8/03/2009

El castillo en la arena....










Habìa un callejòn para entrar al Somorrostro,el barrio de barracas,entre la Barceloneta y la fàbrica de gas,que se formò durante el franquismo,con las chabolas de los màs pobres entre los pobres. Era como una ciudad perdida sobre la playa,a un costado del Camp de la Bota,el tenebroso castell-càrcel,donde a diario se realizaban los fusilamientos.

Ese callejòn del Somorrostro,tràs el hospital de infecciosos,servìa para ir a la playa sin hacer rodeo,ni pasar por las calderas de gas,y ahì habìa una acequìa,con su poyete,y el drenado del agua de toda Barcelona,llegaba hasta ahì.

A veces,cuando la gota frìa,con sus tormentas de granizo sùbitas,llegaba del Mediterràneo,las chabolas se inundaban con el torrente del drenaje,que no respetaba tranqueras,y con las olas del mar.
Entonces,la gente se refugiaba en el callejòn mientras veìan como sus barracas eran enterradas en la arena de la playa y el castell-presò entonces,solitario sobre la arena gris,y bajo la tormenta,parecìa màs lùgubre y temible,si se puede.

Barcelona,en esos oscuros tiempos,vivìa dàndole la espalda al mar. Y màs al Camp de la Bota
, que recibìa toda la basura y los deshechos del Franquismo en su playa. En estos dìas,el barrio alberga el Forum,un espectacular auditorio,pero bajò su loza de concreto,quedan muchos cuerpos de los libertarios fusilados sobre el rompeolas,singular paredòn usado por el ejercito del asesino Franco.

Miles de viudas, de hijos y hermanos de aquellos fusilados, nunca tuvieron una ONG que viniera a auxiliarles,y entonces,solas,se iban a levantar las chabolas en los alrededores del Penal,esperando ver a los presos del Campo,antes de ser fusilados,o mandados a los destacamentos de trabajo forzado.

Entre los niños y las madres,habìan construido esa extraña aldea de chabolas porque tenìan que estar ahì,siguiendo a sus presos.Esposas e hijos de rojos,no tenìan trabajo,ni dònde vivir,màs que siguiendo la ruta de muerte de los penados.

Muchos se dedicaban a la venta de usado en los Baños de San Sebastiàn de la Barceloneta,otros pescaban o robaban,y muchos gitanos que llegaron de Sevilla,se contrataban como estibadores en el puerto.
Los domingos,sin embargo,el aroma a brea y a espetones de sardinas asadas,se extendìa con el olor a mar por todo el Somorrostro,y los niños de la barriada,iban tras las alambradas a la playa,a contruir castillos en la arena,junto al mar,y entonces venìan los ingleses y los gringos a tomarles fotografìas desde
lo alto del Paseo Marìtimo a cambio de alguna moneda.

Cuando Jordi fuè trasladado de la Prisiòn Modelo,al Camp de la Bota para ser fusilado,Dolors lo siguiò,y se pasaba los dìas al sol,en la playa de St. Adrià del Besòs,esperando un milagro...

Solitaria y pobre,con su pequeña hija Lucìa jugando con la arena de la playa,Dolors permanecìa espectante junto al romepolas dònde se realizaban los fusilamientos. Llegò a pensar,en algùn momento terrible,que el nombre de "bota" que se le daba al lugar,se debìa,tal vez,a las botas de los fusilados que quedaban abandonadas sobre la arena,despuès de las ejecuciones.

El cumplimiento de las condenas de muerte se llevaba a cabo tan pronto como se recibìa el "enterado" del criminal de guerra, Franco,que,desquiciado,los firmaba personalmente.

Los republicanos eran trasladados desde la prisiòn Model de Barcelona al Camp de la Bota en grupos de 20 personas,allí les esperaba un piquete de la Guardia Civil, les colocaban delante del rompeolas de piedra,y asi los prisioneros eran fusilados sin previo aviso a las familias, que, cuando iban a la prisiòn, se enteraban de la mala noticia,por eso Dolors,no se separaba del muro de fusilamientos,porque deseaba ver a Jordi vivo,aunque fuera una ùltima vez.


Cada mañana,la arena de la playa quedaba impregnada de rojo de la sangre de aquellos hombres y mujeres a los que se les asesinò por defender la legalidad constitucional de la Repùblica.

Cuando a los asesinos se les acabò el espacio para enterrar a sus vìctimas ahì mismo,los cuerpos sin vida eran colocados en cajas de plàtanos y cargados en un camiòn todos amontonados, como se hace con los animales cuando salen del matadero,luego eran trasladados al Cementerio de la Pedrera en el Montjuïc de Barcelona, donde se les lanzaba sin màs,a una fosa comùn,como si fuesen basura.

