2/23/2009

La Mujer Zopilote y los puerquitos.





Cuando mi hermano Alonso tenìa 14 años,decìa que si un dìa bajaba dios y veìa nuestro hogar en la Llera de Canales,al lado del Tamesì,de seguro abandonaba su paraìso,y se quedaba con sus àngeles a vivir con nosotros en la huerta. Luego soltaba la carcajada y aclaraba: siempre que dios no coma,porque apenas y alcanza el puchero para nosotros.

Alo habìa terminado el secundario y como en esos meses no habìa dinero para mandarlo a estudiar a Victoria el bachillerato,por eso ayudaba a papà con los injertos y la poda de los agrios de la huerta,o pescaba en el rìo,o se empleaba para asear la peluquerìa del pueblo,pero lo que màs le gustaba era ayudar a mamà a hacer cochinitos de piloncillo que luego iba a vender en la bicicleta al mercado de Llera.
Yo iba a cumplir 5 años y recuerdo a mi hermano,sus pecas,su cabello claro,sus ojos dulces,su sonrisa fàcil,flaco y alegre,gritando su confuso portuñol en el tianguis de Llera:
-Cerditos,lleve sus porquinhos pra os meninos!
Ande,marchanta,son pao da minha amaçaô na casa por a minha mae! baratos!! gostosos!!!

No era buen vendedor,definitivamente,porque cuando no fiaba,les daba la receta secreta de mamà a las clientes:
-Vôce hierva o piloncillo, a canela y la pele da laranjeira em dos capos de agua hasta facer uma mel. Cierna la Farina con el povo do forno y mezcléla com unto. Amase y añada a mel. En una tabla enfarinada posa la pasta con el rodillo hasta que quede delgada, corte los cerdinhos con moldes,y depois al forno a fogo medio de 20 a 25 minutos.-y remataba con su sonrisa soleada.

No sè si sus clientes le entendieran,pero còmo se divertìan al oirlo,quizà por eso tenìa buenas ventas,les caìa en gracia a los del pueblo aquel huerquillo majo y flacucho que se esforzaba tanto por hablar español como dios manda, como por ayudar a sus padres.
Cuando me pedìa que lo acompañara,montada en la parte trasera de la bicicleta,yo era feliz.
Sus novias del pueblo me regalaban dulces y adornitos del pelo,pulceritas,y demàs sobornos para quedar bien con la cuñadita.

Alonso terminaba temprano de vender los cerditos y entonces me llevaba a la orilla del rìo a ver las luces. Hacìa unos meses que esas luces extrañas y tan pequeñas como un balòn de futbol,sobrevolaban el estero del rìo,y los niños ibamos por las tardes a verlas ocultos entre los juncos.
Esa tarde,de camino al rìo,recuerdo que habìa un impresionante silencio,ni un ave,ni un insecto se oìan.
Los niños ibamos jugando,atrapando ranas,riendo,pero de pronto todos callamos...Todos nos miramos unos a otros,como presintiendo algo.
Alo me tomò la mano con fuerza,como por instinto... Se oyò de sùbito un chasquido intenso.
Entonces una de las niñas màs grandes gritò aterrada y señalò algo sobre la copa baja de un àrbol joven,todos a la vez,volteamos a ver:
Se trataba de una mujer de blanco sentada en la parte superior de un poste de luz.
Enseguida Alonso me levantò en brazos y echò a correr,y tras èl todos los demàs niños para llegar a las primeras calles del pueblo.

Pero nuestra bicicleta con la cesta vacìa de puerquitos pero con el monedero de la venta, habìa quedado ahì,tirada muy cerca del poste.
Se hacìa de noche.
Entonces Alonso,me mirò muy serio y me dijo que no me podìa dejar sola en el pueblo,que debìamos ir por la bicicleta y volver a casa,porque mamà estarìa muy preocupada.
Yo no querìa,me aferrè a su brazo,llorando de miedo.
Entonces èl me sonriò,y tomando unas piedras del camino me diò algunas y me dijo:

-Si esa apariciòn es cosa de dios,pues de una vez nos enteramos que pasa con eso cientìficamente,si?
-Y si es sòlo una mujer zopilote, no nos va a robar nuestra bicicleta,ni el producto de nuestro trabajo...si morimos,moriremos peleando,vale?
No hay poder,terreno o ultraterreno,que una buena pedrada en la testa no derroque...

No entendì en ese momento lo que me decìa.
Pero vì su mirada firme y serena, con ese brillo casi imperceptible y tan suyo de ironìa y reto... Y las piedras,en sus manos fuertes y templadas.

Y fuimos por la bicicleta.
No vimos ya a la mujer zopilote.

Pero habìa un niño de unos 10 años,llorando casi en shock,porque en la huìda habìa caìdo a una zanja y se habìa roto la pierna.
Entonces,Alo,con toda la serenidad ,se quitò su ùnica chamarra a pesar del frìo,y con ella, le aplicò un rudimentario torniquete al niño,luego,tomò el monedero de la bicicleta y me lo diò para que yo lo cuidara, atò mi mano con mi listòn del pelo a su cinturòn,para no soltarme,y por ùltimo,cargò con el niño desmayado en sus espaldas y echamos a caminar en el ocaso,siempre alertas a que no nos siguiera la Mujer Zopilote...
Fuè largo el camino y llegamos por fìn ya en la oscurecida.
Mamà nos estaba esperando en la puerta de la casa muy asustada.
Papà de inmediato atendiò al niño y luego lo llevaron con sus padres y de vuelta pasaron por la bicicleta.
Por fìn,esa noche,antes de dormir,vi que mi hermano revisaba su maltrecha chamarra,con una expresiòn ùnica iluminando su rostro.
Papà y mamà lo miraban con un orgullo inocultable,y entonces Alo le dijo a mi mamà quedamente:
-Voy a vender màs porquinhos mañana,madre,porque ya sè lo que quiero estudiar,y se necesita mucho dinero...
Y agregò con una sonrisa:
-Quiero ser mèdico de niños...vale?

Alonso ahora es cirujano pediatra.
Lo logrò a pesar de las precarias ventas de cochinitos de piloncillo,de mil pedradas al poder y de algunas mujeres zopilotes.


Y por todo eso y por màs,admiro y quiero profundamente a mi hermano mayor.

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