8/18/2009

El pañuelo azul...




Durante aquel miercoles de semana mayor en Barcelona,se sucedieron una serie de hechos anòmalos,que desconcertaron a los curas y a los fervientes franquistas.
Por ejemplo,en la zona del Hospitalet,y en otros barrios pobres,habìa sacerdotes escoltaldos por la guardia civil y falangistas,que obligaban a confesar y comulgar a los viandantes en plena calle. Los vecinos de siempre intentaban escabuirse por las callejuelas,para no ser humillados de tal manera,pero ese miercoles,por gracia de algùn dios,o a causa de la socarronerìa catalana,una buena cantidad de vecinos del Raval,en su mayorìa gitanos,acudieron en tropel a confesarse a las calles. Los curas y los guardias,sorprendidos de tan sùbita fè,no se daban a basto,descuidando su acecho cotidiano sobre la buena gente de Barcelona,asì que fueron llamados màs guardias civiles a ese lugar.

Pasò,tambièn,que en la procesiòn de Sants,mientras un Cristo vestido de paño rojo era portado en barzos por los cofrades encapuchados hacia su Pasiòn,una turba de gitanos empezò a cantar saetas muy sentidas y a regalar entre la gente caramelos para la tos,paraditas de miel y peladillas,cosa que logrò que la gente,àvida de un dulce,se arremolinara en un caos,mientras numerosas gitanas se hincaban ante los curas,suplicando bendiciones,cosas,èstas, que desconcertaron mucho a cofrades y curas,pero que no pudieron reprimir,pues los gitanos sòlo demostraban su fè,aunque,por si o por no, se mandò a màs destacamentos de la guardia civil al Sants.

Al mismo tiempo,pasò que en Bota,sobre la vìa del tren del Maresme,al poco de atravesar el Rìo Besòs, y cuando el tren cargado de curas y falangistas para el congreso,pasaba a escasos 10 metros de las chabolas de Sant Adrìà,fuè apedreado profusamente.
De sùbito,y con un chiflido y a la voz infantil de "a la càrrega!",decenas de niños del Somorrostro usaron sus tirachinas sobre los vagones del tren que recibiò centenares de impactos que rompieron bastantes cristales, para histèria de las monjas y bilis de los falangistas.
Cuando el tren por fin se detuvo,se llamò a la guardia civil,que con tres destacamentos,buscaron a los pequeños y piojosos demonios, y para màs ira de tan espirituales pasajeros...de los niños y sus resorteras,ni el polvo,pues se habìan refugiado ya en la parroquia de Sant Adrìa,y algunos, hasta comulgando estaban...

Mientras todo eso sucedìa,y la guardia civil no se daba a basto, desatendiendo la vigilancia de los forzados que trabajaban sobre la carretera de la Collserola,pasò que Miquela,Carlota y otras mujeres,vestidas como luctuosas beatas,se acercaron, piadosas y catòlicas,a dejar,a causa de la de semana santa,una limosna de comida para los presos en ese lugar.


Los guardias de inmediato las detuvieron.
Carlota les explicò que era un asunto de caridad cristiana,por las fechas santas,pero los guardias de ningùn modo las dejaron acercarse màs de 20 metros a los presos,que fatigados,seguìan en su arduo trabajo.
Las mujeres,entonces,pusieron la comida en el suelo de la carretera,y se hincaron,segùn ellas,a rezar por esas almas de rojos,tan perdidas,ante el azoro de los guardias.

Allà,a 30 metros,se hallaba Jordi, apisonando pedruzcos y arena,desolado en ese terrible sobrevivir como conciencia,pròximo a ser sepultado en esa misma tierra oscura que ahora apisonaba, sabiendo que el dolor suele emanar de esa soledad sin tacha y sin fisuras,que es como un faro,como una inmensa luna interna que disuelve la negra noche externa de la vileza humana...

Los guardias quisieron correr a las "beatas",mientras se relamìan de las viandas que habìan dejado casi a sus pìes,las mujeres.
Carlota,entonces,extendiò un santo paño con la imàgen de el Cristo de la Espina,y les suplicò a los guardias,tan sòlo unos minutos para cantarle al redentor una saeta,por las fechas,claro,mientras ellos podìan revisar las caridades alimenticias que tan bien olìan...
Los guardias,de buena gana,aceptaron de inmediato,tomando las cacerolas y platos con apetito y gula.

Miquela,entonces,empezò a cantar algo que parecìa una desgarrada saeta gitana,pero que decìa algo extraño,y en catalàn,y que los guardias,en su festìn,ni oyeron, ni entendieron:


"A cada bugada es perd un llencol, atent al clot després de les pedres,que vindrà la vírgen dels Dollors..."
("En cada colada se pierde una sábana,atento al socavòn tras las piedras,porque vendrà la Vìrgen de los Dolores...")