Por eso,todos los amaneceres,Dolors cruzaba la Perona,el Can Vidalet,y la vìa del tren,hasta llegar al poyete del callejòn aquèl de Somorrostro,y ahì esperaba el milagro,como todos esos parias de la ciudad de las barracas,que eran contemplados como escoria roja en esos tiempos de la dictadura.

Jaume,ya anciano y enfermo,se iba a vender chucherìas al tren,con su carrito de puntillas,y Miquela se daba a leer la mano,y decir la buenaventura a los turistas del centro,cuando no estaba la policìa.

A Dolors la dejaban bailar en el Villa Rosa,las tardes de los viernes de cada semana. Y la gente le daba propinas.Trabajaba también para los turistas del domingo, en El Manquet, en Santa Madrona,que tenìa un gran cuadro de baile y ahì ganaba màs,porque no habìa gitana con una cintura como la de Dolors,a pesar de haber dado a luz. Algunas tardes de sàbado, bailaba en el tablao de Juanito el Dorao,y era muy admirada por el drama intenso que expresaba en su baile,a tanto,que a veces lo concluìa llorando. Y un dìa la llamaron,tambièn, a bailar a Tarrasa y a Sabadell y con ese dinero pagò a un celador,para que llevara un libro al preso Jordi: su Quijote.

Bailaba,Dolors, encima de las mesas de esos lugares, y cuando terminaba el baile, bajaba y vendìa panellets o cigarrillos,con Lucìa a su lado.

Y sus vestidos,hechos por ella misma,como aùn no tenìa el ropero,los guardaba en un agujero que habìa hecho en la piedra de la pared de su casa,ahì escondìa tambièn los zapatos de bailar,y las medias,porque en la playa hacia el Camp de la Bota,siempre iba descalza,y quizà por eso tenìa esa fuerza y esa belleza en sus piernas.
Un tiempo trabajò pelando a cero a los chavales del Somorrostro,lavandoles la cabeza con petroleo para evitar liendres y piojerìa, y quitandoles las lagañas,con agua de camomila y otras hierbas
, pero dejò de hacerlo cuando sus manos se cuartearon por el petroleo,y le sangraron y viò que era poquìsmo el parnè ganado en ello.

Asì,Dolors se partìa el pecho los sàbados y los domingos,para mantener a Lucìa y ayudar a los viejos gitanos que la adoptaron,mientras esperaba con el corazòn comprimido,la ejecuciòn de Jordi.

Pero pasò que una de esas mañanas de fusilamiento,Dolors tuvo una discreta alegrìa.
Despuès de ver que entre los fusilados no estaba Jordi,se detuvo en las calderas de gas de Somorrostro,pues en casa no tenìa ni carbòn ni leña,y Jaume necesitaba calentar su reùma. Y como los camiones iban a esa zona del Somorrostro a tirar todo el desperdicio de carbòn,en la cortada que caìa al agua,se metiò entre màs de cien personas a las que no les importaba que les cayera el carbòn encima,ni que se fueran al agua,con tal de recoger un poco de carbòn antes de que este cayera a las calderas.
Dolors dejò a Lucìa sentadita en el poyete de la acequìa,y metièndose por los pies de los demàs,logrò llenar su saco y lo arrastrò hasta la playa,siendo que el carbòn mojado si que pesa. Los hombres llevaban carretillas,pero Dolors sòlo tenìa su saco,y lo llevaba arrastrandolo con dificultad por la arena y cargando con Lucìa. Llegando a casa,lo pondrìa a secar al sol,y ya seco,Jaume tendrìa su fogoncito prendido.

Pero entonces Dolors,viò a unas gitanillas cargadas con gallinas que venìan
de la estaciòn.

-De dònde habèis sacado pollos?
-Mirà,prima,que hay un payo que trae jaulas de gallinas,y como van apretadas,se ahogan las unas a las otras,y las que salen pringa'as,nos las ha dao,ve por pronto,que se acaban,mujè...

Pues Dolors fuè casi corriendo por su gallina,con su costal de carbòn y con su hija.
Bien que le caerìa un caldo a la pequeña.
Pero al cruzar la vìa del tren del Maresme,un guardia civil las detuvo con fuerza,querièndo arrebatarle a la niña y lastimàndole el brazo.

-Vas a robar?
-No,señor...yo no robo...voy allà,que me han dicho que dan gallinas...

-Esta niña no es tuya,la has robado!
-.No,señor,por la Moreneta que es mi hija,no he robado nada...
-Mentira! Eres una gitana ladrona y te vienes conmigo a la comisarìa!


Dolors,por respuesta,quizo echar a correr,pero el guardia la jaloneò con tal fuerza,que Dolors dejò caer el saco de carbòn y aferrò a Lucìa contra su pecho,aterrada.
Con la pinta que Dolors traìa,descalza,llena de la mugre del carbòn encima,y lo limpiecita y linda que siempre traìa a su pequeña Lucìa,era para dudar que no fuera su hija,y asì, llorando y gritando las dos,desesperadas,el guardia la arrastrò y no la soltò hasta llegar a la plaza antigua de la Barceloneta.

