3/29/2009

Porquè elegì ser mexicana....



Cuando viajo a las tierras de mis padres,el aire de esos hermosos cielos pasan veloces, y me saludan encantadores a lo largo de los caminos. Mi corazòn conoce el dulce hàlito de la brisa viajera.
De las albas a los crepùsculos,de la mar a la montaña,en tren,aviòn o bicicleta,viajando,analizo y pienso,aprendo,veo,pruebo y conozco miles de cosas bellas,y siempre solitaria y ligera de equipaje,aunque no sabìa aùn porquè,de repente me sorprendìa en el aire de cada ciudad, imperceptible,el perfume vago de la promesa de mi vuelta a Mèxico.

No es que extrañe cuando estoy lejos,no es la nostalgia de las canciones,porque a veces decido,rotùndamente,no volver jamàs a esta tierra,enojada,harta y desesperanzada de este paìs doliente.
Pero siempre,algo me hace ceder,y vuelvo sin ganas...y siempre encuentro sorpresas a mi vuelta...

Por la noche del viernes,sonó el teléfono: al otro lado una voz conocida me proponía una mañana de sábado,lanzando burbujas de jabòn al aire, juntos.

Cuando, a la mañana sabatina, vi la luz, sentí al punto que yo no era un extraña en este paìs, que eso desconocido sin nombre ni forma que tiene Mèxico me habìa abierto sus brazos,de nuevo,como ante el regreso de un amigo...

Esa mañana mexicana amaneciò un día hermoso. Era una explosión luminosa, un haz de vida entibiando hasta el tuètano de mis huesos.
El jardìn de la casa estaba todo en flor.

La primavera en Mèxico: su naturaleza como una imponente rebeldía, como una alegre transgresión en medio de la inerte sociedad.
Flores y mariposas en pacífico estallido de desobediencia que siempre intenta, por medios más lentos y más silenciosos, enseñar a los mexicanos como se hace la revoluciòn desde dentro.

Mèxico,como hijo de la luz que es, ilumina con su fulgor de colores y aromas la piel de los indiferentes y de los vencidos que lo habitan,tratàndo de despertarlos a la vida.

La luz en Mèxico se cuela por todas las rendijas como si no tuviera más afán que diluir las sombras que caen pesadas sobre su pueblo,sombras que son enormes y no son pocas.

Esta luz mexicana, salta desafiante siempre en medio de mi vida...

El cielo se abre, y navegan las nubes, y la risa de la primavera se desboca por toda esta tierra:

Las mariposas tienden sus velas por el resplandor solar,y en esas olas de luz, estallan su color los claveles,las margaritas,los geranios.
Un alborozo nuevo va de hoja en hoja, y todo brilla, como inundado de alegría.
Es la alegrìa de la primavera en estas tierras mexicanas,que tira con fuerza magnìfica para renacer pura, con esa energía que ignora toda pasada derrota...

Porque esta luz de oro que salta por las hojas, estas nubes ociosas que navegan por el cielo, esta brisa pasajera que refresca el espìritu, no se fijan en crìsis èticas o econòmicas,no se fijan en mìseras traiciones o deslealtades,ni en espurios ni en desànimos sociales,no se detienen por mezquindades humanas,al revès,esta luz mexicana que inunda los ojos y los corazones, no es sino un mensaje a las almas puras.

Estas mañanas frescas,cuando las rosas estàn todavìa en capullos,y el sol encamorrado bosteza fresquecito aùn sobre las enredaderas que cuelgan de mi ventana,evaporando el rocìo,es presagio puro de amorosa fertilidad...


Viajando no se nota tanto el tiempo,pero habìa pasado largo trecho desde que nuestros caminos se bifurcaran, y mi entrañable amigo Diego me convocò por telèfono a compartir de nuevo una mañana con èl.

Asì que esa mañana los dos nos hemos despachado un desayuno como para no comer màs en tres dìas,porque Diego traìa hambre atrasada y como para los mexicanos masticar en compañìa es norma,yo tambièn me alimentè a su rìtmo ,o sea què bien que hincamos el diente en una fonda del mercado de la Colonia Portales,y comimos delicioso: sandìa fresca,jugo de naranja recièn hecho, chilaquiles (que son una de las comidas mexicanas màs deliciosas),y huevos fritos y frijoles sofritos con queso,y panes llamados cocoles y chilindrinas,riquìsimos,con aromoso cafè de Veracrùz,etc. etc...

