3/20/2009

El asalto de Sabugal



PenaLobo està en el corazòn de Sabugal. Pero està tan oculto en la escarpada serrana que pocos saben llegar.

El Valle de Sabugal,hùmedecido por el paso del río Côa està cercado por sierras de granito y pizarra,y poblado de sobrios bosques de sabucos-sauces-de un verde azuloso que de tan antiguos le dan el nombre de Sabugal a estas tierras recias,cubiertas sus peñas de pastos de montaña, breñales, brezos, retamas y amapolas,y màs hacìa el rìo,se ven los robles adustos y los bondadosos alcornoques,donde se refugian jabalies, lobos y linces.

Las peñas son refugio de àguilas y de buitres leonados, (hoy extintos),Y esas tierras rojizas y duras,con valles profundos que drenan sus rios hacia el Douro o el Tejo tienen primaveras verdes de renuevos y rojas de amapolas como la bandera portuguesa... estìos de mieses de trigo y centeno dorandose en los campos durante las calurosas siestas bajo las frondas... otoños tan secos en sus cobres que cualquier chispa se vuelve incendio de leguas,e inviernos de furiosas nevadas y frìos de muerte...

Por eso a Sabugal se le llama la "Tierra Fria" portuguesa.

La comarca de Sabugal tiene unos 40 pueblos de pocos habitantes diseminados por el valle ondulado y feraz que cruzan ríos y arroyos caudalosos. Los pueblos lusos de esa zona son silenciosos y austeros,imagen certera del Portugal profundo y miesterioso.

Uno de esos pueblos,el màs frìo de la tierra frìa,es Penalobo,colgado de las laderas de las Serra da Estrela,albarizo y pedregoso, deslumbrante al sol,el caserìo baja encajonado en pronunciada pendiente entre las altas peñas,y marga azulosa, corriendo a su lado un riachuelo de aguas lìmpidas.

Los menos de 40 moradores de Penalobo,podìan ver desde las escarpadas rocas todos los horizontes a sus pies,desde la cadena de montañas coronadas de nieve,y del otro lado,la ciudad de Guarda,vigilando la frontera con España,y 13 kilòmetros al sur,en la raia,podìan mirar el impresionante castelo do Sabugal rodeado por colinas verdes,apoyado en el foso profundo del rio Zezere.


En èpocas antiguas,el señor de ese castillo y de esas tierras,el Barâo do Sabugal,mandò alzar una iglesia a San Nicolau,para que protegiera a sus soldados del frìo y de los españoles que atacaban por la frontera desde Ciudad Rodrigo queriendo invadir la Beira Baixa.

Y esa parroquia de piedra encalada está situada al fondo de la aldea y al lado del cementerio que tiene una imagen de piedra de Nuestra Señora de la Buena Muerte casi cubierta de erva de São João y malvas,trèboles y lirios del campo que crecen libres entre las pocas tumbas.

Y fuè en ese cementerio de Penalobo donde Jôao El Fuxido y sus 7 bandoleros se ocultaron para realizar su ùltimo asalto.


El abuelo de Jôao,propietario de esas tierras por herencia,y con sus 65 inviernos mal llevados encima,se casaba ese domingo con la sobrina del obispo Tourem,Inès,de 17 años.

El abuelo era rico,tanto que ademàs de comprarse una novia,mandò engalanar la capilla de San Nicolau a todo lujo,invitando a los burgueses de Guarda,Coimbra y Lisboa a su boda campestre,y como ese magnìfico miradouro de Penalobo era bellìsimo,èl querìa presumir su propiedad,justificando que era porque Penalobo estaba en cercanìa con Covilhas,en la Serra da Estrela,a donde iba a llevar a la novia a esquiar en su luna de miel,cosa que no llegò a hacer,para su mala fortuna.

Y como justicia poètica,al ir a Penalobo para ostentar que era el màs adinerado de las Baixas y el Alentejo,y hasta mandando decorar el altar con polvo de oro para la ocasiòn, actuò torpemente y sin pensar que tanto pavorrealaje llamarìa la atenciòn de los amigos de lo ajeno,en este caso lectores de Marx.



Era temprano,y en el instante en el que las campanas de la iglesia tocaron a misa, la gente pobre del pueblo, todos,se encerraron a piedra y lodo en sus casas,mientras unos 60 burgueses invitados a la boda estaban en la iglesia con sus mejores galas, festivos por la uniòn entre el anciano y la moza.

El obispo iniciò el rezo del evangelio: “In diebus illis, Jesús dixit…”.
Y fuè justo en ese momento que irrumpiò la banda de Os Lobos,y su comandante el Fuxido,
cubriendo, unos, sus caras con pañuelos y, los otros, pintarrajeados con tizne.
Estaban armados con maussers,escuadras y dinamita.

En ese momento el Fuxido gritò:
-Que nadie se mueva!

Mientras los asaltados apenas caian en cuenta de lo que pasaba,los bandoleiros sujetaron las puertas del templo con cadenas, amarrándolas a unos ganchos con dinamita, atando incluso las campanas de la torre, por si a algun tonto se le ocurrìa tocar a rebato.

Jôao habìa planeado el robo con todo detalle,vigilando las entradas y salidas del pueblo, así como el cementerio y la plaza,cerrando el camino con pedruzcos y troncos.Por eso se lo tomò con calma,no tenìa prisa,habìa esperado este momento desde niño,desde que sus padres fueron detenidos por la PIDE.

Al cundir el pánico entre los burgueses, los bandoleros pidieron calma, y procedieron a pasar lista,siguiendo la nota de sociales que habìa salido en el periòdico,sobre los ricachones que asistirìan a la boda.

