2/07/2009

"Un tanto cabroncita"...





Cuando el faro de la motocicleta parte en dos la noche dàndole alas simètricas a lo nocturno,la carretera se extiende por kilòmetros ignotos y por milìmetros pecho adentro del vacìo.
Esa es la libertad.
Luces y deseos dejados atràs,viento helado purificando los dolores del pasado, y la noche de nuevo presagiando estrellas.Y el frìo-navaja en las piernas,las manos,en el cuello,penetrando el cuero de la chamarra para atenazarse como conciencia a mi hombro izquierdo.

Y las luces que son hilos fugaces en el reflejo del visor del casco mientras el cuerpo se abre a los reparos de la màquina cuando pasa rauda por algùn bache.Y el ruido sordo del motor rugiendo al aceleròn y la cadera en vaivèn premonitorio para sortear el fràgil equilibrio ...

Y el pensamiento que paralelo corre con los caballos de fuerza y tambièn ruge en lo nocturno.
El gas se consume a cada aceleròn por eso es mejor mantener los 120 sin pausa...
Veloces van tambièn la adrenalina y el miedo en su carrera por mis venas.

En la curva hay un mazda rojo mal estacionado y fuera del auto tres yupis borrachos que fajan con dos travestis.
Me gritan algo y uno de los pijos me lanza una bolsa de nailòn con algo dentro pero la esquivo àgil y la bolsa sòlo me roza levemente el hombro izquierdo para caer luego en el asfalto de golpe.

Sin perder el equilibrio freno un poco la Suzuky a 100,a 90, cambio la velocidad y para frenar del todo dejo ir la rueda delantera sobre la contenciòn ; por fin la derrapo en cortos intentos por detenerla. Me duele el hombro y los pensamientos.

Cuando el motor para me quito el casco,seco mis ojos,me planto el casco de nuevo y giro de vuelta. Esta vez no me voy a dejar.

Acelero hasta donde quedò la bolsa de nailòn,me detengo y bajo.
La levanto y veo que contiene condones usados,latas de cerveza vacìas, una botella de tequila rota y demàs basura.
Monto de nuevo y acelero a todo con la bolsa de nailòn en mi mano izquierda y cuando paso al lado de los yupis se las lanzo golpeando a uno en los testiculos.Veo por el lateral que se dobla de dolor.
Doy la vuelta y paso junto a ellos de nuevo. Los yupis estàn confusos y demasiado borrachos,pero algo me gritan que no alcanzo a oir y veo que los travestis rìen. Al paso levanto mi mano izquierda y con el dedo medio erecto me despido de ellos y acelero de nuevo a 120.

Al llegar a la cuesta hacia la ciudad veo un grupo de àrboles que recortan su silueta sòrdida sobre el cielo azul marino y una luna que parece ojo de moro bizco y no sirve de nada.
Paro al lado de esos pinos. Duele que algunos dañen a los demàs de manera tan estùpida.
Estoy malhumorada porque detesto esperar y sobre todo detesto sentir miedo y tristeza y làstima de mi misma...

Recuerdo entonces que doña Sonia me guardò un termo con cafè en la mochila.Al tercer trago siento un amor profundo por el cafè,por el cielo nocturno,por la soledad y algo parecido al primer paso dado hacia la dicha:un poco de calor y un poco de amor se agradecen siempre en el doble fondo de la noche.

Me monto de nuevo y sigo...y me dejo ir tambièn al recuerdo mientras voy a 60,despacio,pero con el corazòn a mil...
Fuè el accidente,los sicarios de la camioneta detrozando mi kawasaky nueva,y mi hombro y parte de mi vida....y el dolor màs allà del umbral en mi brazo y en mi corazòn,y la sirena de la ambulancia muy lejos ya de mi pozo negro...

Fueron dìas oscuros,desolados...dìas de no saber cual era la meta ni a donde ir que no fuera un eterno retorno...eran dìas de miedo a la muerte y tambièn a la vida...fuè como conducir una moto sin luz por una engañosa,hiriente,amarga noche llena de trampas...

De sùbito una deslumbrante nebulosa de estrellas urbanas me trae al presente, es una alfombra de cocuyos inmensa: he llegado a la Ciudad de Mèxico.

Ahi me detengo y bajo de la moto. Froto mi hombro para que entre en calor y lo palpo para comprobar que ya està completamente sano y me siento en la cuneta de la acera mientras bebo los ùltimos tragos de cafè,veo las luces en la distancia y escucho a los grillos de la maleza tratando de contener el llanto.

Me seco las làgrimas cuando veo que se acerca rauda la otra Suzuky.
Para al lado de mi màquina y le sonriò ante sus reproches: que dice que acelerè mucho y que me metì en sentido contrario en el embotellamiento a la salida de Cuernavaca y que unos juniors volcaron su mazda rojo por ebrios, y que tuvo que ayudarles porque estaban algo estresaditos y magullados, mientras llegaban patrulla y ambulancia -y los travestis? ...ilesos- y que tal si le hubiera pasado algo y yo ni mis luces -y viceversa-, y que no eran competencias para ver quien llegaba primero,y que soy una valemadres de las preocupaciones ajenas y que...que...que......y por fin sonrìe tambièn cuando me dice que... soy "un tanto cabroncita".


Reimos.
Luego dice quedito que me admira.
Porque lo logrè...vencì el miedo...esta es la primera vez que me subo a una moto desde el accidente y llegamos con bien.

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