Y pasò que Jordi,al oir la voz de Miquela,se detuvo en su trabajo y mirò hacia la buena gitana que levantaba las manos al cielo,y luego le señalaba dos rocas en un recodo del camino,100 metros màs allà de donde èl estaba.

Jordi,alerta,pensò en segundos,tratando de entender el significado de la canciòn.

Diò unos pasos lentos hacia las rocas,atento a cualquier acto de los guardias...

Por fin Miquela asintiò levemente y dejò de cantar,y con las demàs mujeres,sin decir màs que un adiòs agradecido a los guardias,se fueron con paso ràpido.

Jordi,ahì,bajo un cielo gris y un calor de plomo,las viò desaparecer vereda abajo,luego mirò hacia los guardias que se sentaron a comer bajo la sombra de una noguera,y a los demàs reos que seguìan afanados en los trabajos forzados.

Y allà,a 80 metros,las dos rocas señaladas por Miquela.

Siguiò apisonando y pensando,70 metros...

Si Dollors estaba tras las rocas,podrìan matarla los infelices franquistas...60 metros...

Pero verla...una sòla vez,la ùltima...abrazarla...morir juntos en esas arboledas...50 metros...

Y Lucìa? era egoìsta desear la muerte con Dollors...su gitanilla tenìa muchas cosas hermosas por vivir todavìa,y Lucìa necesitaba a su madre...40 metros...

No. No se acercarìa a las rocas aquèllas. Pasarìa de largo,y Dollors no tendrìa mas remedio que irse,y asì salvarìa la vida...30 metros...

Si pudiera escapar... mirò a su alrededor,pero no encontrò manera:
Desde ese punto de la carretera de l'Arrabassada donde estaba,Jordi se sintiò en medio de una selva de pinos y encinares,de matorrales y barrancos pedregosos,donde el ruido de las palas de los forzados,el canto de algunos pàjaros y el lejano murmullo de agua de algùn arroyo,daban una sensaciòn de abismal desamparo...
No habìa manera de huir: en la cima,el Tibidabo,adelante en cementerio de Collserola,hacia la zona de la Rierada,los bosques y la Font de la Budallera,con el destacamento de guardias. Y allà,17 kilòmetros hacia el litoral,Barcelona y el mar...todo de azogue y plomo,presagiando tormenta,todo cercado de asesinos franquistas... Entonces Jordi,clavò la vista en la pequeña elevaciòn del terreno,quizà parte de las ruinas del convento de Santa Margarida,y sus dos grandes piedras detràs,donde seguramente se ocultaba Dollors a sòlo 10 metros...

El camino no es largo,ni difìcil,ni arduo cuando amas a quien vas a ver...Por eso,Jordi apisonò y despedregò esos cien metros en minutos,con el corazòn delirante,con làgrimas en los ojos,con la esperanza acorralada...

Cuando mirò los estrechos cinco metros de senda que lo separaban de ese lugar viò que no habìa nadie,pensò que todo habìa sido engaño de su mente atormentada,que habìa imaginado a Miquela,que...







Y entonces lo viò:

asomaba tìmidamente,atado a una vara de nogal,insertada entre las rocas. Ondeaba al viento su bellìsimo azul...

Era el pañuelo de Dollors.

Y recordò en fracciòn de segundos,ese mismo pañuelo azul,asomado entre las pilas de libros de su tienda de Paris...y recordò que era ese pañuelo azul de mar,de cielo,cubriendo la noche encantada de la cabellera de Dollors...tan azul que de sòlo verlo le perfumaba el alma...
Y le vino a la mente esa imàgen de Dollors,rièndo y jugando en la playa,y quitàndose el pañuelo para jugar con èl y el viento, y bailar con delicadeza en las suaves olas,mientras el sol de la tarde se reflejaba en el rostro de Dollors,en su risa libre,en su mirada de niña sabia,en su cuerpo concentrado en la armonìa del pañuelo y sus manos,danzando en el viento.

Y cuando Jordi volviò a Barcelona,ella llevaba ese pañuelo azul atado en la cabeza que la hacìa verse tan bonita, tan sencilla, que a Jordi le parecìa una muñequita de porcelana,una bucanera de mascaròn de proa,una montañesa del Pirineu atrapando nubes,una gitanilla atesorando lunas...



Ella sabìa cuànto le gustaba a èl con ese pañuelo azul,y quizà fuè por eso,que ella lo usò para envolver la pistola del padre de Jordi, que encontraron entre las ruinas de la casa,la noche en que hablaron de la guerra,y en la que Jordi le prometiò que no volverìa a matar nunca màs...

Un relàmpago atronò inmenso,sobre la Sierra de la Collserola en esos momentos.
Y el viento arreciò,trayendo la granizada.
Los reos y los guardias corrieron a guarecerse.

