6/17/2009

La casa de los miedos...


Se sabìa que estaba infestada de fantasmas.

Era una finca de dos plantas,ruinosa, sola e insolente hacia los miedosos que hacìan un rodeo para evitar pasar frente a ella.
Se cubría de misterio para que nadie la poseyera, todos hablaban de ella como si fuera un monstruo de piedra gris.
Sòlo algunos pàjaros la adoptaron por nidal, y pronto se llenò de maleza.
Nadie se atrevìa a abrir las puertas de esa construcciòn abandonada.

Algunos falangistas que osaron entrar para vandalizarla en el 39,con la derrota de la Repùblica, vieron con ojos aterrados, como platos, formarse espectros,como pequeños remolinos de furia, en la estancia principal, "rojos" que,post mortem, les lanzaron piedras,cristales rotos y fierros,como cosa del demonio.

Luego,años despuès,unas monjas que deseaban comprar el predio,fueron perseguidas por una sombra en forma de alimaña que aullaba con terrorìficos lamentos y les levantò lujuriosamente los faldones de los hàbitos.
Otros màs,decìan haber visto brumas,luces mortecinas,y cada noche se escuchaban quejas desgarradoras y ruidos atronadores.
Pasa que los fantasmas tienen esa costumbre de estar y no estar. Un fantasma podrìa estar detràs nuestro y no lo sabemos.
O puede no estarlo y nosotros convencernos de que sì.

El caso es que esa casa estaba encantada segùn todos los vecinos de la Barceloneta.
Se hizo,entonces,fama como sitio de terror, como un lugar macabro, un lugar poblado por fantasmas y el que llegaba a la casa abandonada estaba ad portas de confrontar un pànico mortal.

Y es que la casa abandonada estaba impregnada de tragedia.
La conseja que se repetìa una y otra vez,mostraba la casa como un espacio que sòlo existìa en la mente de los asesinos: ellos eran los culpables de esa ruina y esas muertes injustas y anònimas...

Cierto: la casa era grande y llevaba abandonada varios años y su parcial destrucciòn por el bombardeo del 39 le daba un aspecto fùnebre... Se sabìa que ahí vivió una familia de "rojos"... seguramente, esa familia fuè feliz, hasta el minuto de la tragedia,hasta el minuto final del intenso dolor de la muerte...
La muerte se coagulò en la energìa de las paredes, en el piso, en las consejas mismas, y en forma de represiòn: callaban todos la injusticia de esos asesinatos franquistas y por no hablarlos, fueron adquiriendo velocidad y potencia en la leyenda de los fantasmas de la casa.
Asì fuè que la finca de Jordi se convirtiò en casi una pesadilla para los franquistas.
En cada subasta,por màs barata que se intentara vender,nadie ofrecìa una peseta por la casa,ni por el predio.

Hay que tener en cuenta que el franquismo,apoyado en la Causa General, fusilò a muchos republicanos,y uno de los lugares preferidos para esos asesinatos,fuè la barda lateral de la casa que daba al mar,que con el viento salado erosionò la sangre de los fusilados,pero no borrò la culpa de los asesinos.

Esa Causa General franquista,era para recopilar todas las "maldades cometidas por los rojos y los masones",y asì poder encarcelar,fusilar,exiliar,multar e incautar las propiedades de los republicanos o los sospechosos de serlo.
La dictadura les embargaba sus propiedades,aùn a los muertos,las cuales salían posteriormente a subasta pùblica a unos precios ridìculos para favorecer a los especuladores franquistas, cometièndose de ese modo un expolio econòmico a la Catalunya Republicana.

Y asì fuè como la finca de los padres de Jordi fuè incautada por el règimen,y puesta a subasta,pero sin encontrar compradores,debido a ese asunto de los fantasmas.

En una ocasiòn,se dijo que un adinerado y muy catòlico matrimonio de Vigo,asombrados de las vistas del Mediterràneo que desde las terrazas de la casa se apreciaban,decidieron comprarla,asì que se pasaron por el lugar para ver como reconstruirla,y entonces se dijo que en un momento de sùbita furiaa,el esposo,como poseso, tomò una viga del piso y con ella tundiò a la pobre mujer,y luego de dejarla medio muerta en el zahuàn,el tipo corriò por la playa pegando
gruñidos diabòlicos,machincuepas y echàndo espuma por la boca,hasta que la Guardia Civil lo detuvo en sus ridìculos desatinos gallegos.
Ella terminò sus dìas en un convento de la Coruña,y èl en el manicomio anexo.

Culpando a los fantasmas de la casa por aquèl terrible suceso,al subastador se le ocurriò llevar a un cura para bendecir las ruinas.
Ambos pusieron pies en polvorosa cuando la pared a la que salpicaron de agua bendita se les vino abajo con una estruèndosa carcajada.El cura fuè interrumpido en su carrera,pues muriò de un infarto a una calle de distancia de la casa.

Leyendo esa noticia en el periòdico,Dolors se enterò de que la casa de Jordi estaba siendo subastada sin encontrar comprador yque ahora era llamada por la gente "La casa de los miedos"...