El abuelo de Jôao,temeroso, se había arrodillado en los primeros bancos,entonces el joven lo señalò con rudeza:
-Vôcè!.
El viejo asustado y sudoroso se puso de pìe.
-Estàs tan nervioso que tu mismo te delatas...Te voy a quitar lo cobarde...
Y el Fuxido puso entonces dos cargas de dinamita en los bolsillos del frack del anciano,y poniendo el cañon de su arma en el pecho de su abuelo,lo mirò con ojos fieros.

El anciano ante eso llorò y se orinò en sus finos pantalones.

Mientras los demàs bandoleiros desvalijaban a los invitados,quitandoles joyas,relojes,dinero,y expropiaban joyas sacras de la iglesia,la novia miraba fascinada al jefe de los guerrilleros.

Cuando terminaron de recaudar bienes para la causa,Jôao se bajò el pañuelo que cubría su rostro, encendiendo un cigarro en una de las velas que alumbraban el Sagrario. Su abuelo fuè el primero que lo reconociò,exclamando en un sollozo:
-Si vôce e meu neto...!

Jôao acercò su cigarrillo a la mecha del explosivo que cargaba su abuelo en el frack.
Y le dijo feroz:
-Quero a minha mãe livre hoje mesmo ou mato-te a ti e a teus amigos...

El anciano lloraba,y por eso el obispo intervino,diciendo que èl intercederìa,que Jôao tendrìa a su madre pero que no encendiera el explosivo.

Dominada la situación, los bandoleros fueron sacando del templo a las mujeres y a los niños a la sacristìa, y a los hombres los ataron a las bancas de la iglesia.
El obsipo y su ayudante,otro cura,fueron llevados hasta un automovil màs abajo del camino,dispuesto para ellos,y partieron a toda velocidad a Lisboa,por Teresinha,la madre de Jôao.

Mientras esperaban,los bandoleros fueron a la casa que el abuelo tenìa en Penalobo,y
lo despojaron de algunos de sus tesoros,que tenìa escondidos en los lugares màs inverosìmiles. AL subir las escaleras, debajo de un ladrillo, en tinajas. Monedas de oro y joyas en un tonel,y demàs escondrijos de su abyecta codicia.

El expolio duró tres horas. Dos bandoleros con cuatro mulos con los serones repletos de expropiaciones emprendieron el camino a la huida.
Todo marchaba bien. Sòlo faltaba que el dictador entregara a la presa polìtica Teresinha a cambio de este buen nùmero de ricachones.

En esas horas,con su novio deshecho de terror,Inès se enamorò de la apostura y el valor del nieto,y se le ofreciò apasionada,asì que Jôao la tomò como un hermoso y virginal botìn de guerra,al cual embarazò de una niña que èl no conocerìa sino hasta 30 años despuès.

A las tres de la mañana vieron las luces de dos autos acercarse por el camino.
Ese no era el trato.

Asì que cuando los 2 autos se detuvieron por la barricada,Jôao les gritò desde la peña màs alta,la del lobo:
-Nada mais sobe teu,cura e minha mãe ou isto explode!

Y para probar eso,encendiò un cartucho y lo lanzò hacia el cementerio que estallò làpidas y piedras con estruendo temible.

Los que iban en el segundo auto echaron reversa y se perdieron raudos en el camino de vuelta.

Entonces el obispo y la fràgil Teresinha subieron la cuesta hasta Penalobo.
El obispo fuè atado con los otros junto al altar.
El portòn de la iglesia fuè incendiado desde fuera,en el atrio.

Y el abuelo del guerrillero,fuè desnudado para su castigo por delatar a su propio hijo y condenarlo al campo da morte lenta por esa traiciòn,y luego fuè atado a la imagen de Nossa Senhora da Bôa Morte,en el cementerio,con un cartel al cuello que decìa algo asì:
"Brigada Roja Os Lobos.Nada quedarà impune para el traidor.Todo el poder al pueblo"

Luego,con el mismo sigilo y rapidèz con que llegaron,los bandoleiros se fueron con Teresinha montada en ancas de la alazana Lua,y abrazando fuertemente a su hijo,perdièndose en la Sierra.

La Guardia Nacional Republicana portuguesa, la Policía Política y la Guardia Fiscal,llegaron 20 minutos despuès de que por fin quitaron la barricada y repararon el camino.

Indagaron, preguntaron, torturaron,recorrieron los caminos… pero de los bandoleiros nada.
El periòdico publicò por òrden del règimen,que no quiso reconocer su fracaso,una nota en pàginas interiores con el caso de un mèdico desconocido,El Fuixido,matado en su huida en la raia de Montalegre,como escarmiento a los delincuentes.

Pero la verdad fuè que los del PC,ayudados por una española apodada la Pasionaria,pudieron conseguir a Jôao y a su madre pasaportes falsos para huir a Inglaterra,y de ahì volar a Moscù.

Y el Kremlin los recibiò imponente,en el amanecer rojizo de un nuevo destino.




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3 comentarios:

En El Palacio De La Risa Y El Dolor dijo...

actuò torpemente y sin pensar que tanto pavorrealaje llamarìa la atenciòn de los amigos de lo ajeno,en este caso lectores de Marx. avisame si es error!

Rox dijo...

ja,si solo amigos de lo ajeno nada màs,porque no eran amantes de las propiedades-mala broma-.
Y pavorrealaje es un neologismo que usè porque no hallaba el modo de decir en una sola palabra que el abuelo estaba inflado de presunciòn como los pavorreales,que loco eso,no?.
Por lo demàs muchas gracias por leerme,pibe.

En El Palacio De La Risa Y El Dolor dijo...

Gracias por responder, y soy piba ;)