11/09/2009

Barcelona blues...


"...La tardor porta tristor"







Si aùn no hemos atrofiado nuestro olfato con los liquidos quìmicos que venden las trasnacionales para hacernos creer que eso es un "perfume" y que por usar eso pertenecemos a una cla
se social muy chic y a la moda,y pagamos con nuestra mutilaciòn odirìfera y bastantes euros por un producto quìmico cien veces màs caro de lo que es,y que ademàs se prueba en los laboratorios torturando animales,en fìn,que si no hemos atrofiado nuestro olfato y nuestro cerebro con la publicidad y los objetos chatarra que nos vende el capitalismo,es posible que podamos percibir uno de las fragancias màs hermosas que existen.
En la naturaleza se da el prodigio: Cada estaciòn del año tiene su aroma caracterìstico,pero uno de los olores màs deliciosos es el que ofrece el bosque,precisamente en estos dìas,el olor que el viento trae desde el bosque de la
montaña...Es el elegante y sutil perfume del musgo fresco que invade el reino de las sombras.
Tras las tormentas de estos dìas,el musgo cobra un espledor vegetal y se aroma con esencias de hojarazca,lluvia y barro,y esparce su fragancia de frescor verde y limpio,si...un perfume verde,el del musgo...
Aunque ese aroma no dura mucho,pues como todo milagro es fugaz,porque pronto serà desplazado por otro perfume
màs intenso,pero tambièn hermoso: el de las castañas asadas. Ese aroma dulce,y càlido,a humo,aroma de manjar de duendes,que perfuma cada esquina donde una castañera tuesta castañas...
Y si se adentra uno en alguna casa catalana,entonces se podrà disfrutar el aroma de los panellets recièn horneados,y el de los bunyols rociados de azùcar y canela...
O allà,en el puerto,se puede oler el aceite de oliva que dora las sardinas con yerbas de olor y vino cava,y si tienes apetito,ese olor puede hacerte cruzar el Mediterràneo a nado para comer aunque sea una sardinita...
Sin embargo,en una ciudad marinera como Barna,no es posible fiarse de las condiciones atmosfèricas para detener los aromas,porque en tan sòlo unos minutos,se puede pasar de un cielo maravillosamente azul,a un nublado malababa que te deja tiritando y magullado despuès de una granizada pringada,en donde ya no hueles màs nada,por el constipado que te ha pillado...


Es bello el otoño,pero siempre es bueno cargar con el chubasquero,el mòvil,y un jersey al canto,y sobre todo,es mejor guarecerse de las ventiscas marinas,y de ese frìo otoñal que pela, y ver las marejadas mejor desde casa.
Barcelona es una ciudad de prodigios,pero cuando el viento golpea toda la noche los pòstigos de la casa,y se escuchan a lo lejos las ambulancias y las sirenas de los bomberos que van de aqui para allà,y el termòmetro del portòn marca cuatro grados,y el horizonte de la mar se torma casi negro,y no puedes salir de casa por el temporal en alerta ambar,es Barna una ciudad imponente y màs hermosa aùn que siempre...
Ya terminarà la lluvia y entonces sus tardes terminaràn con una luz difusa y melancòlica,de dorados tan hermosos que duele que llegue la oscuridad tan pronto.
El otoño en Barna puede ser desolado: la tardor porta tristor,decìa mi abuela Dolors. El final del verano en Barcelona deja en las ramblas ese vacìo de fìn de fiesta,y quizà por ello,al otoño se le indentifica como la època del año que propicia los adioses,pero tal vez muchas parejas nuevas se unan en eso que suelen llamar amor,con el pròximo arribo de turistas invernales a las nevadas estaciones de esquì del Pirineo.
A los que vivimos aqui,el otoño nos sirve para contar cualquier historia misteriosa,o para que el tiempo reconozca que llanto,que làgrima o que verso es vida,y para que la belleza de las flores en el cementerio del Montjuic nos renueven la capacidad del asombro,y para que ese dolor de piedra y ala que se alza desde el pecho hasta la menguante luna nos de la cicatrìz que el corazòn precisa,y para que el miedo con su plañir oscuro de campanas se seque en el fogòn,mientras afuera el viento aulla con la locura absurda de llamar a las cosas por su nombre: La Muerte,grita el viento,mientras rompe cristales en añicos y levanta motonetas por el aire y las estrella contra los muros y tira cables que conducen la energìa para mandar a varios bomberos al otro mundo...