Asì que,entusiàsmada,sacò sus 100 libras obtenidas modelando para el pintor inglès,y lo ganado en la gira por Paris,y con Jaume y Miquela,fuè a comprarla.

No les pusieron reparos en la notaria,pues lo que deseaban los buròcratas franquistas era deshacerse de tal predio maldito.
Asì Dolors,con Jaume,Miquela,dos sobrinas de edad similar a la de La Loli,el esposo de una de ellas,y un bebè,fueron a vivir a las ruinas,que eran mucho màs habitables que el cuartucho en la calle de Graça donde se hacinaban los 6 y el bebè,ademàs,ahì podìan guardar, en el patio trasero, el carro del contrabando y las mercancìas sin temer miradas curiosas,ya que el miedo por los fantasmas alejaba a todos.

Claro que los vieron. Pero con esa actitud gitana de respeto al màs allà,los fantasmas tambièn respetaron el màs acà de los nuevos inquilinos. O quizà alguno de los espectros se diò cuenta de que Dolors era la mujer amada por Jordi, uno de sus descendientes directos,asì que fuè bienvenida por los aparecidos.

Cuando Jordi regresò a casa,èsta lo recibiò con un aroma a comida caliente,a ropa limpia,a yerbas frescas,que lo remitiò a su niñez.
El amaba esa casa,y ver a Dolors ahì,como nueva dueña,lo llenò de tal alegrìa que,entusiàsmado,y ayudado por Dolors y los demàs,se dedicaron a levantar de nueva cuenta la casa,respetando su diseño original,cuidando cada detalle,reconstuyendo cada rincòn con un amor tan grande que fuè sanando cada grieta,cada gotera,cada herida en la piedra...Entonces la casa reviviò y recobrò su belleza blanca y marinera...



Cuando yo fuì a vivir a esa casa de mis abuelos,casi cincuenta años despuès,a primera vista la finca me atemorizò,pero hay que tener en cuenta que mis padres acababan de morir,y tenìa 14 años.

Recuerdo el recorrido en el taxi,por esas calles de la Barceloneta,las tabernas marineras,la gente pintoresca del puerto,el rìtmo pausado y alegre de los barceloneces,las ropas de colores secàndose en los tendederos,el olor a cuero,a sardinas fritas,las terrazas con señores fumando puros cubanos y bebiendo vino entre plàticas que parecìan placenteras,y los bazares del puerto,y algunos turistas de lo màs estravagantes,y la playa extensa y luminosa dejandose acariciar por el magnìfico Mediterràneo...
Y luego las fincas fueron espaciandose,la gente y sus rutinas fueron quedàndo atràs...

Y de pronto,ahì,solitaria,bella y orgullosa frente al viento marino,estaba la casa.


Al entrar,pensè que temblaba,pues un crujir de muros y un ruido de caños me recibiò...Dos puertas se abrieron sin nadie,sòlo la brisa...El olor era de madera,a rosas y sal de mar...me pareciò que alguien me empujaba hacia el estudio,y la maleta me pesò tanto que cayò al suelo...
Entonces fuè que vi los libros del abuelo por todas partes,eran millares,apilados en el suelo,en el pretil de la chimenea,en la mesa del comedor,en las sillas,en la estancia...Y entre ellos,mis abuelitos,tomados de las manos,sonrientes,me miraban espectantes...
Yo sòlo los conocìa por fotos y cartas. Pero cuando me abrazaron con tanto amor,entendì que sì los conocìa y los amaba,y que ahì era, tambièn,mi casa.

La primera noche fuè que vì a un fantasma real en la casa de los miedos.
Parecìa como la prolongaciòn de una luz vespertina,era como un giro de bruma, un vaporoso movimiento autònomo,su figura era humana,pero inconclusa,no tenìa pies,por eso parecìa flotar. Habìa en su expresiòn una soledad dolorosa,una lastimera desolaciòn,daba una sensaciòn de que algo le faltò hacer y no lo recordaba,de que algo le quedò pendiente,y no hallaba en su memoria muerta lo que era...

Recuerdo el frìo de las baldosas en el largo pasillo de la casa de mis abuelos esa noche,las luces del frontal colandose por las cortinas de la estancia y el sonido de la lluvia intensa golpeando en los cristales de las ventanas.
Cuando te despiertas en otra cama, al otro lado del ocèano de tu casa paterna,despuès de dos dìas sin nada en el estòmago y largas horas de vuelo en aviòn,la sensaciòn es de lo màs confusa y dolorosa.

Asì que secàndome las làgrimas por extrañar a mis padres,decidì ir a la cocina de la abuela a comer algo.
Intentè encender la luz,pero la tormenta habìa cortado la energìa elèctrica.
Entonces vì como una naranja saltaba de la frutera y se deslizaba hasta el piso de la cocina, movida como por una acciòn inteligente de un ser invisible hasta detenerse a mis pies. No había otra opción lògica. Luego una manzana repitiò el mismo movimiento.

