4/05/2009

Muera la Inteligencia!

Durante una reuniòn en la Universidad de Salamanca, el filósofo y cátedra de la universidad, Miguel de Unamuno, se opone al general Millán Astray, primer comandante de Franco.Unamuno, comprende, escuchando a Millán ante los invitados (entre ellos la esposa de Franco) la inhumana naturaleza del franquismo. Mientras los partidarios del general gritan "Viva la muerte!", Unamuno dice en voz alta al general que "vencer no es convencer", y que el propio general,( un inválidoque había perdido un ojo y un brazo en una guerra anterior) "carente de grandeza espiritual sólo deseaba una España mutilada"- como ¡el mismo,le faltò agregar con toda su inteligente ironìa...
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El colérico general se puso tan furioso que gritó "Muera la inteligencia!". La presencia de la esposa de Franco evitó una tragedia mayor. Unamuno es destituido de la universidad .Debido a la fama internacional de Un
amuno y los problemas tras el brutal asesinato del poeta Federico García Lorca, Franco negó a Millán Astray su deseo de ejecutarlo, aunque se le ordena permanecer en su casa y no se le permite salir ni expresarse en público. Morirá de tristeza un mes despuès. El mismo día de su muerte, sus dos hijos se alistan voluntariamente en las Milicias Republicanas para combatir el Fascismo.


Corral de muertos, entre pobres tapias,
hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
señala tu destino.
Junto a esas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos.
Como un islote en junio,
te ciñe el mar dorado
de las espigas que a la brisa ondean,
y canta sobre ti la alondra el canto
de la cosecha.
Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
baja también sobre la santa hierba
donde la hoz no corta,
de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,
y sienten en sus huesos el reclamo
del riego de la vida.
Salvan tus cercas de mampuesto y barro
las aladas semillas,
o te las llevan con piedad los pájaros,
y crecen escondidas amapolas,
clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
entre arrumbadas cruces,
no más que de las aves libres pasto.
Cavan tan sólo en tu maleza brava,
corral sagrado,
para de un alma que sufrió en el mundo
sembrar el grano;
luego sobre esa siembra
¡barbecho largo!
Cerca de ti el camino de los vivos,
no como tú, con tapias, no cercado,
por donde van y vienen,
ya riendo o llorando,
¡rompiendo con sus risas o sus lloros
el silencio inmortal de tu cercado!
Después que lento el sol tomó ya tierra,
y sube al cielo el páramo
a la hora del recuerdo,
al toque de oraciones y descanso,
la tosca cruz de piedra
de tus tapias de barro
queda, como un guardián que nunca duerme,
de la campiña el sueño vigilando.
No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,
en torno de la cual duerme el poblado;
la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
de los muertos al cielo acorralados.
¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,
el Pastor Soberano,
con infinitos ojos centelleantes,
recuenta las ovejas del rebaño!
¡Pobre corral de muertos entre tapias
hechas del mismo barro,
sólo una cruz distingue tu destino
en la desierta soledad del campo!


Miguel de Unamuno
(la foto: los restos de fusilados represaliados por Franco despuès de la Guerra Civil)


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