2/23/2009

El virus de la tristeza...



Llera de Canales es la puerta de la huasteca y del cielo.

Al oriente està el mar del golfo,la Sierra de Tamaulipas al poniente,al norte Vìctoria,y al sur,el Pànuco.

A Llera la cruza un rìo,que cuando viene manso se le nombra Tamesì,y cuando baja en torrente,algunos le dicen Guayalejo.
Gracias al rìo la Llera tiene azùcar y cìtricos.

En la Sierra de las Cucharas hay un hermoso paraje de àrboles,ojos de agua,de aves y mariposas,es una reserva de la biòsfera mexicana.
Se llama El Cielo.
Pues en El Cielo yo nacì en una casa de suelo apisonado,techo de dos aguas y brasero de piedra roja.

En los campos de la Llera de Canales,antes del narco,antes,llegaba con fuerza la primavera.

Las mañanas luminosas y apacibles cedìan el paso a un sol indolente, que era como barniz en las hojas verdeoscuras de los naranjos.
Humildes, recatadas y efìmeras brotaban las flores de azahar, con su tono blanco inconfundible y con su aroma de frescura y miel.

Mi niñez fuè un sabor del jugo de esas naranjas,tibias de sol, exprimidas en mi boca,mientras veìa al aire suave de levante balancear las hojas de los árboles recién podados,y los tordos negros buscando algo de comer entre el laberinto geomètrico y dorado de los naranjos y los limoneros.
Y la tierra respiraba humedad después de las generosas lluvias del ùltimo norte.
Desde el invierno,mis padres esperaban que la flor de azahar se abriera y de su seno surgiera un pequeño fruto verdoso.

Serìa el inicio de un nuevo milagro de la naturaleza que durarìa hasta bien entrado el otoño y si la cosecha del cìtrico era buena,mis hermanos y yo estrenarìamos zapatos,juguetes,libros y podrìamos ir unos dìas a la playa o tal vez,con suerte, a conocer la capital de Mèxico.

Pero mientras llegaban los dìas de cosecha, las efìmeras flores blancas perfumaban toda la huerta,y toda la casa,desde las primeras luces del alba, en esas tempranas primaveras, cerca del Golfo.

Mamà nos despertaba en las mañanas con los rayos del sol que atravesaban las cortinas blancas y acariciaban su rostro bello y sonriente.
Ella era el amanecer y tambièn era la leche caliente con canela y piloncillo en el estòmago y su voz torcaza cantando quedito alguna canciòn alegre mientras tostaba pan y batìa huevos para el desayuno de todos.
Papà se levantaba de la cama estiràndose como un gato, y luego abrìa las ventanas ...y el olor a naranjos se expandía por toda la casa,mientras el aroma del desayuno caliente salía por la chimenea.
-...Que día tan hermoso!-siempre decìa y bromeaba y jugaba con nosotros y con mamà que reìa con una risa cristalina, hasta que el desayuno estaba listo, el olor a tostada de tomate y café inundaba la estancia llenando todo de una calidez que nos ponìa serios. Todos esperabamos que mamà se sentara y papà la besara en la mejilla y en la mano,para que,hambientos,mis hermanos y yo,empezaramos a comer.
Luego,papà nos apremiaba para que tomaramos el baño mientras èl se encargaba de recoger los trastos y lavarlos,mis hermanos grandes se bañaban solos con la manguera del patio,y mamà me llevaba a mi a la tina de latòn con agua calientita y me decìa a mi el secreto de la familia,porque yo era la ùnica mujer entre sus hijos: deslizaba sobre la espuma flores de limonero,albahaca,romero,y un chorrito de aceite de oliva y con el jabón y el bagazo de una naranja a guisa de estropajo, frotaba bien mi pelo y todo el lodo de los juegos de mi cuerpo. Mientras me contaba con su voz de ternura el secreto de porque las mujeres de la familia tenían la mejor piel de Catalunya y alrededores, secreto pasado por generaciones,transmitido de las madres a sus hijas, de modo que nunca se perdiò, secreto que nadie conocía a no ser por la abuela de Barcelona,por ella y por mi...era todo lo anterior y el ingrediente principal: la alegrìa.
Luego mamà me cepillaba el pelo pacientemente hasta que quedaba liso, seco y brillante. El cabello de mi mamà era negro ébano, con reflejos azulados, debido a la oscuridad que desprendía, incluso bajo la luz del sol en los días mas asoleados de la primavera,quizà por eso le doliò tanto perderlo por la quimioterapia. Le llegaba hasta su fina cintura, y papà se embebìa acariciando su cabello,y le decìa quedito que parecìa una madonna misteriosa, la miraba durante horas, la veía fascinado en el mercado, o pizcando naranjas,o pasaba a su lado y él aspiraba el aroma de su cabello,y cuando sus ojos se encontraban mamà se ruborizaba y papà se quedaba sin respiración,por largos minutos,hasta que por fin soltaba el suspiro.
La ùltima primavera de mi niñez,cuando tenìa 9 años,mi papà puso una tiendita fuera de la huerta,en el camino que iba a Vìctoria.
Mamà y yo vendìamos cajones de naranjas,dulces , y diversos panes y postres de naranja y leche que ella hacìa. Tambièn elaboraba con los cìtricos, jabones de baño,cremas,escencias y bolsitas de algodón rellenas de flores y hierbas perfumadas para aromar la ropa en los armarios.