Y mientras,algunos,en voz baja, luchan a muerte contra la desolaciòn,intentando en este otoño de borrasca y sombras,llamar a los dìas de luz por su tristeza para seguir con vida...
Y es que este otoño llegò con poco ruido,el frìo apagò de pronto el canto de las cigarras y las gaviotas se han refugiado en los escondrijos de los muelles. Se dirìa que todo està congelandose,hasta el corazòn,pero desde mi ventana veo un oleaje sùbito iluminado de prodigio: parece que entre la espuma se ha levantado un àngel de agua,que se ha disuelto en las gotas de luz azul del ocaso.
Estos ùltimos dìas el cielo ha estado muy deprimido,y se ha cubierto de un manto plomizo que viste a Barna de oscurina,como para ahogarse en esos gèlidos grises...
Quizà por ello,el dìa de muertos sentì ciertas ganas de llorar en la calle semidesierta. Oi a unos mùsicos (que saben que el màs pequeño acorde siempre suena maravilloso en la resonancia del barrio gòtico),y una ràfaga de Piazzola se me colò en el alma,y me entraron ganas de huir hasta el Prat,pero algo me hizo detener mi bici en un cruce de calles en la Boquerìa,junto a Ferran,porque vi el local donde venden sombreros.
Ahì,hace años, acompañè a mi abuelo algunas veces,pero despuès de su muerte,no volvì a encontrar ese local,pues no sabìa exactamente donde estaba.

Mi hermano Joaquim me decìa: "esa sombrererìa no existe o la habràn cerrado". Pero ese dìa,en pleno dìa de tots sants,la encontrè como por magia. Y comprè un sombrero vintage.Es co
mo de Al Capone,de color tabaco y con una cinta de seda sepia que le da un aire habanero .
Luego me pasè al mercat de Sant Antoni a curiosear. Ahì,los domingos por la mañana, venden comics,discos de vinilo,videos,libros usados,poster,y mil cosas màs. Ahì se pueden hallar autènticos tesoros. Habìa poca gente por el aire helado: màs de la mitad de los puestos estaban cerrados y flotaba en el ambiente ese aire triste de final de fiesta...Los empleados estaban apurados en recojer sus puestos,para ir a recordar a sus difuntos. Asì que sòlo comprè un viejo libro,editado en 1925 por mi bisabuelo,y me fuì a tomar algo caliente al club de ajedrez,aunque era mortal andar en la bici con ese frìo. El club està en una callecita junto a
Tallers,al comienzo de las Ramblas. Es una calle comùn y corriente,pero para mi tiene una magia especial,quizà es porque me recuerda mi adolecencia. Al fondo,a la derecha,sigue ahì un viejisimo edificio,donde estuvo antes el Institut del Teatre.
Ahì fuì con mis abuelitos a tomar mis primeras lecciones de teatro. El club de ajedrez estaba cerrado,nadie habìa querido jugar una partida en el dìa de difuntos. Asì que algo fatigada ya del viento helado,fuì a comprar una orquidea,una botella de cava y unas candelas,y luego fuì al cementerio a arreglar la tumba de mis abuelos.
Le dejè el sombrero a mi abuelito,y la flor a mi abuelita.
Reguè la tumba con el vino y encendì las luces para ellos. Estuve ahì en el cementerio.viendo el puerto, hasta que cerraron.
Al final de ese dìa solo me quedò el cansancio.Fuè un dìa especialmente duro,buscando una mirada còmplice,una mano amiga,una charla sin prisas,un parèntesis de esta soledad para poder respirar...