Pero Jordi no.
Se acercò al pañuelo,lo zafò de la vara donde estaba prendido,y lo observò,abrumado de emociones,lo oliò y lo besò,trèmulo...

Y entonces oyò la voz de Dollors,que desde una estrecha hendidura entre las piedras,lo llamò...

-Jordi! Aquì...

Jordi empapado por la lluvia no pudo verla,pero sin màs,entendiò en segundos: eran las piedras marcas de una antiquìsima asequia para el viejo convento en ruinas,-de ahì el rumor de riachuelo que se escuchaba-,y oculta entre la maleza, estaba la boca de un pequeño foso de aguas...

Y dentro en la oscuridad,su Dollors,esperàndolo como una bella Eurídice para llevarlo al inframundo como a un Orfeo lacerado...

La aguada soltò su furia en minutos sobre el Tibidabo,fluyendo pequeñas riadas sobre la carretera,y por eso,y como eran pocos los guardias civiles para cuidar de los forzados,se atarearon los franquistas en subir a los esclavos a los camiones,de prisa,antes de que alguno se fugara...

Tres de los condenados a muerte,del numeroso grupo de forzados,que estaban en el grupo de Jordi,vieron alertados,como su compañero se acercaba a esas rocas,y como dos guardias tambièn lo notaron,los tres presos fueron por èl,para evitarle un posible castigo...

Y cuando Jordi se tiro sobre su pecho para meterse al foso,entendieron la fuga,y lo siguieron...


Los dos guardias,sin visibilidad por la lluvia,pero desconfiados,de inmediato tomaron sus fusiles y se acercaron al sitio...

Y los relàmpagos crecìan en su furia, rompiendo sobre la sierra...


.

2 comentarios:

cor pur dijo...

Para vivir un gran amor
de Vinicius de Moraes

Para vivir un gran amor se necesita mucha
concentración y mucho tino, mucha seriedad
mucha risa... para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor es menester
ser hombre de una sola mujer;
pues serlo de muchas, vaya!,
es cosa fácil... no tiene ningún mérito.

Para vivir un gran amor, primero es preciso
consagrarse caballero y entregarse a su
dama por entero, sea como fuere. Hay que
convertir el cuerpo en una morada donde
se enclaustre a la mujer amada, y luego
apostarse afuera con una espada...
para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor es urgente,
descartarse al máximo de la gente,
pues en general la gente envidia
el amor profundamente.
Hay que cortar con grupos y amigotes,
pasar de largo ante los café-societies
y de todas sus tristes marionetas...
para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor, te digo, se
necesita muchísimo cuidado con
aquellos que no estén apasionados,
pues quien no lo está se halla
siempre dispuesto a perturbar
el gran amor.

Para vivir un gran amor, en realidad,
hay que compenetrarse de la certidumbre
de que no existe amor sin fidelidad...
para vivir un gran amor. Pues quien traiciona
su amor por vanidad desconoce la libertad,
esa inmensa, innombrable libertad que
supone un solo amor.

Para vivir un gran amor, il faut además
de ser fiel, se debe ser buen conocedor del
judo y del arte culinario...

Para vivir un gran amor perfecto
no basta ser apenas buen sujeto;
es necesario también tener grandes
pectorales, pectorales de remero.
Es preciso mirar siempre a la bien-amada, y
también a su viuda... amortajada en su finado
amor..., como a la primer enamorada.

Es muy necesario haber previsto
un crédito de rosas del florista... mayor,
mucho mayor que el de la modista!...
para complacer al gran amor.
Pues lo único que el gran amor quiere
es amor, amor, sin medida;
además de ser un poquito poeta
versos para ella hacen ganar puntos...

Se ganan puntos sabiendo prepapar cositas:
postres, ensaladas, sopitas, salsas,
panellets; comiditas para después del amor.

Para vivir un gran amor es muy, muy
importante vivir siempre juntos
y hasta ser, en lo posible,
un solo difunto, para no morir de dolor.

Es necesario cuidar permanentemente, no sólo
el cuerpo sino también la mente,
pues la amada acusa cualquier
mezquindad y el amor se enfría un poco.

Hay que ser cortés sin cortesía;
dulce y conciliador sin cobardía;
saber ganar dinero con poesía...
para vivir un gran amor.

Es necesario ser paciente,
y arriesgarse pues el amor es valentía;
y ser impermeable a las hipocresías,
con las que el amor muere doliente.

Pero todo esto no sirve de nada
si en esta oscura y alocada selva
no se supiere hallar a la bien-amada...
para vivir un gran amor.


(Y sobre todo,para vivir un gran amor,hace falta ese pañuelo azul)

Para ti,siempre,Rox.

Rox dijo...

Que bello.
Gracias,Cor.