Al llegar ahì,un hombre alto,de impecable y elegante apariencia,con acento inglès,detuvo al guardia.
Hablò con el unos instantes,y mostrò unas credenciales,que Dolors no viò ni oyò por estar llorando y forcejeando por soltarse.
-Porquè la detiene? De què acusa a la muchacha?
-De robo...se robò a esta niña...

-Pero què robò? La niña es de ella,vea usted el parecido y vea como llora la pequeña...

-Entonces de prostituciòn,la acuso... Estas gitanas catalanas son todas unas putas...

-Ganaràs màs si la dejas ir...

En un momento,el guardia,lacayuno con el inglès que abrìa su cartera,aflojò la mano que sujetaba a Dolors ,y eso lo aprovechò ella,para salir corriendo con Lucìa en brazos,hasta llegar a su casa y encerrarse a piedra y lodo,asustada aùn.



Fred Baker juraba por lo màs sagrado y la memoria de su madre,que jamàs llegò a encontrar una sola gitana en los tantos burdeles que recorriò por el mundo como soldado de la fuerza aerea britànica,ni como piloto de aviòn comercial,ni ahora,como agregado a la embajada del Reino Unido en Madrid.

Porque las gitanas podràn ser pobres,pero putas,nunca.

Asì que cuando su amigo Jordi le escribiò una carta para contarle que se habìa enamorado de una gitanaza,y la habìa seguido hasta Barcelona para casarse con ella,lo celebrò por su amigo.
Y ahora,viendo las injusticias que se vivìan en España,decidiò volver a su paìs,pero antes de renunciar a su trabajo en la embajada,quiso pasar a saludar a ese hombre que le salvò la vida durante la guerra,y asì fuè como Fred llegò a Barcelona y se encontrò con el guardia civil jaloneando a esa gitanilla sucia y descalza,que aferraba a su niña,y se intentaba zafar como una fiera,como si en ello le fuera la vida.

Fred se detuvo en la esquina de la casa de los miedos. Mirò buscando un nùmero,o algo que le indicara que ese era el hogar de su amigo Jordi. Cuando viò que se acercaba una vieja gitana cargando una canasta con empanadas para la venta.
Pero al preguntarle por la casa y por Jordi,notò que la cara de la mujer palideciò y sus labios se apretaron tanto que se hicieron blancos.
Por fin,la vieja gitana logrò articular palabra:

-Dèjame leerte la buenaventura en tus manos,y luego te respondo a lo que preguntas,vale?

Fred,sorpendido,aceptò màs por encontrar respuesta sobre la casa que buscaba, que por credulidad en la magia zìngara, y extendiò sus manos.

Y entonces,Miquela leyò en las manos del inglès y supo que no era espìa de Franco y si de su buen corazòn,su lealtad,su inteligencia,y por fìn,la gitana confiò en el extraño.

-Porquè lo buscas?
-Porque es mi amigo.
-Està en la càrcel...y uno de estos dìas,no nos dicen cuando,serà fusilado...

A Fred nada lo entristecìa,pero esa noticia,le humedeciò los ojos y le causò una nàusea que no sentìa desde que los alemanes tiraròn su aviòn en el 43.
Fred,intentando serenarse,mirò severo a la gitana,luego escrutò a su alrededor,y sofocando la voz,repitiò la pregunta:

-Dònde està?
-En el Camp de la Bota...

Dolors recièn habìa aseado a Lucìa,y estaba refregando unas barras de pan con tomate y ponièndoles jamòn para darle de comer a su hijita,cuando viò entrar a Miquela a la concina,acompañada por ese extraño que la habìa salvado de ir a la comisarìa.
Jordi ya le habìa contado sobre Fred,pero Dolors no lo imaginaba tan serio, tan alto,tan cabal y tan amigo.

Y esa fuè la discreta alegrìa que tuvo Dolors por esos tiempos: encontrar un amigo que la acompañara en su pena,que le diera apoyo cuando iba con ella al Camp de la Bota a ver a los ajusticiados,que cargara a Lucìa,cuando Dolors no podìa màs en esas largas caminatas en silencio por la playa,que viera con ella,lo efìmero de los castillos de arena que hacìan los chavales del Somorrostro y comprendiera el dolor que causan los sueños muertos,como esos castillos de arena disueltos por el mar,y comprendiera su llanto cuando Lucìa,buscando conchitas en la arena,encontraba los casquillos de bala que habìan matado ya a muchos hombres dignos y buenos ...


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2 comentarios:

Ironia Delirium dijo...

Hola!!
Me encanta cómo escribes!
Me encanta tu narrativa y la forma en que logras colocarte tan fielmente en la época. Te gustaría participar en mi blog??
Escribeme ironiadelirium@hotmail.com
Besos!

Rox dijo...

Claro que si me interesa tu blog,y muchas gracias por tu comentario.