Por la noche llegò mi amigo mexicano Mozz, y recordamos juntos las ofrendas que se ponen en Mèxico para los difuntos.
Le dije que extrañaba como nunca a mis padres cuyas cenizas estàn en el òceano,y a mis abuelos, en cuya tumba sòlo me sentì aùn màs triste,y que lamentaba tal debilidad,pero que a alguien se lo tenìa que decir. Y
Mozz me escuchò en silencio,mientras vimos como caìa la primera lluvia de noviembre en la terraza. Luego de un rato,Mozz me comentò algo muy sabio: Pasa,segùn su pueblo mixteco-zapoteco,que la fiesta de Todos los Santos marca un lìmite rotundo en los ciclos de la tierra: despuès de la abundancia de sol y las cosechas del verano,viene el reposo,la muerte de la naturaleza,y eso se refleja en la luz,en el aire,en el clima y se introduce en el alma de las personas.
Es el otoño el momento de las sombras,pues los dìas se acortan y las noches se hacen eternas,y las lluvias y el frìo nos remiten a la muerte,a la soledad,al olvido...Sin embargo,en cada semilla,en cada gota de lluvia otoñal,se encierra la promesa de la vida que volverà cuando los dìas se alarguen y el sol nos caliente el espìritu...
Mi abuelita decìa que en Otoño,debido al clima,en las zonas altas del Empordà,donde ella naciò,algunas poblas conmemoraban el fin de año agrìcola,el 31 de octubre,preparandose para los difìciles dìas venideros,pues el otoño era el aviso de que la vida de los montañeses se harìa màs dura,asì que,por las fiestas de Sant Martì,hacìan la matazòn de los puercos- de ahì el refràn:"a cada puerco le llega su San Martìn"-para preparar los embutidos y los tocinos y jamones ahumàndolos en los fumeiros de la montaña,y hacìan pan y guardaban castañas y demàs frutos y semillas,para soportar las intensas nevadas del invierno que se allegaba. Los hombres encendìan las hogueras para hacer el carbòn,y con ese fuego se encendìa el fuego en todos los hogares,y las mujeres amasaban el pan,hacìan las conservas de jamòn,manzanas,olivas y cerezas,y por las noches todos oraban a los difuntos y les dejaban bocadillos y azùcar al lado de los àrboles,o en las tumbas,y asì esa festividad duraba varios dìas,pues eran dìas de "traspaso",es decir,dìas fuera del tiempo,en que las puertas al otro mundo estaban abiertas y las almas de los difuntos y de los seres mìticos del bosque entraban en contacto con los humanos.

Y por eso mi abuelita decìa que el otoño era el tiempo de todo lo sagrado.
En esos pueblos catalanes,hasta hace bien poco,sino es que todavìa,se creìa que la noche de Todos los Santos las almas de los antepasados cruzaban el umbral del màs allà,hacia este mundo,y volvìan a las casas y a los lugares que en vida frecuentaban,incluso iban a jugar ajedrèz,al mercat o a beber cava con su amada. Esa idea del retorno de los difuntos en Barna no està asociada al temor superficial que inspira la muerte y los fantasmas de cine de terror gringo,sino que es algo màs profundo y arcaico. Segùn la creencia popular catalana,la Noche de Todos Santos,las almas del purgatorio vuelven,y ese dìa no se puede ir por la calle para no toparse con algùn alma en pena.
Ahora bien,los difuntos antepasados,en Catalunya,son considerados como protectores de la casa,como una especie de pequeñas divinidades familiares en quien confiar y a quien rememorar con respeto y cariño.
Aunque no se sabe,porque hay espìritus que pueden ser peligrosos,como por ejemplo,el fantasma de algùn franquista asesino,por ejemplo. Asì que hay que irse con cuidado en la calle,porque uno de esos fantasmas se puede colgar de uno,y hundirlo en la tristeza.
(De ahì que haya tanto borde depresivo en el otoño,pues seguro se les montò la "pena negra" sobre los hombros). El ritual gitano para conjurar a esas malas sombras,es bañarse en agua de musgo,moras y hojas de castaña,y luego darse un baño en la mar.

La tradiciòn catalana de poner, la noche de difuntos,un plato más en la mesa, o dejar un lugar vacío para los familiares difuntos, o bien, abrir las puertas para que pasen las almas, o tratar de no mover demasiadas cosas por los rincones, es porque muchos catalanes estàn convencidos de que en algunos lugares de la casa se acomodan los espìritus,algunos con
forma de mariposas transparentes,o con forma de animaletes como libèlulas,catarinas-mariquitas,o lucièrnagas. Y cuando se hace la castanyada-que es asar castañas para comerlas deliciosamente-no se deben comer todas,sino dejar unas pocas de las màs buenas para las almas,porque si nos portamos dìzcolos y golosos,y no les dejamos nada,por la noche vendràn a estirarnos de piès mientras dormimos. Por eso mejor es dejar algunas castañas a los pies de la cama durante el otoño. Y tambièn dejar bollos y un platito con sal cerca de los àrboles,o en los pollones de las playas,para que los difuntos se alimenten de esa escencia.Mi abuelo Jordi ponìa una castaña en cada escalón de la escalera de la casa o por los rincones y mi abuelita ponìa panellets y bocaditos en el jardìn,y tambièn encendìan una candela por las almas solitararias...


