9/07/2009

El graznido de los gansos de Santa Eulalia...





Hay tiempos en los que se camina dentro de una densa oscuridad,con el corazòn en suspenso,quizà llorando desgarrado,pero sin làgrimas.


Se avanza a tientas,en un desamparo inmenso,que se prolonga hacia una larga soledad abisal y temible.


Son tiempos en los que se acumulan las penas,se desborda el miedo y el espìritu declina,como si fuese vencido.

Es entonces cuando se sigue avanzando por una inercia que procede de ese pasado cuando nos creìmos fuertes,y pensabamos que nuestros escudos contra la adversidad eran de diamante para vencer cualquier desafìo,sin saber aùn,incautos,que esos escudos eran de humo.

Pero por esa inercia,sostenidos por la fragilidad de nuestros huesos,seguimos andando hacia los oscuro,desde lo oscuro,tal vez por temor absurdo a las sombras negras que van quedando atràs,porque quizà las sombras de adelante son màs tenebrosas,quizà màs adelante estè la sombra mayor,la terrible sombra de la Muerte.

En esos tiempos negros y cerrados,es cuando el alma fatigada puede claudicar y reconocer que el desamor es un gigante perverso,que vence siempre a la minusia descartable del amor,y que el dolor siempre nos acompañarà,y el recorrido nocturno y hermètico se hace eterno y nos lleva a creer que en ese recorrido por los submundos,pagamos anteriores tiempos felices,que la felicidad no es gratuita,y que tarde o temprano se paga con sangre.

Hemos de pagar las risas,los cantos,los sueños,los dìas alegres en los que amamos y regalamos versos y querìamos hacer mejor al mundo,con una cuantiosa moneda de sufrimiento y daño...
Algunos conocemos de esos tiempos: a primera vista no ocurre nada,no hay dolores,ni fiebre,sòlo que se viven los minutos como eternos,y cada segundo es un lamento acallado en una rabia impotente,con una sensaciòn de suciedad,de desesperanza,de vencimiento.

Los pensamientos en lo oscuro se vuelven monotemàticos,obsesivos,como esclavitudes mentales,y la realidad se muta en algo monstruoso,y entonces el mundo de siempre se derrumba en un instante,y en ese instante,se sienten los dedos frìos y atenazantes de la muerte estrujando el corazòn.

Es justo entonces cuando respiras piedras,y tus pies son bloques de hielo,y sòlo deseas correr,huyendo como si fueses un grito de angustia...pero estàs mudo,y entonces sòlo puedes dejarte caer en cualquier rincòn y cerrar los ojos,y pensar en el bosque,el mar,la lluvia tibia sobre el rìo,y nuestra mente juega con otros tiempos cuando la vida nos daba tiempo de reir y soñar,cuando el mal no habìa destruido nuestra inocencia y todo era bueno y bello,y la luz del sol era pura dicha destilada y se recuerda todo eso... hasta que te quedas dormido sin deseos de despertar ya màs...

Y eso es lo que pasa cuando el òxigeno del subsuelo se enrarece,y los gases tòxicos acumulados en la oscura profundidad de los tùneles,llegan a tus pulmones,provocando un desajuste quìmico en nuestros neurotransmisores,similar al de la depresiòn,y luego,como mecanismo defensivo del cerebro,se produce ese plàcido letargo que nos da la memoria.

Y es que màs allà de tristezas y penas,hay estados de ànimo que se prolongan y abaten el espìritu,producidos,fuera de todo romantisismo,por las alteraciones quìmicas del cerebro,debidos a la fatiga del difìcil descenso al subsuelo,al aire enrarecido de algunas zonas,a la falta de luz, al hambre,al frìo,y solo eso.Y el aislamiento,el sentirse encerrado,desamparado,perdido en un tùnel,atemorizado,nos hace olvidar que ese recorrido,tiene una sola meta:

La salida.




Siempre,siempre,hay una salida a cualquier tùnel.
Siempre.

"Como se entrò,se sale,y si olvidamos eso,estamos jodidos..."

Y Dollors no dejò de repetirse esa frase,durante todo el tiempo que pasò perdida en esos tùneles de la Rec,y aunque los tres presos,dèbiles de hambre,torturas y desolaciòn, y Fred,solitario extranjero en ese paìs hostil,se dejaron vencer por el abatimiento y el letargo en las oscuridades sin fin del tùnel, Dollors,no,ya que era menudita,y consumìa menos oxìgeno,y tambièn porque era madre,y allà afuera,un lazo surgido desde el pulsar de su sangre,desde sus entrañas mismas,la jalaba con fuerza inmensa hacia la vida: su hija Lucìa.

Y tal vez esas dos cosas,y esa fè que tenìa en las buenas labores divinas, le dieron el coraje para no darse por vencida y animar a Jordi y a los otros a seguir.