Y había tanto por contar, tanto por compartir que lloramos y reìmos de modo que la dueña de la fondita nos veìa como si estuvieramos drogados,y màs comiendo asì...pero es que hablar al mismo tiempo y eufòricos,da apetito,y hemos hablado... vaya si hemos hablado:

Hablamos de mùsica y de literatura,y de comida por supuesto, y de homofòbia,de soledad y traiciones de los espurios,de modas y aventuras,de amistad,de enfermedades y mèdicos de amor,de dolores y alegrìas,de viajes y recuerdos, y de libertad,y pureza,y lealtad,y justicia, y concluimos mientras nos zampamos de postre unos deliciosos merengues en el parque de los Venados,que sì,que otro mundo es posible,y con la panza tan llenita que a duras penas nos cupieron unos churritos con chile y limòn,un algodòn de azùcar y un raspado de tamarindo,logramos entender que ese mundo nuevo que queremos lo necesita mucho a èl,como artista virtuoso,y como activista por los derechos humanos de los homosexuales...

Mientras veìa los fresnos del parque mecerse con un càlido vientecillo y Diego vendìa sus burbujas de jabòn a unos niños,pensè que lejos de aquì,la viajera tiene que llamar, una tras otra,a todas las puertas extrañas para encontrar algùn reposo a una soledad en llamas que a veces la atormenta,pero ese sàbado,Mèxico abriò sencillamente,con el tornasol de una pompa de jabòn, este corazòn cerrado que andaba lejano,incrèdulo y vagabundo.
Sólo de vez en cuando, allà en Europa, no sè qué tristeza sùbita caìa sobre mí,y me sobresaltaba entonces, buscando algo, tan indefinido como una flor amorfa y sin nombre,y no sabía entonces que esa flor estaba tan cerca de mí, que Mèxico era mìo, que su belleza,su desamparo y su ternura eran la flor que había florecido en el fondo de mi propio corazòn...y al trasluz de esas burbujas de jabòn lo vì todo claro:

Ese joven mexicano de 30 años,talentoso concertista desempleado,hermoso homosexual,prefiere vender burbujas de jabòn en el parque,o tocar su violìn en el metro por unos pesos para malcomer, que prostituirse para vivir con lujo...y lo admirè tanto que me puse a su lado para vender pompas de jabòn con èl,como èl,casi reverente de su dignidad y su pureza.

Luego que terminamos de vender los botecitos con el jabòn de las burbujas,para que Diego viera como perfuman mis claveles,lo llevè a la casa nueva,y ahì lo recibieron todos los fraternos:

Una dulce ìndigena mixteca y su nena,la màs hermosa mexicanita de todas,un zapoteco ìntegro y rebelde,un chilango libertario y anarquista, una amorosa vendedora de flores y 7 ancianos sabios,20 niños-alas de la ternura,y dos bellos mèdicos sin fronteras-uno nacionalizado y el otro còsmico-jojojo-,pero todos ellos puros de corazòn,veros y leales,todos mexicanos,y còmo sòlo faltaba un gay loco y su mùsica,porque sin mùsica la vida serìa un error,como lo pensara el gran Friederich,su violìn se revelò màs allà de cualquier filosofìa y fuè esa mùsica una armonìa con los corazones y con la luz de la primavera...
Y entonces como por magia, Beethoven fuè mexicano.

Porque la mùsica puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido y todos los sentimientos vuelven a su estado puro.
Porque cuando hay mùsica, nadie es extranjero, nadie es distinto,ninguna puerta está cerrada a la felicidad de encontrar lo ùnico puro y verdadero en este mundo de lo diverso...
La música fuè en el violìn de Diego como un camino a la alegrìa.
Porque en esa mùsica vibraron el delicado perfume de lo silvestre, la respiraciòn de los àrboles y el fluir del agua por la tierra,la magnificencia de la danza infinita de las esferas y el sutil rumor del vuelo de las libèlulas...
Y sobre todo eso,el latir profundo y humano de la ternura,la pureza y la bondad en el alma universal de todos los libres que ahì la escuchamos.