El día de Todos los Santos y, sobre todo, el día de Difuntos, el 2 de noviembre,mis abuelos iban al cementerio a visitar las tumbas de Jaume y Miquela,y la fosa comùn dònde reposan los padres y las hermanas de mi abuelito, y las adornaban con flores y arreglaban su aspecto exterior.Luego mis abuelos iban a la pobla abandonada en la montaña donde naciò mi abuela,y dejaban en el pantencillo abandonado unas flores y una ofrenda de castañas y bocadillos,que mi abuelita hacìa para su madre y sus tìas y abuelos.Mis abuelitos,como muchos barceloneses, se paseaban por el cementerio-o de un cementerio a otro-como si fuesen a dar el paseo por el parque. Veìan con cuidado las tumbas y mausoleos, los adornos que había en cada una y mi abuela Dolors ponìa flores no sólo a los parientes más cercanos, sino a familiares más lejanos, amigos o conocidos que estaban enterrados por ahì.
Recordar a mi abuelita,aùn me hace sonreir,porque ella siempre encontraba lo alegre y lo bello en todo,ese era su encanto. Me acuerdo que por estas fechas adornaba la mesa grande del comedor con ramilletes de flores y hojas secas muy bellos,y con platos llenos de panellets,luces,dulces y castañas. Y luego llegaban los invitados,todos los viejos amigos de mi abuelo y las amigas de ella,y entonces iban rifando los panellets para los platos,como premios de loteria,y los reponìa de inmediato con platos de nuevos panellets,y asì se iban sorteando,en una alegrìa contagiosa de todos. Los amigos de los abuelos,realmente c
ompraban los panellets,apostando sobre una baraja de cartas,a veces,mi abuela llegò a rifar pollos asados,deliciosos,y en la rifa el abuelo gritaba:

"Sempre s'ha vist,i ho veureu,qui no posa, no treu!"

(El dinero recolectado se mandaba luego a una asociaciòn de mujeres con càncer en el tercer mundo,por idea de mi abuelita.)
Luego de la rifa,salian que todos al patio y mi abuelo encendìa una fogata grande,y mi abuelita prendìa las làmparillas de aceite para la cocina y las ventanas,con el fìn de que los difuntos republicanos enterrados en los caminos y las zanjas por los asesinos franquistas,tuvieran fuego de hogar para que se calentasen,y una luz para guiarse en los oscuros y no siguiesen penando...
Luego mi abuela sacaba la carbassada,o calabazada,que es un perol donde se han cocinado trozos de calabaza en miel,y otro donde se han hecho torrijas con vino, queso de la sierra y canela.
Al dìa siguiente se iba al cementerio para llevar el recuerdo a los familiares difuntos,y la noche del dos,mis abuelitos la destinaban al teatro. Iban a ver al Liceu la comedia de Tirso de Molina,El Convidado de Piedra,o el Tenorio de Zorrilla.

A la salida del Teatro,iban a tomar un cafè con leche a las Ramblas,y en el camino de vuelta a casa,comìamos en las paradas de las castañeras,castañas tostadas...

Y el dìa tres de noviembre,mi abuelita hacìa los buñuelos màs deliciosos del mundo,porque era el dìa en que realmente llegaba la oscurina a poner tristes a las personas,ya que tambièn deambulaban por Barna las ànimas solas,y habìa entonces que brindarles un poco de respeto y alimento. Asì que mi abuelita Dolors hacìa los bunyols,y mientras los comìamos bien abrigaditos en su cocina,mi abuelito y yo,acompañados de un chocolate con leche muy calientito, ella y mi abuelo Jordi me asustaban con cuentos de aparecidos del màs allà...



Quizà por eso,ahora,en esta soledad sin buñuelos,sin chocolate,y sin cuentos de espantos,y mientras un viento frìo y amargo golpea los pòstigos de esta casa de los miedos,siento pesar por los tiempos de inocencia y alegrìa que se fueron,y los sueños perdidos como las hojas muertas de este otoño en Barna que es inmensamente triste y frìo sin mis abuelitos...

2 comentarios:

chaly vera dijo...

¡Muchas gracias! Muy bueno. Al leerte recorde a mi abuelo y a mi abuelita que para el dia de los difuntos hacia algo parecido a lo que tu escribes. Nuevamente gracias.

Rox dijo...

gracias a ti por leer.