Así, mediante la venta de naranjas de papà y la tiendita de mamà,fue como la economìa de la casa mejorò.Y papà nos comprò vestidos nuevos a mamà y a mi. Y tambièn comprò codos y sementera de Citrange troyer, Citrange carrizo, Mandarino cleopatra o Poncirus trifoliata,y de Naranjo Amargo...
Y en esos codos venìa la tristeza.
El "Virus de la Tristeza" es la enfermedad más grave de los cítricos provocada por un pulgòn que afecta a naranjos, mandarinos y pomelos injertados sobre Naranjo amargo.

Matò a los àrboles del huerto en poco tiempo,en 3 semanas los àrboles empezaron a florecer exageradamente,pero sus flores carecieron de perfume,y los frutos fueron muchos pero pequeños y secos,y las hojas perdieron su brillo intenso...La defoliación vino luego.
Papà se sentaba largas horas frente a sus àrboles,la vista perdida en la desolaciòn,mientras mamà a su lado,contenìa con dificultad las làgrimas.
Las frondas verdes de la huerta se volvieron en dìas unos palitroques plomizos,secos y el dolor pintó la casa de negro, durante semanas mis padres hablaban poco y en susurros. El puesto de frutas lo cerraron porque no habìa nada que vender.
Sòlo la tierra.
Mis papàs arrancaron y quemaron todos los àrboles para evitar que la plaga se extendiera a otros campos,y al hacerlo se veìan grises de ceniza y desolaciòn.
A ambos les surcaban rios de sal seca en el tizne de sus rostros. Todo olìa a humo,a calor,a dolor.

Al mes de la quemazòn,mamà había perdido el brillo en sus ojos y su rostro,siempre hermoso,ahora era doliente,como el de una pasionaria. Olvidó el secreto familiar y su piel se volviò lìvida,y su pelo perdió la fuerza,su mirada era como un pozo profundo de pena, pero aunque trataba de estar alegre,habia una pincelada continua de dolor pintando todas sus sonrisas.

Fuè por el càncer que perdió el aroma a naranjo.

Pero papà,con el fin de su felicidad que era ella, y el virus de la tristeza desolando su vida,no olìa ya nada.

Entonces se vendiò la huerta,y nos mudamos a la ciudad de Mèxico.


Y allà se quedò mi niñez,en la Llera,Tamaulipas.

Y quizà por todo esto,para mi la felicidad huele y sabe a naranja.

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