Me agachè a recoger las frutas y en ese momento fuè que el espectro apareciò de la nada....
No se si era hombre o mujer,pero tenìa la actitud de un niño prematuramente envejecido y desolado.
Luego lo vi irse entre las sombras, enredado en su propia niebla, reptando hacia los barrotes de la terraza,hasta desaparecer por completo.
Tratè de calmarme,no era tan grave que los espectros de la casa decidieran,enfurecidos,atacarme arrojando naranjas al piso...
Mi error fuè reirme de nervios,porque en ese momento,todos los cajones de tarjas y alacenas de la cocina se abrieron de golpe.
Me retraje, aterrada ya, hacia una pared protectora,buscando con la mano el interruptor de la luz como movimiento reflejo.

Quise llamar a mis abuelos, que dormìan en su alcoba,pero no me salìan las palabras,mientras esperaba que el fantasma apareciera frente a mì de nueva cuenta.
Fuè cuando oì los tiros que atronaron en la cocina,que se me doblaron las piernas: primero una descarga de varios fusiles,luego otra,y por ùltimo los 5 tiros pausados,de gracia...

Aterrada corrì hasta la puerta de calle e intentè abrirla. Eso despertò a mis abuelos,que me encontraron en el zaguàn,aterida de frìo y lluvia, cubierta sòlo por mi delgado camisòn,y en una mezcla de llanto y estupor.


Mi segundo error ,y el màs grande,fuè contarle,al dìa siguiente,esa experiencia a la trabajadora social,(hija de un polìtico franquista
,con alma de beata falangista,a la que le molaba seguir represaliando a las nietas inteligentes y bonitas de los viejos republicanos,como me contò mi abuelo despuès) era una agrìa lesbiana de closet,con el poder de tramitar la tutorìa legal de mis abuelos para mi y de mi residencia en España.

Era asistenta de la jueza y conciderò que yo habìa visto aquèllo debido al trauma de la muerte de mis padres,y sobre todo,a causa de mi nivel alto de inteligencia,cosa que ella creìa un error genètico de los "rojos", o algo asì,y suponìa que ese defecto de lucidez se podrìa corregir asistiendo dos veces a la semana al psicòlogo,durante un año como mìnimo,como condiciòn para darme la residencia en el pais y mi tutorìa legal a mis abuelos.

Mi abuelo Jordi aceptò la òrden de la jueza de mala gana.


Pero por las noches,escondìa las llaves del zahuàn,hasta que por fin me adapatè a los habitantes invisibles de la casa,y es que el abuelo no deseaba ir a buscarme, en medio de la noche,a la calle, en pijama,cosa que de ningùn modo pensaba hacer, porque, que los vecinos lo vieran en pijama, corriendo cada noche, tras su nieta histèrica, era mucho más de lo que su dignidad de viejo republicano y maestro masòn podìa soportar.

Y la abuelita,fuè entonces,para mi,una compañía constante,un consuelo dulce a la memoria doliente por mis padres,una risa compartida para sanar la nostalgia por Mèxico,y un aliento de esperanza en mi futuro en la desconocida Catalunya,mi avi Loli,siempre amorosa y a mi lado en esos tiempos,segùn ella,para que no me asustaran los aparecidos,que en su opiniòn,no eran màs que los bondadosos guardas invisibles de la casa y lo màs temible que hacìan era regalar naranjas a las niñas huèrfanas...
Es que ellos seguro saben que siempre es dulce el sabor de una naranja cuando el corazòn se ahoga de amargura...

En fin...
Para concluir este asunto paranormal,dirè que la casa me la dejaron a cuidar mis abuelos,y es para mi una responsabilidad y tambièn un bello refugio de los causes ascendentes y descendentes de mi vida y asì, me siento,a veces,como uno de los fantasmas de la finca,esos guardas de la casa que me regalan su compañìa invisible,su protectora ternura y sus recuerdos mucho màs hermosos,màs heròicos y mas valiosos que mis recuerdos tristes e inùtiles,y por eso,a esos compañeros de bruma, no debo dejarlos solos mucho tiempo,y mucho menos,abandonar su casa a la ruina...

Y es que tambièn,esos espectros de la casa de los miedos,me han motivado a buscar por toda la finca los extraños pasadizos,el misterioso sòtano,el hermètico tapanco,y encontrar en los cajones y armarios,las impactantes y conmovedoras càpsulas de tiempo con diarios,periòdicos,carteles, acetatos con mùsica olvidada y muchos otros bellos e interesantes objetos antiguos ,y las viejas fotos y las cartas y las florecillas secas dentro de los libros añosos,y demàs pequeñas maravillas,que me han llevado a encontrar muchas de esas memorias que los mismos fantasmas quizà ya daban por perdidas...
Y es por eso, que intento recuperarlas para ellos...

Y es que pasa, sobre todo,que los fantasmas de la casa me han enseñado con su leal compañìa a enfrentar mi soledad y mis miedos para mirar con otros ojos eso tan hermoso y secreto que solemos llamar misterio...

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