9/22/2009

La loba luna...

...En los picos del Pirineo, el sol se eleva eternamente.
—El mundo se abre—. Y los techos de pizarra
se quedan en el foro de los pueblos franceses.
La torre de Sallent repica allá en el fondo.
—Es domingo—. La brisa juega en las peñas verdes
El ocaso es más puro cada vez. Huele el sur
más. Es más claro el ondear de las mieses.

Por los prados con flor, en una paz de idilio,
mujen, echadas, mansas vacas rosas de leche.
El habla del zagal nos toca el corazón.
La patria va alejando, maternal, a la muerte...
Ventura, soledad, silencio. Las esquilas
llenan, cual las estrellas el cielo, el campo alegre.
Silencio, soledad, ventura. El agua, en todo,
canta entre el descendente reír de los cascabeles...
Amor en ropas y costumbres venideras.
Sentido diferente, más allá, de los besos.

Salidas lívidas, en madrugadas de lluvia,
de bailes de ciudades que aún no están en el tiempo.
Retornos con mujeres sin nacer aún —¿qué muelles?—,
en el sol amarillo de ¿qué tardes de invierno?
Suspiros dobles al jardín, por galerías
que aún son peña, en el canto de alondras
que aún son sueños.
...Mira este solitario paraje
quieto y hondo, tan dulce de luz y de verdore
s
como aquellos de paz, de ternura y de encaje,
en que tu corazón soñara los colores.
Su ocaso vago tiene tu doliente elocuencia,
tu oración de otras tardes en su cenit persiste,
se hunde en la noche azul, con aquella indolencia
de nostalgia...
El agua que en el fondo de esta gruta, obstinada
cual en un reló triste, cóncavamente llora,
refresca la penumbra con la esencia mojada
que enredó en sus misterios la loba parda...
Y, cielo abierto en flor, luna clara y celeste,
esta rosa, en su tallo de un verde no aprendido,

recoje la luz última del crepúsculo,
fantasma de matices, doncella que trocase,
voluble, su oro en plata, y su plata en violeta.

Sombrosa
la senda en que cabecea la loba luna...

Juan Ramón Jimènez


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