4/12/2009

El tiempo va...


"...Debes recordar esto: Un beso es sòlo un beso,un suspiro es sòlo un suspiro. Las cosas fundamentales se entienden a medida que pasa el tiempo... Es la misma vieja historia,una lucha por el amor y la gloria, Un caso de hacer o morir.El mundo siempre darà la bienvenida a los amantes...y el tiempo...va."



Durante la Segunda Guerra Mundial el cine gringo sirviò de eficàz propaganda. En esos años se filmaron grandes pelìculas del gènero bèlico o de suspense, para motivar a la poblaciòn y a las tropas contra el desaliento de la campaña contra el nazismo. De entre todas estas pelìculas, tal vez la màs bella sea Casablanca, del director Michael Curtiz.

En 1942, Europa ya era de Hitler. Incluso las colonias francesas estaban sometidas a los nazis a travès del gobierno pelele de Vichy. Ese fuè el caso de la ciudad marroquì de Casablanca, donde un amargado Rick Blaine (Humphrey Bogart) regentea un conocido cafè-bar.
Despuès de unas escabrosas peripecias, con muertos y todo, llegan a manos de Rick unos salvoconductos falsificados, que podràn ser usados por dos personas para abandonar Casablanca hacia Portugal, para desde allì pasar a los Estados Unidos evadiendo el control de los alemanes.
Luego aparece un lìder de la resistencia contra los nazis: Victor Laszlo (Paul Henreid), que necesita con urgencia de estos salvoconductos para huir de la persecuciòn a la que se ve sometido para seguir la lucha antifascista. Ademàs,Victor viene con su bella esposa, Ilsa Lund (Ingrid Bergman), quien tiempo atràs habìa sido amante de Rick en el Parìs de antes de la ocupaciòn.
Rick se debate entre usar el salvoconducto con Ilsa,y huir a Amèrica,o hacer lo correcto y salvar al lìder de la resistencia y perder a su amada.
Rick elige lo correcto y es cuando el pùblico llora ante el heroìsmo de Bogart.

Pero nadie que vea y se conmueva con esa cinta, piensa quien es el que hacìa ese tipo de salvoconductos...
Casablanca era la pelìcula preferida de mi abuelo Jordi y tuve que verla con èl unas 10 veces,y pasado el tiempo,puedo entender porquè le gustaba tanto.

Debido a sus heridas que lo hacìan cojear no fuè aceptado en la tropa,y ademàs era màs ùtil en su imprenta.
Jordi se uniò a La Rèsistance,como canal clandestino para luchar contra la ocupaciòn nazi en Francia,y contra el règimen espurio de Vichy.
Trabajò en la prensa clandestina,la difusiòn de boletines,y sobre todo,falsificando documentaciòn y salvoconductos (como los que tan preciados son en la pelìcula Casablanca) para salvar a los perseguidos por el fascismo.

Jordi, con sus tìos y otros valientes,colaboraron con las cadenas de evasiòn logrando salvar a muchas personas de morir en los campos de concentraciòn nazis.
En su casa había abundante material para realizar falsificaciones: matrices metàlicas, sellos de administraciones, pasaportes, certificados de casamiento apòcrifos, documentos oficiales...
Jordi con su hermosa letra y su gran inteligencia,era capàz de falsificar en un pasaporte la firma del mariscal nazi Keitel.


Asì fuè que desde la costa mediterrànea hacìa Toulouse,Andorra y el Pirineu,se extendìa una amplia telaraña de inteligencia,con eficaces redes que facilitaban el paso de evadidos de Francia a España y para terminar en Lisboa,o hasta los consulados del Reino Unido, Bèlgica o Estados Unidos en Barcelona, desde donde se les facilitaba el viaje hasta Lisboa o Gibraltar y la salida de la península hacia sus nuevos destinos.

Muchos de los enlaces eran los antiguos anarquistas españoles que conocìan el paso en los Pirineos y que sabìan guiar a los evadidos franceses, ingleses, polacos, belgas y judìos. Y Jordi colaboraba en lo que sabìa: la imprenta,el texto,las letras,la tipografìa,las tintas,los sellos,y el pulso firme del que es guiado por sus convicciones.


Cuando terminò la contienda,Jordì recibiò la Cruz de Guerra como reconocimiento a su labor...pero los aliados no hicieron nada para provocar la caìda del fascista Franco como todos los exiliados españoles creìan,y hasta solaparon su dictadura sobre una España moribunda...asì que de nada le sirviò la crucecita de honor,que arrumbò en algùn rincòn de su taller.


Jordì,entonces, amargado por las sombras de la guerra y el exilio, se sumergiò en sus libros, y en esa vida gris y còmoda del burguès resignado a dejar pasar el tiempo que tanto detestaba,y se hizo masòn,tuvo dos hijos,trabajò por la libre para los Salvat,la Hachette y para Gastòn Gallimard,con esa enorme capacidad de trabajo que tenìa por herencia catalana,pero sin encontrar ni paz en su corazòn ni olvido para aquella sangre vertida en su amada Barcelona...

Hasta que viviò su tercera y màs grande pasiòn cuando conociò a una hermosa muchacha llamada Dolors...

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