alfombras multicolores a los prados y a las colinas.

Lo hemos logrado: Cruzamos las altas montañas de los Pirineos a caballo,y llegamos a Francia temprano,los caballos estàn frescos aùn,y pastan entre vacas,ovejas,cabras y gansos franceses.
Ahora sòlo nos queda esperar un dìa para descansar,y tomar despuès,el camino de vuelta al Alt Empordà...


Mientras tomamos un descanso tumbados en la hierba,vemos al ave màs impresionante del Pirineo: el quebrantahuesos. Su silueta recorta su sombra como si fuese un gigantesco halcòn. Con una envergadura de casi tres metros,de un color gris pizarra,y plumas anaranjadas en el pecho,esta rapaz anida en las inmensas paredes verticales de las montañas y lo impresionante es que gran parte de su dieta consiste en tragar mèdula de los huesos de sus vìctimas,y cuando son demasiado grandes para ser engullidos enteros, los deja caer sobre las rocas de su "rompedero", para que se fragmenten y así aprovechar su médula.
Cuando los demàs tomaban fotos del ave gigante,mi hermano Joaquim hizo algo que seguramente cambiarà mi vida:
Joaquim,con su suavidad acostumbrada,se acercò a mi,y me dijo en voz queda que ese dìa era mi santo,y para celebrarlo,me deseaba regalar al traviezo Follet...

Mientras monto a Follet y voy a todo galope por la inacabable pradera,y siento la brisa frìa y perfumada de la montaña en el rostro,y veo al oeste el pico màs alto de Catalunya y al este la Costa Brava,con el brillo azul purìsimo del Mediterràneo,me abrazo a su cuello,para que nadie me vea llorar,y siento que Follet siempre està de fiesta,celebrando la vida,como yo misma lo hacìa antes...
Pero yo no voy a permitir,que nadie,nunca,jamàs,le arrebate esa inocente alegrìa a mi caballo...

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