Pasaron 3 dìas perdidos,recorriendo tùneles,guiados por las tuberias,dando vuelta en algunos pasajes bloqueados por pequeños derrumbres,siguiendo las tìmidas corrientes de aire,o desviados de las garitas inundadas por la tormenta.
Nada que comer,el frìo de menos cero grados,la humedad,y la fatiga,los vencieron algunas veces,sobre todo cuando pasaban por esas zonas donde el mareo por la falta de oxìgeno los hacìa sentirse enfermos y volver sobre sus pasos.

Y pasò que a la tercera noche,sin làmparas ya,ni fuerzas para dar un paso màs,los hombres se dejaron caer al sueño profundo del carbono.

Con todo a oscuras,Dollors,abrazando a Jordi que dormìa ya,rezò a Santa Eulalia con su fè inquebrantable...
Y de pronto escuchò algo extraño:
Desde un nicho de tabiques,se oìa el graznar de unos gansos.
Volviò a oir el misterioso ruido...
Si,los escuchò claramente,eran gansos,aunque lejanos...

Creyò que alucinaba los gansos de la santa,debido al hambre y a la fatiga.
Pero se levantò y acercò su oreja a un muro:
Se oìan perfectamente los ruidos...

Pero no se trataba del graznar de gansos,sino de bocinas de automòviles...
Dollors entonces intentò despertar a Jordi y a los otros,pero nadie querìa ya abrir los ojos. Entonces,con ese modo enèrgico de ser,tomò agua de una tuberia rota y la salpicò sin màs a Jordi,que despertò sobresaltado.
Casi jalandolo lo llevò al muro y lo hizo escuchar...
Cierto,se oìan ruidos callejeros.
Entre ambos despertaron a los demàs,y echaron a andar lastimosamente tùnel arriba,siguiendo esos sonidos lejanos,deseando que no fueran espejismos auditivos,esperanzados en salir de esos tiempos oscuros.

Ahì,al final del tùnel,estaba la luz que se filtraba por una tapa del drenaje antiguo,y una escalera para salir a la calle.
Movieron la tapa,cautos y dèbiles,y saliò primero Dollors,por la alcantarilla de Entença,cerca,demasiado cerca,de la Càrcel Modelo,pero Dollors,tomò valor y emergiò,ante la mirada asombrada de algunos transeùntes,y el paso lento de los coches.

Saliò vibrando como un fuego blanco,tan febril como sus llamas,auscultò el aire en silencio,conteniedo el terror y la ansiedad.

El aire tibio de Barcelona le acariciò el rostro,y entonces soltò un lamento,uno solo.
Brillaba la tarde de fulgores,centelleando el cielo con lejanos relàmpagos marinos. Las aceras hùmedas eran una enramada de faroles.
Deslumbrada,confusa,sonriò a esa bienvenida de la vida...

Dos gitanas apostadas en la esquina-porque Jaume,preocupadìsmo,habìa mandado a cada gitano del clan a apostarse cerca de cada alcantarilla de Barcelona-,la reconocieron.
Corrieron hasta ella,y en dos segundos le pusieron un vestido sobre el overol lodoso,y le cubrieron la cabeza con un mantòn negro. De un silbido,llamaron a otros gitanos.
A Dollors se la llevaron por la calle de la Infanta Carlota.
Mientras la furgoneta de Jaume llegaba a toda velocidad,parando a un lado de la cloaca.Y entonces,por fin,a la llamada de Jaume, salieron Jordi y Fred,y fueron recibidos por otros gitanos y por el viejo patriarca,que contenido en un aplomo alerta,los subiò de inmediato a su furgoneta que cubrìa la salida de la coladera,fingiendo una descompostura con el cofre alzado.
Jordi avisò a Jaume que habìa dos fugados màs allà abajo.
Los trajes de guardia civil de Baldomino y de Antoni,retrajeron a los gitanos que sacaron prestos sus navajas,pero Jaume diò la òrden de sacarlos de la cloaca,y subirlos al vehìculo. Partieron de ahì en 5 minutos,sin que nadie prestara atenciòn a la vieja furgoneta gitana que habìa aparcado mal en la esquina de la Entença,justo a un lado de la tenebrosa Presò Model,y sobre la vieja coladera- la nùmero 227 -de la Rec antigua de Barcelona...


A Dollors la llevaron por el Ensanche,cerca de los antiguos almacenes,y como si nada pasara,la sentaron en un solitario banco de piedra bajo unos àrboles,y asì,rodeada de gitanas,nadie la notò, y mientras limpiaban su rostro del lodo,la peinaban y le daban cierta apariencia de normalidad,Miquela llegò con la pequeña Lucìa. Eso habìa ordenado Jaume: alejar a la Loli de los fugados porque èstos seguramente serìan buscados por los franquistas.

Y Dollors,se dejò hacer,desfallecida y confusa aùn,y como convaleciente deslumbrada por la vida,sòlo agradeciò dos cosas: poder abrazar de nuevo a su hijita y haber salvado de la muerte a Jordi...

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