2/02/2009

Un delicado regalo de amor



Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo,en los años aquellos en los que los árabes dominaron España,pasó que una princesa del norte de la Península,hermosa como un sol ,de piel blanca como la luz del alba,con cabellos de cobre y ojos de miel, fué cautiva de un guerrero moro que al verla,perdió la cordura y se enamoró perdidamente de ella cuando la vió deshuezando cerezas a la orilla de una fuente asì que no pudo mas el pobre agareno,y la robó...

Pero ella quería ser robada,pues al ver los ojos negros como espadas de azogue del príncipe árabe,se entregó a un sueño de amor que duraría de por vida.
El moro se llevó a la dulce niña a vivir al sur de España,donde el sol revienta las naranjas y los arrozales son una estepa esmeralda...

Pero al tiempo,la niña extrañó algo de su tierra norteña, se enfermó de nostalgias y pasaba los días en el torreón mirando a la distancia...El moro,desesperado de ver languidecer asi a su amada,preguntó a mil alquimistas,pero ninguno supo la causa,hasta que ella,en el lecho de enferma,musitó:
"Quisiera ver la nieve de mis tierras...la blanca nieve que es el manto purísimo del invierno..."

Imposible,en las tierras del Andalucí no nevaba,el sol era un amarillo escudo contra todo frío...
Entonces,el árabe enamorado tuvo una idea,una loca idea para complacer a su amada...Mandó a todos sus súbditos a sembrar almendras por toda la campiña...millones de semillas esparcidas en la tierra cálida...y conjuró a los genios y a las xanas para hacer crecer aquellos brotes en sus campos...
Al tiempo,mientras su amada agonizaba en sus brazos,un vientecillo trajo un aroma extraño por las ojivas de su palacio...Entonces cargó a su amada en brazos y la llevó al torreón a mirar la lejanía...
Los almendros habían florecido...sus blanquísimas flores eran como nieve perfumada que se extendía en una larga y dulce caricia por las campiñas...

Ella abrió los ojos,vió aquello y sonrió...
Era su nieve? No,era algo mucho mejor que eso:
Era la prueba de un amor profundo que la ataba a la vida...Asi,la princesa de este cuento se salvó gracias a la delicada y amante belleza de las flores de los almendros que le diò su moro...

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