El violìn de Diego perfumò y encantò nuestra sonrisa y derramò en nuestras vidas su redenciòn sublime: Nadie,nos convencimos al oirlo, fue extranjero,ni anciano,ni indìgena,ni niño,ni màs,ni menos,ni hombre,ni mujer,ni homosexual,ni quimera...todos nos confirmamos como seres humanos igualmente puros,sensibles,gentiles y verdaderos.

Y asì pasaron la mañana y el mediodìa. En el anochecer, ya mis ojos estaban caìdos de sueño por el largo viaje de retorno,pero algo habìa pasado entre los puros,que alegrones,deseaban despertarme para seguir la fiesta,(tìpico de los mexicanos).
Asì que un mèdico,el chilango y el violinista,decidieron ejercer su creatividad conmigo,mientras los demàs,como queriendo asustarme,me dijeron que en la casa nueva habia fantasmas.
Vaya noticia,como si hicieran falta màs invitados.

Y me narraban esos misterios cuando llegò el momento de apagar la luz como solidaridad con los movimientos anticalientamiento del planeta...
Y asì, de pronto, 3 mexicanos de lo màs extravagantes salieron de sùbito de la oscuridad de mi cocina:
Envueltos por completo en sendas sàbanas floreadas,harina sobre los rostros,dientes de ajo clavados en los colmillos,uno con un farol encendido en la mano,otro con un violìn y el ùltimo con una espada de la guerra de las galaxias,intentaron causarme espanto.

Aullaban horrible...

Y luego,el fantasma violinista, sin dejar de aullar como corderillo sin teta-jojojo-,tocò unos acordes macabros de la marcha fùnebre...
Y el aparecido anarquista me puso la luz de su farola en la cara como judicial-jojojo- exigièndome que confesarà no sè que sobre su camiseta (
chingonsìsima) con la imàgen de Tania la del Chè, que se le perdiò justo cuando me la llevè,perdòn,cuando me fuì a Barcelona...

Y el mèdico del màs allà-que era el que estaba màs acà y el màs temible por eso y porque la sàbana le quedaba zancona por su estatura y blandìa su espada de starwar como experto ninja còsmico- me atrapò àgil cuando quise salir huyendo,y me acogotò con su espada fosforecente,untàndome la harina de su barba del otro mundo en mi mejilla,jurando en mi oreja con voz suave y perfumada al dente-jojojo-un secreto como de ultratumba sòlo para mi: que "primero muerto,que volverte a dejar ir viva de Mèxico...",y dicièndo eso, me escupiò uno de sus colmillos-ajo en la oreja el muy sucio-jojojojo-.
Hacìa meses que no me reìa tanto.

Y cuando la luz se encendiò,a los 3 fantasmas se les disipò lo rudos y me sacaron a bailar el Acerejè de las Catsup,en honor a Diego,y algunas otras rumbitas catalanas,que bailamos los 4,algo torpes,pero concentrados en no errar los pasos,imposible tarea pues nos doblabamos de risa...
Tan tontos...
Pero bailando con los 3 fantasmones,haciendo intensional y naturalmente el ridìculo para que todos los otros lo disfrutaran,todo lo duro y agrio de mi vida se me derritiò en no sé qué inocente alegrìa,en esta ternura que es verdadera,porque aunque no se pueda fiar en la palabra,los actos,las risas y la mùsica nos purifican,y al engaño pasado se le puede sonreír, y olvidarlo.

Y despuès de reseñar còmo fuè un sàbado de primavera en este paìs para mi, puedo saber porquè elegì,entre las nacionalidades de mis padres y el lugar dònde nacì,ser mexicana:

Mèxico es esa sencilla alegrìa,esa sola ternura,esa sola luz,ese tierno desamparo y esa inmensa dignidad,y a pesar de la desolaciòn y las injusticias que sufre este paìs,y quizà sobre todo por eso,mi vida y mi juventud aquì se quedan.

Aquì mi casa es de verdad mi casa, y mi corazòn està en mi cuerpo.
La suerte me ha sido amiga,y aùn si en Mèxico muriera hoy mismo,serìa buena tierra esta para dejar disolver mi alma en la bondad de su luz y su frescura,y en el amor de mi gente mexicana,asì que mis dudas se disipan,y quiero echar raìces aqui,gracias a este sàbado luminoso y puro de mis fantasmones mexicanos...


Y hoy tengo,como el sàbado la panza,mi corazòn llenito y satisfecho...

.

No hay comentarios: